Las primeras áreas verdes en la ciudad de Oruro

Recuerdo con cariño y nostalgia al Ing. Miguel Vargas Mújica, catedrático de la Facultad Nacional de Ingeniería y las tantas charlas placenteras con las que acostumbraba amenizar sus clases en las calurosas tardes veraniegas de los viernes. En una de ellas hacía referencia al origen del nombre del Parque de la Unión Nacional en la ciudad de Oruro que según contaba él, era antes uno de tantos pedazos de tierra considerados estériles por muchos orureños que vivieron allí en la primera mitad del siglo 20, algunos de los cuales sin embargo no se resignaron a seguir viéndola de esa forma y tuvieron la interesante iniciativa de invitar a otros orureños residentes en cada uno de los nueve departamentos del país a traerse ejemplares desde aquellas regiones para plantarlos en el lugar en cuestión y formar así un área verde que tiempo después se convertiría en el hermoso parque que vemos hoy el que apropiadamente fue bautizado como el de la “Unión Nacional” pues arbolitos mediante, en este parque está representada toda Bolivia desde Tarija hasta Pando, desde Santa Cruz hasta Potosí que tienen allí en ese parque una especie de “embajada verde” como diría el Ing. Vargas, que Dios lo tenga en su santa gloria.

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La historia de los primeros árboles plantados en Oruro, tiene sin embargo un origen anterior que se remonta a los primeros años de la década de 1900. Como bien sabemos, la minería de la plata y la minería del estaño marcaron una época dorada en la vida de esta ciudad en un período comprendido entre el anochecer del siglo 19 y el amanecer del siglo 20 en el cual la consideraron Capital Industrial de Bolivia pues era Oruro una ciudad pionera que lo estrenaba todo antes que las demás: pavimento, correos, telégrafo, servicio ferroviario, equipo de fútbol, campos de golf, etc. todo menos parques y áreas verdes. (¿?)

Oruro pueblo minero por tradición, está situado en medio del estéril y desértico altiplano de los Andes a poco mas de 3700 metros sobre el nivel del mar, rodeado de cerca por una serie de cerros elevados y sin ninguna vegetación como el San Felipe, el San Pedro, el Santa Bárbara, el Cochiraya y otros cerros pardos, rojizos o grises que después de siglos de explotación, aún contienen entrañas de metal en su interior.

El clima de la región en donde soplan vientos ásperos y helados es rudo, frígido, inclemente, hostil. Es posible que todos estos factores sumados a la aridez del terreno hayan desmoralizado a los orureños de entonces en su ánimo de levantar jardines, parques públicos y áreas verdes que nunca jamás se vieron desde la fundación de la ciudad en 1606 por don Manuel Castro y Padilla. Cuentan que muchos orureños vivieron y murieron en su tierra natal sin haberle dado a sus ojos el maravilloso regalo de ver un parque sembrado de árboles, algunos de ellos simplemente se consolaron con ver al único arbolito que existía en la zona de Chiripujio, cerca al cerro de la Víbora en un lugar al que llamaban Alamasi a donde se trasladaban los orureños a pie o a caballo en los días de fiesta y regocijo.

Aun cuando el ritmo de progreso de la ciudad en muchos campos era notable, algunos ciudadanos sintieron que había un vacío, que faltaba algo y ese algo eran los árboles y las plantitas ornamentales. Fue menester entonces resolver tal privación de la manera más heroica. En los primeros años de la década de 1900, el presidente del Concejo Municipal de Oruro Dr. Manuel Abel Elías, tuvo la iniciativa de enviar una comisión hasta Cochabamba la misma que estaba compuesta por el intendente don Arístides Luján y el administrador de mercados don Zenón Quintanilla quienes hicieron las gestiones en la ciudad del valle para obtener los primeros brotes de arbolitos y trasladarlos en carretas hasta la ciudad en un viaje que fue sacrificado, lleno de penuria y sufrimiento que tuvo sin embargo su feliz recompensa al verlos luego plantados en las jardineras de las plazas 10 de Febrero y Manuel Castro de Padilla, algunos de los cuales podemos verlos hoy convertidos en hermosos árboles de regular estatura. De esta forma se callaron las voces de muchos ciudadanos escépticos, la mayoría no orureños algunos que maliciosamente enunciaban anecdóticos y proféticos comentarios sobre la imposibilidad de crear una eventual población forestal en la ciudad de Oruro.

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Los primeros árboles traídos desde Cochabamba plantados en las jardineras de plaza 10 de Febrero en una fotografía de 1904 y abajo en plaza Manuel Castro de Padilla en una fotografía de 1907 donde se los ve bastante crecidos.

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Al respecto recuerda y reflexiona un notable escritor boliviano de la época en una de sus publicaciones elogiando este acto de nobleza y fuerza de voluntad de los orureños:

“De un gran lujo estaba privado hasta hace poco el orureño, no sabía lo que era un árbol porque esa cosa maravillosa que es el árbol no viene sola en las estepas barridas por vientos de tempestad y ha de merecer cuidados especiales, diligentes y de buena voluntad y tenacidad constantes para alcanzar vivir junto al hielo de las neveras que congelan y del sol meridiano que tuesta porque luce en un cielo de divina transparencia y jamás velado por la tupida cortina de la niebla. Y hoy los orureños lucen árboles en sus calles y plazas y el árbol tiene allí un lenguaje de magnífica elocuencia porque habla de voluntad, energía, valor y decisión y de sentimientos finos y delicados y refinados porque el amor al árbol sólo nace cuando se ama la belleza y la armonía en la naturaleza y se siente el respeto por las cosas que duran más que la pobre vida humana.”

                                                                                                             (Alcides Arguedas, 1909)

Hace 11 años un 1º de Octubre de 2002, tuve la enorme satisfacción junto con algunos camaradas de la carrera de Ingeniería de Sistemas e Informática, de plantar mi primer arbolito: un ejemplar de pino en uno de los espacios destinados a la entonces nueva área forestal de la Facultad Nacional de Ingeniería en el campus de la Ciudadela Universitaria de Oruro. Hoy resultaría imposible reconocer cuál de ellos es mi pino y tampoco recuerdo a quienes estuvieron conmigo aquel día pero vaya un abrazo en este mes del árbol para todos aquellos que plantaron su pino aquel día y para todos vosotros que habéis plantado un árbol alguna vez.

Documentos consultados

- Apuntes de clase, Ing. Miguel Vargas Mújica. Facultad Nacional de Ingeniería (Verano de 2002).
- “Oruro del 900”, Jorge Fajardo. “Oruro” publicación cívica (10/02/1977)
- “Pueblo Enfermo”, Alcides Arguedas. Barcelona, edición 1909.

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Plaza “10 de Febrero”

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Plaza Manuel Castro de Padilla

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Plaza Sebastián Pagador

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Plaza de la Ranchería

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