La entrada del primer ferrocarril en Oruro (Parte II)

La construcción del ferrocarril Antofagasta – Oruro duró casi 20 años, su extensión total era de 924 kilómetros de los cuales 564 Km. correspondían al tramo desde la frontera entre Chile y Bolivia hasta la ciudad de Oruro. Los costos globales en este tramo sumaron alrededor de las 750 mil libras esterlinas que cubrieron el tendido de las vías, mano de obra, equipo, materiales y otros. Antes de proceder a la inauguración, el ministro de gobierno y Obras Públicas general Telmo Ichazo realizó una inspección de avance de obras y decidió el 11 de abril de 1882 en Uyuni que la inauguración del ferrocarril se haría en la ciudad de Oruro. Posterior a esto el gobierno le pidió un informe detallado a la jefatura del Cuerpo Nacional de Ingenieros de la República, oficina que expidió un documento fechado el 1º de mayo de 1892 en el cual se expresaba la solidez con la que la línea había sido construída, siendo el material rodante y el de tracción de buena fábrica, ponderando además el aire de elegancia y sencillez de todas sus estaciones. En resumen el ferrocarril estaba en condiciones de brindar un servicio satisfactorio.

Un día antes de la inauguración, Oruro ya experimentaba un gran movimiento de gente en la ciudad a la que además concurrió gente de los pueblecillos y las villas aledañas, atraídas por la novedad del espectáculo anunciado. Era entonces la Real Villa de San Felipe de Austria un pueblo con todas las apariencias de una aldea grande tanto interior como exteriormente, la ciudad estaba enclavada en medio de la llanura gris, pelada de vegetación y al pie de unos cerros chatos y horadados por los túneles de las minas. Sus calles eran estrechas, la mayoría de ellas carecían de aceras aún en los puntos más céntricos, muchas ni siquiera tenían empedrado y en tiempos de lluvia se convertían en arroyos que se formaban con las aguas fluviales que corrían convirtiendo el piso en lodazales y charcos que se entraban por las puertas al interior de las casas. Tampoco se conocían los servicios de alumbrado eléctrico, alcantarillado ni agua potable, el agua era casi un artículo de lujo pues la traían desde muy lejos y había que comprarla por cántaros. Las más de las casas eran solo de planta baja y pocas habían de dos pisos, los techos eran comúnmente de paja y las paredes de adobe desmesuradamente gruesas, servían para preservar el interior del frío intenso que era permanente en ese desierto de la meseta andina cuya elevación es de 3715 metros sobre el nivel del mar.

Con una población escasa de 12 mil habitantes, la vida era dura por su falta de variedad, emociones y comodidades. La gente solo vivía en la labor jornalera acumulando poco a poco bienes que después gozaban con mesura y parquedad ya que el medio no era propicio para un gran derroche. El vivir del orureño era lento, monótono, regular. De día trabajaban en las oficinas de los ingenios o el interior de la tierra extrayendo metales, en la tarde se reunían en las cantinas o en algún círculo herméticamente cerrado para evitar el polvo que el viento siempre violento y continuo levantaba de la arenosa llanura y lo arrojaba al caserío de la modesta ciudad para hacerla viajar por las calles sin empedrado, cubriendo todo con el color parduzco de las cosas viejas. Ya en la noche eran el andar y los paseos modestos, quizás la charla con amigos íntimos en un salón sin hogar y sin lumbre, pobremente iluminado con bujías o lámparas de petróleo, vagando por los asuntos ordinarios del día, los comentarios sañudos y procaces de las debilidades de cada uno, las discusiones acaloradas e iracundas de los trajines electorales y así día a día. Esta rutina diaria cambiaría el 15 de mayo de 1892.

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Aquel día hubo fiesta en Oruro. La ciudad despertó con las dianas militares desde el amanecer, se preparaban los desfiles, los escolares correteaban ansiosamente y se alistaban fiestas pomposas con la asistencia de miles de personas que se reunieron en la plaza principal para recibir el ferrocarril, una moderna tecnología que tenía capacidad para transportar centenares de pasajeros y decenas de toneladas de carga, en un solo viaje. Era el vehículo más moderno de la época, después del barco a vapor.

La ceremonia de inauguración estaba organizada con una solemnidad igual de pomposa, típica de los gobernantes criollos que gustan de mostrar sus obras de esta forma. El palacio de gobierno en la plaza principal de Oruro estaba profusamente adornado y embanderado para la circunstancia, en aquel sitio estuvieron congregados el presidente de la República, doctor Aniceto Arce vestido con un traje ceremonial con su banda tricolor en el pecho y un sombrero de dos picos con enormes plumas de colores de la bandera nacional; los ministros de Estado, los ministros de Francia y el Perú; el prefecto de Oruro, Zenón Dalence; el cónsul de Inglaterra, Juan Barnett; el comandante general del ejército, Ramón González, el ingeniero constructor del ferrocarril, José Heusler; y muchos otros funcionarios públicos y delegados, con un gran concurso del pueblo de Oruro.

Hasta la una de la tarde estaban ya instaladas provisionalmente las rieles desde la estación para permitir la llegada de las máquinas hasta la calle Gobierno (hoy Presidente Montes), los últimos tramos habían sido incluso asegurados con clavos de oro. Una hora después, a las 2 de la tarde del 15 de mayo de 1892, entraron bajo la portada triunfal en puertas de palacio las locomotoras bautizadas con los nombres de “Arce”, “Oruro” y “Cochabamba” cargando tras de sí diversos carros y bodegas lujosamente adornadas de banderas y flores. Antes de martillar simbólicamente el último clavo de oro sobre el último riel, el presidente Arce profundamente emocionado y casi al borde de las lágrimas pronunció este significativo discurso a su auditorio:

ArceTren06“Esta es señores, la primera fruición que halaga mi espíritu, durante el largo período que llevo consagrado a las penosas labores administrativas. Está realizada mi más grande aspiración desde que aprendí a servir y amar a la Patria buscando para ella los medios efectivos de su engrandecimiento. Veo aquí, en el centro de Bolivia, el primer ferrocarril que viene a anunciarnos una gran transformación, vigorizando nuestras fuerzas sociales.

Sabéis, señores, que mi intervención en la política ha obedecido únicamente al deseo de procurar la prosperidad del país por medio de una línea férrea que facilite sus relaciones con los mercados extranjeros. Sabéis, si he buscado el poder, ha sido con ese propósito, para cuya ejecución he omitido esfuerzos y sacrificios.

Me siento satisfecho al contemplar mi obra terminada y estoy ampliamente indemnizado de las contradicciones con que la pasión, unas veces y otras la ignorancia, se propusieron sentarme el camino hacia este grandioso fin.

He luchado no solamente con la naturaleza que se opuso tenazmente a mi proyecto, sino también con vosotros que pensabais que abría un camino para nuestros pasados enemigos, los chilenos. Pero mis esfuerzos no eran para eso, eran para que el progreso llame a nuestras puertas y conduzca a nuestra Patria a un futuro de eterna grandeza.

El pueblo de Oruro que por su ventajosa topografía ha de alcanzar en remoto tiempo un gran desarrollo, ha sido el primero en recibir los beneficios del ferrocarril. Empero, este clavo que tengo la honra de fijar al término de la nueva línea, no será el último, porque ella se ha de prolongar a los demás departamentos, llevando la fuerza y la vida hasta los confines del territorio en el departamento del Beni.

¡Señores: que el día de hoy sea el principio de nuestra regeneración!. Dejemos que Bolivia se levante por la industria que se vigoriza por el trabajo que ennoblece y por el orden y la paz que hacen grande y fuerte a los pueblos. Y ahora si quieren… pueden matarme”.

Dicho esto y entre algunas risas, aplausos, silbidos, vivas y gritos eufóricos, el presidente Arce se arrodilló y golpeó remachando el último clavo de oro al mismo tiempo que sonaba el choque de percusión seguido de la diana de la banda junto con las cual resonaron como un sollozo estas palabras suyas: “Si hice bien, fue solamente por cumplir con mi deber, y si hice mal aquí me tenéis… mátenme pero llenada está mi tarea”

Así de esta forma se inauguró en Oruro el servicio ferroviario en la república, así de esta forma Aniceto Arce Ruíz pasó a la página más gloriosa y verdaderamente revolucionaria de la historia boliviana efectuando el proceso de cambio más importante para el país en uno de los peores momentos por los que atravesaba Bolivia en los cuales imperaba una mayúscula crisis económica y política a pocos años de librada la Guerra del Pacífico en 1879. Desde entonces Arce y tren son prácticamente un sinónimo.

Después de aquel 15 de mayo de 1892, el ferrocarril cumplió un rol importante en la creación de actividades de apoyo y asistencia en las comunidades por donde pasaban las rieles donde en algunos casos el tren hacía paradas obligadas, permitiendo de a poco el crecimiento de las poblaciones en la ruta y vinculando al país y a sus productos con el mundo.

Sin duda fue la mayor contribución de la minería de la plata al desarrollo de Bolivia, la construcción del ferrocarril Antofagasta – Oruro que abarató los costos de transporte al Pacífico contribuyendo de esta forma al desarrollo de la minería boliviana, promoviendo la industrialización de las minas, haciendo posible la explotación de nuevos yacimientos de plata y de nuevas riquezas minerales como el estaño de Oruro y Potosí que sostuvieron la economía del país y le dieron de comer a los bolivianos por más de 80 años.

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Notas curiosas.

–          El presidente Arce está inmortalizado en un monumento en la plaza principal 10 de Febrero de Oruro.

–          Uno de los colegios más prestigiosos en Oruro y Bolivia lleva el nombre del presidente Arce.

–          El puente colgante sobre el Río Pilcomayo entre Potosí y Chuquisaca lleva el nombre del presidente Arce.

–          El Barón del Estaño, el minero Simón I. Patiño fue uno de los beneficiados con el ferrocarril de Arce.

–          La oposición impidió la ampliación del ferrocarril de Arce a La Paz que no avanzó un metro hasta 1900.

–          El ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada vendió el ferrocarril a la chilena “Cruz Blanca” en 2003.

–          El escudo del departamento de Oruro luce una locomotora de finales del siglo XIX.

–          Antofagasta & Bolivian Railway Co. suspendió el servicio ferroviario desde Antofagasta el 1º. de Febrero de 1959, tras la nacionalización del ferrocarril a raíz de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952.

–        El ferrocarril está tan arraigado en Oruro y en sus habitantes que existe en la ciudad un Barrio Ferroviario, una Escuela Ferroviaria, un club de fútbol muy tradicional llamado Ferroviario e incluso una Diablada Ferroviaria, prestigiosa institución que participa en el famoso Carnaval de Oruro y que pasea por el mundo la riqueza cultural de Bolivia.

 

Documentos consultados

“La entrada del primer ferrocarril a Oruro” Alcides Arguedas“La Patria” Oruro (10/02/1982)

“El Ferrocarril de Antofagasta a Oruro” de Luis S. Crespo, “El Diario” La Paz (18/06/2012)

“Historia de los ferrocarriles bolivianos” de Rómulo Elío Calvo Orozco

La entrada del primer ferrocaril en Oruro (Parte I)

2 Responses to La entrada del primer ferrocarril en Oruro (Parte II)

  1. Daniel Sanchez dice:

    Gracias a quien escribio estos parrafos… tengo el orgullo de decir que tengo sangre ferroviaria, de abuelos, familiares quienes pasaron desde su nacionalización hasta su privatización. Soy oriundo de Uyuni centro ferroviario mas grande del pais, estudioso y meritorio del colegio Nacional Aniceto Arce de Oruro a quien siempre doy gracias, ahora vuelvo a mi tierra a servirla como profesional… a mi ferrocarril….SALUD HONOR Y GLORIA!!!
    Daniel Sanchez C.

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