De la barrilla al lingote II: Las bases de la fundidora estatal

Posterior al primer y heroico emprendimiento de don Mariano Peró en 1943 poniendo en marcha FUNESTAÑO en Oruro, resalta también el no menos heroico esfuerzo de los ingenieros José Núñez Rosales y Jorge Zalesky, dos profesionales que han desempeñado un papel importante en el tema de fundiciones a quienes sin embargo poco se menciona a pesar de haber sembrado la semilla de lo que sería la futura planta fundidora estatal de estaño. Su sacrificado trabajo encontró dura oposición no solo en aquellos que el común popular llamaba «rosca minero feudal» (1) sino también dentro de las mismas empresas estatales cuyos funcionarios de alto rango especialmente,  servían a intereses privados aún después de nacionalizadas las minas.

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Fig.1.  Una de las pocas imágenes que se tienen del Ing. José Núñez Rosales aquí entregando el informe de la Comisión de Nacionalización de Minas al presidente Paz Estenssoro. A la derecha una estampilla conmemorativa.

José Núñez Rosales, ingeniero industrial, destacó como gerente del estatal Banco Minero de Bolivia BAMIN que con preferencia rescataba y compraba la producción de los mineros chicos que muchas veces eran víctimas de los exigentes términos de referencia que ofrecía la minería privada grande. Bajo su mando el BAMIN (2) se convirtió en una seria amenaza para los mineros privados pues estaba en camino de cubrir un 50 % de la producción nacional. En determinado momento llegó incluso a superar a la firma de uno de los barones del estaño: Carlos Víctor Aramayo, tercer productor en el país.

También ayudó a implementar plantas de concentración de minerales otorgando créditos a pequeños productores para mejorar su producción. Sin embargo consideraba él que todo ello era una actividad muy básica así que comenzó seriamente a idear la implementación de una planta para fundir esos minerales en Bolivia a sabiendas que eso le traería problemas con otro de los barones del estaño: Simón I. Patiño dueño de la fundidora británica Williams Harvey que fundía en Liverpool gran parte del estaño boliviano que también se fundía en los Estados Unidos donde el barón era accionista mayoritario de otras fundidoras importantes.

Otro de los barones del estaño, Mauricio Hochschild se vio especialmente afectado pues el creciente incremento de operaciones del BAMIN comenzaba a acaparar gran parte de su terreno de acción que era el rescate de minerales de pequeños productores, emprendimiento con el cual había amasado gran parte de su fortuna. Hochschild empezó entonces una campaña de desprestigio en contra del Banco Minero acusándolo en los medios de ineficacia, burocratismo, despilfarro, etc. deficiencias históricas en las empresas estatales bolivianas. Saboteó todo intento de Núñez Rosales por conseguir proyectos y créditos en el extranjero para la implementación de una eventual planta fundidora. No conforme con ello, movió influencias en medios, instituciones y carteras de gobierno para propiciar después de muchos intentos, su despido como gerente del Banco Minero, hecho ocurrido en enero de 1950. Tales acontecimientos, así como su tenaz lucha por instalar fundiciones en Bolivia son narrados por el Ing. Núñez Rosales en un libro publicado en 1954 que recopila más de 25 artículos suyos escritos para el periódico “Ultima Hora” de La Paz (3) durante su período como gerente del Banco Minero (1948 – 1950).

Dos años después estalló la Revolución Nacional del 9 de Abril de 1952, dirigida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que instaló en el poder al Dr. Víctor Paz Estenssoro cuyo gobierno intentó sin éxito satisfacer el pedido de líderes sindicalistas y nacionalistas que demandaban la instalación de plantas fundidoras en Bolivia para liberar al país de la dependencia económica extranjera. Tal idea era alentada no solo por el exitoso emprendimiento de don Mariano Peró en Oruro, sino también por los esfuerzos del Ing. Núñez Rosales por instalar otra fundidora. Ambos estaban conscientes de que Bolivia debía contar con una fundición en territorio propio desde el inicio mismo del auge del estaño por la importancia de sus yacimientos (Llallagua, Huanuni, Colquiri).

El MNR comenzó su política minera creando una empresa estatal que se encargaría de centralizar la administración de todas las minas bolivianas para explorarlas, prospectarlas y explotarlas para después  refinar, fundir y comercializar los minerales extraídos de sus yacimientos. Así nació la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) en octubre de 1952, misma que tomaría el control de las minas privadas para el estado boliviano una vez que fueran nacionalizadas con el propósito de monopolizar la exportación de concentrados de los minerales más importantes.

El día 31 de ese mismo mes se firmó el Decreto de Nacionalización de las Minas en la población de Llallagua a donde el presidente Paz Estenssoro voló desde La Paz (4). Fue recibido en Catavi en medio de un clima festivo por eufóricos mineros que celebraron su llegada con disparos de fusil y explosiones de dinamita. El documento se firmó en el campo de María Barzola (5) entre los campamentos mineros de Catavi y Siglo XX en un acto que buscaba desagraviar a los mineros caídos en ese lugar en la última masacre de mineros perpetrada hasta ese momento por el ejército boliviano.

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Fig. 2 y 3. El presidente Paz Estenssoro recibido en Catavi para la firma del Decreto de Nacionalización de Minas, escoltado por una suerte de milicia minera organizada. Abajo el histórico campamento minero de Siglo XX entre Llallagua y Catavi.

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Entre los puntos más importantes del decreto, resaltaba la intervención de las oficinas pertenecientes a las empresas de los barones del estaño: Patiño, Hochschild,  Aramayo así como la reversión de sus minas, plantas y bienes en general a favor del estado con el pago de una fuerte indemnización. Más en un principio, el gobierno no supo qué hacer con todo aquello pues los tres grandes grupos mineros pasarían a ser uno solo bajo el mando de la COMIBOL. Cada firma tenía un complicado sistema de trabajo, contabilidad diferenciada, estructura diversificada en cada subsidiaria, etc. Unificar todo eso era una tarea titánica, se había nacionalizado con el corazón sin planificar seriamente ni el sistema de explotación de minerales ni el tema de las fundiciones. El decreto de nacionalización tenía más bien un carácter sentimental e ideológico: fue un triunfo político pero a la larga fue un fracaso económico (6).

Dada la inexperiencia de la recién nacida COMIBOL, se invitó a los profesionales de las empresas nacionalizadas para quedarse a trabajar en forma conjunta con el personal designado por el gobierno. Aquellos que aceptaron no dejaron del todo sus intereses con los despojados barones de estaño, su lealtad no desaparecería de la noche a la mañana. Serían estos quienes pondrían trabas a la tarea de profesionales comprometidos con los intereses nacionales entre los cuales estaba el ya mencionado Ing. Núñez Rosales que después de su destitución del BAMIN fue invitado por el MNR a presidir la Comisión de Nacionalización de Minas de la COMIBOL para posteriormente ser designado su vicepresidente.

Poco duró en el cargo. Comprendió el gobierno del MNR que no era tan sencilla la tarea de poner una fundición en Bolivia  y acabó cediendo a las presiones del poder extranjero (7) que no dudó en usar su poder político dentro de las empresas estatales para amenazar y chantajear prensa, políticos, líderes obreros y nacionalistas para que abandonasen el ideal de las fundiciones. Esto generó tal molestia de Núñez Rosales hacia Paz Estenssoro que acabó convirtiéndose en su enemigo político, algo que tendría consecuencias fatales para su vida que quedó cegada un 18 de octubre de 1961 en circunstancias en que atormentado y desesperado por ver postergado su anhelo una u otra vez, planificaba  un golpe de estado para derrocar al MNR. No se han aclarado las circunstancias de su asesinato hasta el día de hoy pero se tiene la certeza de que se trató de un crimen político. Se iba de este mundo no sin antes dejar un importante legado creando en marzo de 1955 la carrera de ingeniería metalúrgica al interior de la Facultad de Ingeniería en La Paz de la cual fue su decano entre 1954 y 1956.

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Fig. 4. Uno de los pocos homenajes y reconocimientos a la incansable labor del Ing. Jorge Zalesky en una calle de Oruro.

 Jorge Zalesky, aviador de la 2da. Guerra Mundial ingeniero metalúrgico formado en Alemania, experto en siderurgia y especializado en la metalurgia del estaño, llegó a Bolivia invitado para trabajar por el aún gerente del BAMIN José Núñez Rosales quien lo había contactado en uno de sus tantos viajes a Estados Unidos por conseguir proyectos y financiamiento para la fundición. Zalesky ni bien llegado a Bolivia empezó entusiasta con sus primeros experimentos en fundición construyendo para ello pequeños hornos casi de juguete para procesar los minerales que el Banco Minero le proporcionaba para sus pruebas. Con el tiempo las condiciones de trabajo en cuanto a material y equipo fueron mejorando pero empezaron a complicarse después de la destitución de Núñez Rosales de la gerencia del BAMIN que sin embargo hizo lo que pudo para seguir apoyándolo desde la vicepresidencia de COMIBOL, misma que dejó para ejercer luego como decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Andrés UMSA en La Paz. En tal circunstancia se creó la mencionada carrera de ingeniería metalúrgica donde el Ing. Zalesky se desempeñó como un profesor universitario ejemplar, siendo una de sus primeras tareas la implementación de un laboratorio metalúrgico que también aprovechó para sus pruebas.

Tales pruebas hechas a pequeña escala para obtener estaño metálico a partir de las barrillas, eventualmente tuvieron éxito. El siguiente paso era implementar sus métodos de refinamiento a una escala mayor, para ello se valió del trabajo y experiencia adquiridos en Alemania para contactar a las empresas alemanas Krupp y Lurgi (8) expertas en el tema de fundiciones que entusiastas con la instalación de una planta fundidora en Bolivia probaron antes los métodos de fundición de Zalesky en sus plantas. Numerosas pruebas encontraron dificultades técnicas por las características particulares y la composición de la barrilla boliviana, dificultades que serían subsanadas una por una, no sin antes gastar cientos de miles de dólares y quemar miles de toneladas de mineral en otras tantas pruebas que duraron casi una década. Todo esto fue bien aprovechado por el BAMIN y la COMIBOL que como sabemos tenían funcionarios que habían trabajado en la desmantelada «rosca» que aún ejercía importante influencia desde el extranjero. Ambas estatales cortaron el apoyo logístico y económico al proyecto Krupp & Lurgi al que intentaron destruír con informes pesimistas y difamatorios llenos de excusas incoherentes que el mismo Ing. Zalesky se encargó de refutar una y otra vez poniendo en evidencia la ignorancia de la COMIBOL sobre el tema.

Incapaces de hacerle frente en el plano profesional, intentaron desprestigiarlo acusándolo de comunista y persiguiéndole por ello. Zalesky sin embargo no se dio por vencido pues sentía que estaba cerca de lograr el ideal que perseguía con Núñez Rosales. Decidió entonces pagar con su dinero minerales, material y equipo para continuar con sus pruebas esperanzado en que algún día su pequeña fundidora se convirtiera en una planta de magnitud industrial (9). En determinado momento se quedó sin efectivo en sus bolsillos viéndose obligado a pedirle minerales a crédito al BAMIN y a la COMIBOL, préstamos que en lo posterior utilizaron para extorsionarle a fin de que dejara de trabajar. Como no lo consiguieron, decidieron cortar por lo sano: cegaron su vida un 24 de enero de 1962 con una “bala perdida” que le penetró la cabeza a unos cuantos metros de una manifestación. No había sido la primera vez que intentaron asesinarle: años antes ya había sido alcanzado por otra “bala perdida” en Cochabamba lo que hace suponer que fue víctima de un crimen político tal como había ocurrido con José Núñez Rosales tres meses atrás.

El Ing. Zalesky se iba de este mundo no sin antes dejar un importante legado que empezó en la universidad de La Paz creando junto con Núñez Rosales, conciencia en los jóvenes estudiantes en torno a la fundición brindando conferencias magistrales no solo en La Paz sino también en Oruro (10) de las cuales salía siempre aclamado y triunfante. Terminó por convencer a muchos profesionales jóvenes para especializarse en el tema de las fundiciones (11) dejando documentados procesos metalúrgicos propios como “Hormet”, “Piromet”, “Anaconda” que fueron estudiados y convertidos en base de las operaciones de la futura empresa estatal de fundiciones en Vinto, Oruro.

Dos pérdidas irreparables, otras dos vidas que escribieron con su sangre la ya sangrienta historia minera de Bolivia.

Notas y referencias.

  1. La «rosca minero feudal» o simplemente «la rosca » era el nombre con el cual los sectores populares conocían al grupo formado por los Patiño, Hochschild, Aramayo, barones del estaño cuyo poder económico se presumía era quien verdaderamente gobernaba Bolivia.
  2. El Banco Minero (BAMIN) fue una institución estatal creada en julio de 1936 durante el gobierno del Gral. David Toro con el propósito optimista de monopolizar la comercialización de minerales para hacer frente al monopolio privado de los barones del estaño.
  3. “Última Hora” fue el único medio escrito que accedió a publicar los artículos del Ing. José Núñez Rosales. El resto de la prensa escrita lo vetó pues estaba toda cooptada por “la rosca”.
  4. Antes de abordar el avión del Lloyd Aéreo Boliviano que lo llevaría de La Paz para aterrizar en Catavi, el presidente Paz Estenssoro y sus ministros dejaron firmada una copia del decreto de nacionalización “por si algo pasaba” durante el viaje.
  5. El Campo de María Barzola es una planicie bautizada así en honor a una valiente ancianita que portando la bandera boliviana encabezó una marcha en la que cayó por disparos de metralla del ejército en la masacre de Catavi el 21 de diciembre de 1942 que cobró las vidas de 20 mineros.
  6. Desde su creación, COMIBOL malgastó sus pocos ingresos y recursos asignados por el estado en consultorías caras e inútiles, sueldos, bonos y comisiones que fueron repartidas entre ejecutivos y trabajadores encargados del control obrero cuya excesiva injerencia en la administración bloqueó proyectos importantes o los aprobó a cambio de algún tipo de jugosa dádiva. COMIBOL estuvo al borde de la quiebra en varias oportunidades, hasta el día de hoy siguen primando intereses políticos que derivan en exagerado incremento de personal, ineficiencia, excesiva burocracia e improductividad.
  7. Nikita Kruschev, premier soviético ofreció a Bolivia en 1960 donar maquinaria para instalar plantas concentradoras, fundidoras de estaño y un crédito de 150 millones de dólares. En plena Guerra Fría, el Departamento de Estado de los Estados Unidos presionó al gobierno de Víctor Paz Estenssoro para que rechace la oferta. Los concentrados de estaño bolivianos siguieron fundiéndose en la Williams Harvey de Liverpool.
  8. Fried Krupp de la ciudad de Essen y Lurgi Gesellschaft de la ciudad de Frankfurt eran empresas alemanas con prestigio en el área de fundiciones. Trabajaron para Bolivia y la COMIBOL como una sola firma: “Krupp & Lurgi”. Fracasaron en su afán de instalar una planta en el país tras casi 8 años de trabajo.
  9. El Ing. Zalesky era propietario de una planta pequeña en la zona de Achachicala, La Paz donde fundía estaño en pequeñas cantidades. A su muerte la planta fue intervenida por la COMIBOL que en lugar de aprovecharla o potenciarla, la cerró dejando de operar para siempre.
  10. Durante 1961 en Ing. Zalesky brindó charlas y conferencias sobre el tema de fundiciones en la Universidad Técnica de Oruro UTO por invitación de su entonces rector Dr. Felipe Iñiguez Medrano que como muchos estudiantes, sentía especial simpatía por él. Un año después, el 12 de diciembre de 1962 se creó en Oruro la carrera de Metalurgia en la Facultad Nacional de Ingeniería  de la UTO.
  11. Recogieron las enseñanzas del Ing. Zalesky entre otros los ingenieros Hugo Silva y José Miguel de Velasco que fueron también profesores universitarios de la UMSA. Silva fue uno de los primeros en crear conciencia y pelear por la necesidad de explotar e industrializar los yacimientos de hierro del Mutún en Bolivia. Velasco desempeñó un papel clave en la cristalización de la futura fundición de estaño en Vinto, Oruro.

 Documentos consultados.

  • “El Poder y la Caída”, Sergio Almaráz Paz. «Los Amigos del Libro» 1967
  • “Historia de la Minería Andina Boliviana”. Carlos Serrano Bravo, 2004.
  • “Masacres Mineras del Siglo 20”, Freddy Tarcaya Gallardo.
  • “Operación ENAF, la historia secreta de Vinto”. Bocamina, La Paz (06/01/2012)
  • “Experiencia boliviana sobre industrialización de recursos naturales”, Benjamín Grossman. La Paz 2007.
  • “Historia de las fundiciones de minerales de estaño en Bolivia”. Roberto Arce Álvarez, 2003
  • “La Revolución Boliviana”. Manuel Frontaura Argandoña, 1974

 

En su libro «El Poder y la Caída», Sergio Almaráz Paz usa la expresión “pasar de la barrilla al lingote” para referirse a la transformación de los concentrados de mineral en lingotes metálicos. La minería boliviana se estancó en la fase extractiva limitándose solo a producir concentrados (barrilla) para exportarlos en bruto.

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En uno de nuestros ocasionales paseos románticos por el sur de la ciudad de Oruro, nos encontramos con un interesante mural que resume en algo más de 1 Km. la historia de la minería en Bolivia desde la llegada de los españoles a estas tierras hasta nuestros días. Hace de lienzo el frontis del edificio de FUNESTAÑO, un lugar más que apropiado por tratarse de un monumento histórico nacional pues tenemos en nuestras narices lo que fue la primera planta metalúrgica instalada en el país para fundir metales a nivel industrial (1).

Dada la proximidad de un evento electoral que pudiera poner en peligro este esfuerzo ensuciándolo con afiches y garabatos de mal gusto, nos dimos a la tarea de fotografiar este mural por partes para admirarlo, conservarlo y eventualmente publicarlo en algún lado. Si bien las imágenes hablan por sí solas, consideramos apropiado acompañarlas con algunos pedacitos de historia extraídos de literatura recurrente que a manera de flashback se nos vienen a la memoria.

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La minería tal como se la conoce, empezó a practicarse en territorio de Bolivia desde 1545 con el descubrimiento del más grande yacimiento de PLATA del mundo en el famoso Cerro Rico de Potosí (2). Fue el capitán español Juan de Villarroel el responsable de tal hallazgo aunque la historia le atribuye el logro al indígena Huallpa. A partir de entonces se estableció un sistema de trabajo conocido como la “mita” que consistía en el trabajo obligatorio en las minas del Cerro Rico donde indígenas extraían la plata en faenas de hasta 20 horas diarias a plan de alcohol y coca para combatir el cansancio.

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La “mita” acabó con la vida de decenas de miles de indígenas de modos horriblemente inhumanos. Los cambios repentinos de temperatura al salir de la mina a la superficie los mataba de bronconeumonía, otros morían triturados en los molinos de mineral al caer por el cansancio o engancharse su ropa en los engranajes, muchos más morían envenenados al mezclar con sus pies el mercurio con mineral de plata para separar el metal de impurezas lo que intoxicaba su sangre. Tal era el sufrimiento que muchos preferían incapacitar, lisiar o matar a sus hijos varones para librarlos de la mita que diezmó a los indígenas, mismos que no gozaban de su vida, mujeres e hijos pues obligados a ir a la mina dejaban huérfanos, viudas, ganado perdido, casas desamparadas y pueblos destruidos. En lo posterior se sucedieron levantamientos indígenas y las guerras independentistas en América. Se fundó la República de Bolivia y la minería de la plata siguió marcando su destino hasta finales del Siglo 19. Personajes como Gregorio Pacheco o Aniceto Arce conocidos como los “patriarcas de la plata” financiados por inversionistas chilenos y británicos se harían ricos gracias a los yacimientos de Porco, Pulacayo y Huanchaca cuyos minerales salían en ferrocarril a los puertos chilenos para ser embarcados y llevados hasta Europa.

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Los yacimientos de plata explotados desde tiempos de la colonia y durante el período republicano comenzaron a agotarse, a esto se suma la caída de los precios en el mercado internacional. Entonces apareció el ESTAÑO que sería desde comienzos del Siglo XX el sostén de la economía boliviana merced al trabajo de Simón Iturri Patiño Santibañez más conocido como Simón I. Patiño que en 1899 descubrió en Llallagua el yacimiento estañífero más grande del planeta escondido en las entrañas del cerro Juan del Valle. Comenzaría entonces en Bolivia el período de la minería moderna con la instalación y puesta en marcha de gigantescas plantas concentradoras de mineral en los distritos mineros de Siglo XX, Catavi, Uncía y Llallagua. Si bien desde la mina se seguía extrayendo mineral con métodos primitivos usados en el período colonial y republicano, la mayoría del trabajo se hacía usando tecnología extractiva mucho más eficiente implementándose además prácticas de seguridad industrial. El paso de la plata al estaño provocó cambios en la elite minera y el ascenso de nuevos grupos empresariales que los activistas de izquierda llamaron la rosca minero oligárquica. El control del sector recayó especialmente en manos de Simón I. Patiño Mauricio Hochschild un judío alemán afincado en el país y Carlos Víctor Aramayo proveniente de una familia con tradición minera. La historia ha bautizado a estos tres personajes como Los Barones del Estaño.

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Las ideologías marxistas y socialistas surgidas en Europa se hicieron eco en América poco a poco. Particularmente en Bolivia se hicieron fuertes el sindicalismo y las luchas obreras por mayores salarios, menos horas de trabajo, mejores condiciones de vida, protestas que derivaron en huelgas y marchas que fueron cruelmente reprimidas por los militares provocando masacres de mineros como las de Uncía, Catavi y San Juan. El movimiento sindicalista minero sería la punta de lanza y cabeza de las luchas sociales en contra de las dictaduras militares y gobiernos conservadores hasta su declive en 1986 con la “Marcha por la Vida” rechazando el decreto de relocalización 21060.

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El triunfo de la Revolución Nacional en 1952 dio paso a la Nacionalización de las Minas con lo cual se ponía fin a la llamada rosca minero oligárquica expropiando las minas que eran de propiedad de los Barones del Estaño para ponerlas bajo el control del estado mediante la recién creada Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL). Surgen las primeras ideas nacionalistas para pasar del extractivismo minero a la industrialización para fundir los concentrados de mineral en territorio boliviano en lugar de solo exportarlos. El industrial minero Mariano Peró había tenido éxito instalando la primera planta fundidora de estaño del país en Oruro, no sin antes luchar contra la rosca minero oligárquica la misma que pondría todo tipo de obstáculos para que el mineral boliviano no sea fundido en Bolivia. Tras mucho sufrimiento, finalmente se lograría inaugurar en 1966 la Empresa Nacional de Fundiciones (ENAF) hoy Empresa Metalúrgica Vinto en la ciudad de Oruro.

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Nuevas tecnologías y nuevos métodos de extracción se implementaron en la actividad minera en Bolivia cuyo producto estrella, el estaño comienza a agotarse de a poco dando paso a la producción y exportación de otros productos como el zinc y el plomo aunque solo en bruto y en forma de concentrados por falta de plantas fundidoras apropiadas para procesarlos. Los yacimientos más importantes San Cristóbal y San Vicente están en el sur de Potosí, su explotación está a cargo de grandes empresas multinacionales.

Créditos:

Finelez Llanque, Tito Yugar, Oscar Choque O, Giovani Villan, Raúl Colque, Maritza Córdova y Vanesa Quispe M.

Oruro, Diciembre 2015

Notas.

  1. El edificio de FUNESTAÑO está sobre la Av. España frente al Museo Antropológico “Eduardo López Rivas” y al zoológico en la zona sur de la ciudad de Oruro. Hoy en día sigue funcionando con la razón social Operaciones Metalúrgicas S.A (OMSA) en la zona industrial de Huajara.
  2. Los incas extraían mineral antes de la llegada de los españoles aunque dicho trabajo no correspondía a un trabajo de explotación minera misma.

Documentos consultados:

  • Historia de la Minería Andina boliviana (Carlos Serrano Bravo, Potosí 2004)
  • Las Venas Abiertas de América Latina (Eduardo Galeano, Buenos Aires 2003)
  • Manifiesto de Agravios (Juan Vélez de Córdova, Oruro 1745)
  • Archivos Históricos de COMIBOL

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La minería del estaño marcó en Bolivia un período importante en la historia republicana del siglo pasado, nombres como los de Simón I. Patiño, Mauricio Hochschild y Carlos Víctor Aramayo son símbolos del poder minero que modernizó al país, robusteció su sistema económico y lo integró al circuito financiero del mercado global. La vida y obra de los “Barones del Estaño” está abundantemente documentada y disponible en extensa bibliografía que sin embargo mantiene casi en el anonimato a otros personajes importantes de la época quizás porque en su momento pusieron en peligro enormes intereses políticos y económicos. Tal el caso de Mariano Peró, claro ejemplo de patriotismo real cuya empecinada lucha por instalar la primera fundidora boliviana de estaño convirtió a Oruro en región pionera y capital metalúrgica del país.

Se sabe que en su época, nuestros antepasados incas ya fundían el estaño en hornos nativos de arcilla que alimentaban con paja, yareta, leña, excremento seco de llama y otros combustibles naturales y baratos que abundaban en los lugares próximos a las minas pre-coloniales. Hasta los primeros años del siglo 20, tales conocimientos aún eran utilizados en la región minera de Potosí donde se fundía estaño en hornos de poca capacidad y carentes de tecnología adecuada para producir lingotes de alta pureza que requería el mundo industrializado. El agotamiento de los ricos desmontes y relaves causó el cierre de muchos de ellos a comienzos de 1910 y el ferrocarril Potosí – Antofagasta inaugurado en 1912 les dio el golpe de gracia pues incentivó la exportación de barrillas (concentrados de mineral de estaño).

MarianoPeroAramayoHijo primogénito de una numerosa familia de ascendencia europea y nacido en Sucre el 13 de agosto de 1869, Mariano Peró Aramayo comenzó a trabajar desde los 11 años en una precaria fundición de bismuto en el distrito minero de Tasna, provincia Sud Chichas de Potosí. Su pasión por el trabajo y la acumulación de conocimientos le hicieron merecedor de ascensos que con el paso de los años lo pusieron como jefe de la empresa.

Después de marchar a Buenos Aires para hacer algunos cursos universitarios, regresó a Bolivia para trabajar como jornalero en las minas de Potosí para luego irse a Huanuni en donde hizo sus primeras armas en la química de los minerales. De ahí pasó a Oruro en donde montó un ingenio de concentración de barrillas en el que patentó algunos procesos para obtener un producto limpio de 65% de ley casi libre de impurezas, ganando así su primera fortuna durante la Primera Guerra Mundial gracias a la creciente demanda de la industria militar europea.

Pero no estaba contento con sus logros pues le inquietaba el hecho de que Bolivia producía enormes cantidades de estaño solo para exportarlos en forma de barrillas para ser fundidas en el extranjero. Malasia, primer productor mundial de estaño ya fundía su propio mineral desde principios de siglo, Bolivia en cambio siendo el segundo productor mundial se había quedado estancada en la fase extractiva porque carecía supuestamente de medios y recursos para el salto a la industrialización cuando en realidad poseía una condición excepcional para poder unir la producción con la fundición. Pasar de la minería a la metalurgia, de la barrilla al lingote fue algo que Mariano Peró se tomó como un desafío personal.

Estaba consciente de que instalar una planta fundidora en Bolivia se reflejaría en mayores beneficios e ingresos para la nación pues al fundir su propio estaño y exportar un producto con valor agregado, se disminuirían los costos por fletes de transporte, puertos, penalizaciones por impurezas, compra de sacos metaleros y otros gastos erogados en el extranjero además de salvar la obligación de tranzar y comercializar con los pocos países que tenían fundiciones. Las metas y objetivos de Mariano Peró se orientaron en este sentido y en 1934 empezó los estudios para la construcción de una planta para lo cual invirtió las ganancias de su concesión minera en Chojñacota – La Paz, propiedad que adquirió pagando por ella con parte de las utilidades de su ingenio.

Hizo viajes por toda Europa buscando tecnología para fundir estaño, misma que finalmente encontró en Francia. Pagó 800 mil libras esterlinas por la patente del “Proceso Lamy” que trataba las barrillas utilizando hornos eléctricos de carga continua para luego refinarlos térmicamente hasta sacar lingotes con una pureza del 99.80 %. De vuelta en Bolivia, comenzó la construcción de las instalaciones de la futura planta en la zona de Agua de Castilla en Oruro donde colocó la piedra fundamental el 30 de Mayo de 1937, hecho trascendental que desataría una feroz batalla que lo enfrentó con los poderosos industriales mineros de entonces que utilizaron toda su influencia política y económica para sabotear, conspirar e impedir aquel noble propósito. Solo así se explican todos los obstáculos y dificultades que el proyecto encontró en su camino.

williamsSimón I. Patiño uno de los barones del estaño, era propietario de la fundición Williams Harvey de Liverpool, la más grande de Inglaterra que trabajaba casi exclusivamente con barrilla boliviana extraída de las minas del industrial minero. Es fácil suponer que la puesta en marcha de una planta fundidora en Oruro interrumpiría buena parte del suministro de mineral a la planta de Liverpool que se vería afectada en sus operaciones y finanzas. Para evitarlo, Patiño mandó elaborar un “informe técnico” sobre la factibilidad de fundir estaño en Bolivia el mismo que la condenaba a estancarse en la fase extractiva argumentando “inconveniencia económica” por la escasez de combustible barato, mano de obra calificada, influencia negativa del clima del altiplano, etc. respondiendo así también a la propuesta del presidente Ismael Montes de industrializar nuestro mineral en suelo boliviano.

Otro de los barones del estaño, Mauricio Hochschild tuvo una pelea directa con Mariano Peró cuando intentó sin éxito impedir que éste comprara la patente del “Proceso Lamy” ofreciendo pagar mucho más en una puja que al final terminó perdiendo. Además se había apoderado de la compañía “Soux & Hernández”, la más importante de Potosí a principios de siglo que entonces exportaba más estaño metálico que barrilla, hecho que cambió cuando el judío alemán la compró e hizo que no se volviera a fundir estaño nunca más.

Los industriales mineros también organizaron el robo de los planos de instalación de la planta en Oruro cuando habían llegado a Antofagasta y posiblemente hayan estado involucrados en el hundimiento de un barco en el Atlántico que venía con maquinaria y equipo indispensables. Los gobiernos sometidos a sus intereses también conspiraron cuando la burocracia estatal demoró los trámites de importación de materiales destinados a Oruro y para completar el combo; las empresas transnacionales también se negaron a prestar sus servicios. Bolivian Power impidió el suministro de energía eléctrica a la planta y Antofagasta & Bolivian Railway no quiso extender la red ferroviaria que transportaría barrilla hasta la fundición en Agua de Castilla, ambas compañías eran administradas por intereses británicos.

Mariano Peró salvó todos y cada una de estos obstáculos sistemáticamente puestos. Aunque poco pudo hacer con respecto a la red ferroviaria, respondió magistralmente a la negativa de la Bolivian Power haciendo construir un enorme grupo electrógeno de 750 KW que por desgracia fue embargado y rematado tiempo después porque no pudo pagar las enormes deudas que contrajo para construirla. Curiosamente el comprador fue otro de los barones del estaño, Carlos Víctor Aramayo.

Ante la imposibilidad de arrancar con la planta en estas condiciones, regresó a trabajar en su mina de Chojñacota para conseguir recursos que le permitieron continuar con su proyecto en Argentina donde construyó con éxito sus dos primeros hornos de fundición que ahora funcionaban con petróleo con lo que finalmente desechó el “Proceso Lamy” que necesitaba energía eléctrica.
En ese trance sucedieron los gobiernos autoritarios de militares fracasados, David Toro, Germán Busch y Enrique Peñaranda, perdedores en la Guerra del Chaco. Peñaranda, responsable de grandes desastres sufridos por el ejército boliviano a manos de los paraguayos, había sido puesto en el poder por los industriales mineros que le habían ayudado a ganar las elecciones nacionales en 1940 hasta que fue derrocado en 1943 por el mayor Gualberto Villarroel López, héroe del Chaco que entraba recién en la escena nacional.

GualbertoVillarroelLopezGualberto Villarroel era un militar con visión modernista y progresista que quería un país libre, productivo y equitativo. Promulgó leyes en favor de los indígenas y de la economía del país, eliminó los tipos de servidumbre heredados del período colonial e hizo una asamblea indígena que fue la primera de este tipo en la historia de América Latina. Fue durante su gobierno que los esfuerzos de Mariano Peró empezaron a tener una tibia acogida pues fue el primer presidente en comprender y alentar sus esfuerzos.
Entusiasmado con la idea de la planta fundidora de estaño en Oruro, hizo posible un préstamo de dinero para completar la instalación lo que no detuvo el sabotaje pues los industriales mineros escondieron la barrilla de modo que no había mineral para fundir. De todas formas Mariano Peró se las arregló para fundir estaño en Oruro y los dos primeros lingotes se los llevó al presidente Villarroel como expresión material de su patriotismo y la culminación de sus esfuerzos por lograr el sueño de fundir estaño en Bolivia.
Desgraciadamente los trágicos y desgarradores sucesos acontecidos el 21 de julio de 1946 frustraron el proyecto de país del presidente Villarroel. Aquel día una turba enardecida de gente ingresó a su despacho en Palacio Quemado donde le golpearon salvajemente, le arrojaron vivo desde el segundo piso y luego le arrastraron mientras era apuñalado y golpeado cruelmente para luego ser colgado en un farol de luz en Plaza Murillo de La Paz. El cuerpo del presidente mártir estuvo oscilando allí durante casi 10 horas.

Los móviles de este salvaje asesinato son atribuidos por una parte al gobierno de los Estados Unidos, enfurecido por una supuesta simpatía fascista del presidente Villarroel con el nazismo alemán hitleriano y con sus vínculos con el socialista militar argentino Juan Domingo Perón y por otro lado a los industriales mineros indignados ante la inminente instalación en Oruro de modernos hornos de fundición que impedirían en el futuro seguir exportando en la misma bolsa de estaño otros minerales valiosos como antimonio, cobre, bismuto, etc.

Enterado de los trágicos acontecimientos, Mariano Peró se hizo presente en La Paz un día después. Llegó a Palacio Quemado la mañana del 22 de julio de 1946 y pidió permiso para entrar al despacho del presidente. Un capitán que resultó ser el jefe de la guardia presidencial accedió al pedido y le pidió que lo siguiera. La oficina presidencial estaba todavía con los muebles caídos y los archivos en el suelo por el ataque del día anterior, allí aún estaban los dos lingotes de estaño que había traído. Este el breve diálogo que entablaron ambos:

MARIANO PERÓ: “Me llevo esto capitán porque es mío, son piezas de estaño fundidas en mi hornito de Oruro.”
CAPITÁN: “Si son suyas, lléveselas. Al cabo son de estaño nomás
MARIANO PERÓ: “Ya no tiene sentido que estén aquí, las traje hace un mes para mostrarle al presidente que es posible fundir estaño en Bolivia

Y enseguida se estremeció al ver que uno de los lingotes tenía manchas de sangre.

Traicionado por sus ministros y abandonado por sus escoltas, es probable que el presidente Villarroel haya intentado defenderse con aquellos lingotes antes de ser asesinado. El lingote manchado con sangre es parte de la historia boliviana ligada al estaño, una historia escrita con sangre minera derramada con las masacres de Uncía, Catavi y otras matanzas de mineros que vendrían después por la codicia generada por obtener el metal del diablo.

Un año después y luego de vencer en desigual lucha a industriales mineros, gobiernos títeres, fundidoras inglesas y norteamericanas, Mariano Peró comenzó a vender estaño fundido con una pureza de 99.85 % en Argentina y se esforzó por hacer llegar a los mercados europeos y norteamericanos la marca “ESTAÑO ORURO” que estaba impresa en todos los lingotes que salían de la ya consolidada “Fundición de Estaño Oruro” (FUNESTAÑO). Tal marca es ahora reconocida en el mercado internacional.
Contrario a los ridículos argumentos esgrimidos para no fundir en el país, los hornos de fundición sí funcionaban en la altura, todo el combustible y material fundente de la planta instalada a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar tienen un origen local, no había que importar carbón desde Inglaterra y el frío altiplánico no derivaba en un mayor consumo de combustible y energía, menos había que importar estaño desde Nigeria para mezclarlo con el boliviano y lograr así una supuesta mejor recuperación. Fundentes como piedra caliza, cal apagada, cuarzo, carbonato de sodio también se producían en el país y costaban la mitad de lo que hubiera costado importarlas.

Los hornos rotatorios introducidos por el señor Peró en Oruro, revolucionaron el proceso de fundición de metales pues fueron los primeros en el mundo al tratarse de tecnología nueva para la reducción de estaño con 50 % de pureza. Además la planta de Agua de Castilla tenía una ubicación estratégica al estar ubicada sobre la faja estañífera del país entre los distritos mineros de Huanuni y Colquiri, las zonas productoras más ricas e importantes en Bolivia.

El momento de la verdad para el país llegó el 9 de abril de 1952 cuando estalló la Revolución Nacional que derivó en la toma del poder por el Movimiento Nacionalista Revolucionario que nacionalizó las minas de los Barones del Estaño, hecho que quizás pudo ser evitado con la instalación de fundiciones en Bolivia por parte de Williams Harvey y el señor Patiño. Desde entonces los intereses británicos en el país comenzaron a tambalearse y aunque la planta del señor Peró fundía tan sólo una cuarta parte del estaño que se producía, los intereses extranjeros fueron heridos de muerte y el poder minero estaba casi aniquilado. Se dice que generó un ahorro de hasta 90 millones de dólares al competir con las fundiciones extranjeras, ahorro del que se beneficiaron COMIBOL, el Banco Minero, las cooperativas mineras, los mineros medianos y chicos.

La actividad metalúrgica de la Fundición de Estaño de Oruro S.A. (FUÑESTAÑO) se ha extendido por más de 70 años, hecho que por sí mismo hace que la empresa sea catalogada como pionera en la industria de la fundición en Bolivia. Hasta 1992 permaneció en la zona de Agua de Castilla desde donde se trasladó a la zona industrial de Huajara donde hoy en día sigue funcionando bajo la razón social de Operaciones Metalúrgicas S.A. (OMSA) donde se obtiene un producto del 99.99 % en lingotes de estaño.

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Mariano Peró Aramayo falleció en septiembre de 1964, no sin antes ver cumplido el sueño de contribuir con sus impuestos al desarrollo del país favoreciendo entre otras obras, a la construcción de la Ciudadela Universitaria de Oruro generando además fuentes de trabajo no solo en su empresa. Su experiencia hizo posible años después el desarrollo de otros proyectos de fundición como La Palca y Karachipampa además de la instalación y puesta en marcha de la primera fundidora estatal de estaño de ENAF en Vinto, convirtiendo al departamento de Oruro en distrito pionero en la fundición de minerales y centro metalúrgico de Bolivia.

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Documentos consultados

  • “El Poder y la Caída”, Sergio Almaráz. Editorial Los Amigos del Libro, 1980.
    – “Historia de la minería andina boliviana”, Carlos Serrano Bravo. Potosí, diciembre de 2004.
  • “Oruro Capital Metalúrgica de Bolivia”, Perspectiva Minera. “La Patria”, Oruro (22/01/2010
  • “Sergio Almaráz: El Hombre y su Obra”, Roberto Vila de Pando.
  • “Almaráz y la construcción del Estado Nacional”, Andrés Solíz Rada. “Patria Grande”, revista La Paz.
  • “La terca memoria de esos días”, Coco Manto. “Cambio”, La Paz (22/07/2007)

En su libro «El Poder y la Caída», Sergio Almaráz Paz usa la expresión “pasar de la barrilla al lingote” para referirse a la transformación de los concentrados de mineral en lingotes metálicos. La minería boliviana se estancó en la fase extractiva limitándose solo a producir concentrados (barrilla) para exportarlos en bruto.