De la barrilla al lingote II: Las bases de la fundidora estatal

Posterior al primer y heroico emprendimiento de don Mariano Peró en 1943 poniendo en marcha FUNESTAÑO en Oruro, resalta también el no menos heroico esfuerzo de los ingenieros José Núñez Rosales y Jorge Zalesky, dos profesionales que han desempeñado un papel importante en el tema de fundiciones a quienes sin embargo poco se menciona a pesar de haber sembrado la semilla de lo que sería la futura planta fundidora estatal de estaño. Su sacrificado trabajo encontró dura oposición no solo en aquellos que el común popular llamaba «rosca minero feudal» (1) sino también dentro de las mismas empresas estatales cuyos funcionarios de alto rango especialmente,  servían a intereses privados aún después de nacionalizadas las minas.

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Fig.1.  Una de las pocas imágenes que se tienen del Ing. José Núñez Rosales aquí entregando el informe de la Comisión de Nacionalización de Minas al presidente Paz Estenssoro. A la derecha una estampilla conmemorativa.

José Núñez Rosales, ingeniero industrial, destacó como gerente del estatal Banco Minero de Bolivia BAMIN que con preferencia rescataba y compraba la producción de los mineros chicos que muchas veces eran víctimas de los exigentes términos de referencia que ofrecía la minería privada grande. Bajo su mando el BAMIN (2) se convirtió en una seria amenaza para los mineros privados pues estaba en camino de cubrir un 50 % de la producción nacional. En determinado momento llegó incluso a superar a la firma de uno de los barones del estaño: Carlos Víctor Aramayo, tercer productor en el país.

También ayudó a implementar plantas de concentración de minerales otorgando créditos a pequeños productores para mejorar su producción. Sin embargo consideraba él que todo ello era una actividad muy básica así que comenzó seriamente a idear la implementación de una planta para fundir esos minerales en Bolivia a sabiendas que eso le traería problemas con otro de los barones del estaño: Simón I. Patiño dueño de la fundidora británica Williams Harvey que fundía en Liverpool gran parte del estaño boliviano que también se fundía en los Estados Unidos donde el barón era accionista mayoritario de otras fundidoras importantes.

Otro de los barones del estaño, Mauricio Hochschild se vio especialmente afectado pues el creciente incremento de operaciones del BAMIN comenzaba a acaparar gran parte de su terreno de acción que era el rescate de minerales de pequeños productores, emprendimiento con el cual había amasado gran parte de su fortuna. Hochschild empezó entonces una campaña de desprestigio en contra del Banco Minero acusándolo en los medios de ineficacia, burocratismo, despilfarro, etc. deficiencias históricas en las empresas estatales bolivianas. Saboteó todo intento de Núñez Rosales por conseguir proyectos y créditos en el extranjero para la implementación de una eventual planta fundidora. No conforme con ello, movió influencias en medios, instituciones y carteras de gobierno para propiciar después de muchos intentos, su despido como gerente del Banco Minero, hecho ocurrido en enero de 1950. Tales acontecimientos, así como su tenaz lucha por instalar fundiciones en Bolivia son narrados por el Ing. Núñez Rosales en un libro publicado en 1954 que recopila más de 25 artículos suyos escritos para el periódico “Ultima Hora” de La Paz (3) durante su período como gerente del Banco Minero (1948 – 1950).

Dos años después estalló la Revolución Nacional del 9 de Abril de 1952, dirigida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que instaló en el poder al Dr. Víctor Paz Estenssoro cuyo gobierno intentó sin éxito satisfacer el pedido de líderes sindicalistas y nacionalistas que demandaban la instalación de plantas fundidoras en Bolivia para liberar al país de la dependencia económica extranjera. Tal idea era alentada no solo por el exitoso emprendimiento de don Mariano Peró en Oruro, sino también por los esfuerzos del Ing. Núñez Rosales por instalar otra fundidora. Ambos estaban conscientes de que Bolivia debía contar con una fundición en territorio propio desde el inicio mismo del auge del estaño por la importancia de sus yacimientos (Llallagua, Huanuni, Colquiri).

El MNR comenzó su política minera creando una empresa estatal que se encargaría de centralizar la administración de todas las minas bolivianas para explorarlas, prospectarlas y explotarlas para después  refinar, fundir y comercializar los minerales extraídos de sus yacimientos. Así nació la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) en octubre de 1952, misma que tomaría el control de las minas privadas para el estado boliviano una vez que fueran nacionalizadas con el propósito de monopolizar la exportación de concentrados de los minerales más importantes.

El día 31 de ese mismo mes se firmó el Decreto de Nacionalización de las Minas en la población de Llallagua a donde el presidente Paz Estenssoro voló desde La Paz (4). Fue recibido en Catavi en medio de un clima festivo por eufóricos mineros que celebraron su llegada con disparos de fusil y explosiones de dinamita. El documento se firmó en el campo de María Barzola (5) entre los campamentos mineros de Catavi y Siglo XX en un acto que buscaba desagraviar a los mineros caídos en ese lugar en la última masacre de mineros perpetrada hasta ese momento por el ejército boliviano.

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Fig. 2 y 3. El presidente Paz Estenssoro recibido en Catavi para la firma del Decreto de Nacionalización de Minas, escoltado por una suerte de milicia minera organizada. Abajo el histórico campamento minero de Siglo XX entre Llallagua y Catavi.

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Entre los puntos más importantes del decreto, resaltaba la intervención de las oficinas pertenecientes a las empresas de los barones del estaño: Patiño, Hochschild,  Aramayo así como la reversión de sus minas, plantas y bienes en general a favor del estado con el pago de una fuerte indemnización. Más en un principio, el gobierno no supo qué hacer con todo aquello pues los tres grandes grupos mineros pasarían a ser uno solo bajo el mando de la COMIBOL. Cada firma tenía un complicado sistema de trabajo, contabilidad diferenciada, estructura diversificada en cada subsidiaria, etc. Unificar todo eso era una tarea titánica, se había nacionalizado con el corazón sin planificar seriamente ni el sistema de explotación de minerales ni el tema de las fundiciones. El decreto de nacionalización tenía más bien un carácter sentimental e ideológico: fue un triunfo político pero a la larga fue un fracaso económico (6).

Dada la inexperiencia de la recién nacida COMIBOL, se invitó a los profesionales de las empresas nacionalizadas para quedarse a trabajar en forma conjunta con el personal designado por el gobierno. Aquellos que aceptaron no dejaron del todo sus intereses con los despojados barones de estaño, su lealtad no desaparecería de la noche a la mañana. Serían estos quienes pondrían trabas a la tarea de profesionales comprometidos con los intereses nacionales entre los cuales estaba el ya mencionado Ing. Núñez Rosales que después de su destitución del BAMIN fue invitado por el MNR a presidir la Comisión de Nacionalización de Minas de la COMIBOL para posteriormente ser designado su vicepresidente.

Poco duró en el cargo. Comprendió el gobierno del MNR que no era tan sencilla la tarea de poner una fundición en Bolivia  y acabó cediendo a las presiones del poder extranjero (7) que no dudó en usar su poder político dentro de las empresas estatales para amenazar y chantajear prensa, políticos, líderes obreros y nacionalistas para que abandonasen el ideal de las fundiciones. Esto generó tal molestia de Núñez Rosales hacia Paz Estenssoro que acabó convirtiéndose en su enemigo político, algo que tendría consecuencias fatales para su vida que quedó cegada un 18 de octubre de 1961 en circunstancias en que atormentado y desesperado por ver postergado su anhelo una u otra vez, planificaba  un golpe de estado para derrocar al MNR. No se han aclarado las circunstancias de su asesinato hasta el día de hoy pero se tiene la certeza de que se trató de un crimen político. Se iba de este mundo no sin antes dejar un importante legado creando en marzo de 1955 la carrera de ingeniería metalúrgica al interior de la Facultad de Ingeniería en La Paz de la cual fue su decano entre 1954 y 1956.

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Fig. 4. Uno de los pocos homenajes y reconocimientos a la incansable labor del Ing. Jorge Zalesky en una calle de Oruro.

 Jorge Zalesky, aviador de la 2da. Guerra Mundial ingeniero metalúrgico formado en Alemania, experto en siderurgia y especializado en la metalurgia del estaño, llegó a Bolivia invitado para trabajar por el aún gerente del BAMIN José Núñez Rosales quien lo había contactado en uno de sus tantos viajes a Estados Unidos por conseguir proyectos y financiamiento para la fundición. Zalesky ni bien llegado a Bolivia empezó entusiasta con sus primeros experimentos en fundición construyendo para ello pequeños hornos casi de juguete para procesar los minerales que el Banco Minero le proporcionaba para sus pruebas. Con el tiempo las condiciones de trabajo en cuanto a material y equipo fueron mejorando pero empezaron a complicarse después de la destitución de Núñez Rosales de la gerencia del BAMIN que sin embargo hizo lo que pudo para seguir apoyándolo desde la vicepresidencia de COMIBOL, misma que dejó para ejercer luego como decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Andrés UMSA en La Paz. En tal circunstancia se creó la mencionada carrera de ingeniería metalúrgica donde el Ing. Zalesky se desempeñó como un profesor universitario ejemplar, siendo una de sus primeras tareas la implementación de un laboratorio metalúrgico que también aprovechó para sus pruebas.

Tales pruebas hechas a pequeña escala para obtener estaño metálico a partir de las barrillas, eventualmente tuvieron éxito. El siguiente paso era implementar sus métodos de refinamiento a una escala mayor, para ello se valió del trabajo y experiencia adquiridos en Alemania para contactar a las empresas alemanas Krupp y Lurgi (8) expertas en el tema de fundiciones que entusiastas con la instalación de una planta fundidora en Bolivia probaron antes los métodos de fundición de Zalesky en sus plantas. Numerosas pruebas encontraron dificultades técnicas por las características particulares y la composición de la barrilla boliviana, dificultades que serían subsanadas una por una, no sin antes gastar cientos de miles de dólares y quemar miles de toneladas de mineral en otras tantas pruebas que duraron casi una década. Todo esto fue bien aprovechado por el BAMIN y la COMIBOL que como sabemos tenían funcionarios que habían trabajado en la desmantelada «rosca» que aún ejercía importante influencia desde el extranjero. Ambas estatales cortaron el apoyo logístico y económico al proyecto Krupp & Lurgi al que intentaron destruír con informes pesimistas y difamatorios llenos de excusas incoherentes que el mismo Ing. Zalesky se encargó de refutar una y otra vez poniendo en evidencia la ignorancia de la COMIBOL sobre el tema.

Incapaces de hacerle frente en el plano profesional, intentaron desprestigiarlo acusándolo de comunista y persiguiéndole por ello. Zalesky sin embargo no se dio por vencido pues sentía que estaba cerca de lograr el ideal que perseguía con Núñez Rosales. Decidió entonces pagar con su dinero minerales, material y equipo para continuar con sus pruebas esperanzado en que algún día su pequeña fundidora se convirtiera en una planta de magnitud industrial (9). En determinado momento se quedó sin efectivo en sus bolsillos viéndose obligado a pedirle minerales a crédito al BAMIN y a la COMIBOL, préstamos que en lo posterior utilizaron para extorsionarle a fin de que dejara de trabajar. Como no lo consiguieron, decidieron cortar por lo sano: cegaron su vida un 24 de enero de 1962 con una “bala perdida” que le penetró la cabeza a unos cuantos metros de una manifestación. No había sido la primera vez que intentaron asesinarle: años antes ya había sido alcanzado por otra “bala perdida” en Cochabamba lo que hace suponer que fue víctima de un crimen político tal como había ocurrido con José Núñez Rosales tres meses atrás.

El Ing. Zalesky se iba de este mundo no sin antes dejar un importante legado que empezó en la universidad de La Paz creando junto con Núñez Rosales, conciencia en los jóvenes estudiantes en torno a la fundición brindando conferencias magistrales no solo en La Paz sino también en Oruro (10) de las cuales salía siempre aclamado y triunfante. Terminó por convencer a muchos profesionales jóvenes para especializarse en el tema de las fundiciones (11) dejando documentados procesos metalúrgicos propios como “Hormet”, “Piromet”, “Anaconda” que fueron estudiados y convertidos en base de las operaciones de la futura empresa estatal de fundiciones en Vinto, Oruro.

Dos pérdidas irreparables, otras dos vidas que escribieron con su sangre la ya sangrienta historia minera de Bolivia.

Notas y referencias.

  1. La «rosca minero feudal» o simplemente «la rosca » era el nombre con el cual los sectores populares conocían al grupo formado por los Patiño, Hochschild, Aramayo, barones del estaño cuyo poder económico se presumía era quien verdaderamente gobernaba Bolivia.
  2. El Banco Minero (BAMIN) fue una institución estatal creada en julio de 1936 durante el gobierno del Gral. David Toro con el propósito optimista de monopolizar la comercialización de minerales para hacer frente al monopolio privado de los barones del estaño.
  3. “Última Hora” fue el único medio escrito que accedió a publicar los artículos del Ing. José Núñez Rosales. El resto de la prensa escrita lo vetó pues estaba toda cooptada por “la rosca”.
  4. Antes de abordar el avión del Lloyd Aéreo Boliviano que lo llevaría de La Paz para aterrizar en Catavi, el presidente Paz Estenssoro y sus ministros dejaron firmada una copia del decreto de nacionalización “por si algo pasaba” durante el viaje.
  5. El Campo de María Barzola es una planicie bautizada así en honor a una valiente ancianita que portando la bandera boliviana encabezó una marcha en la que cayó por disparos de metralla del ejército en la masacre de Catavi el 21 de diciembre de 1942 que cobró las vidas de 20 mineros.
  6. Desde su creación, COMIBOL malgastó sus pocos ingresos y recursos asignados por el estado en consultorías caras e inútiles, sueldos, bonos y comisiones que fueron repartidas entre ejecutivos y trabajadores encargados del control obrero cuya excesiva injerencia en la administración bloqueó proyectos importantes o los aprobó a cambio de algún tipo de jugosa dádiva. COMIBOL estuvo al borde de la quiebra en varias oportunidades, hasta el día de hoy siguen primando intereses políticos que derivan en exagerado incremento de personal, ineficiencia, excesiva burocracia e improductividad.
  7. Nikita Kruschev, premier soviético ofreció a Bolivia en 1960 donar maquinaria para instalar plantas concentradoras, fundidoras de estaño y un crédito de 150 millones de dólares. En plena Guerra Fría, el Departamento de Estado de los Estados Unidos presionó al gobierno de Víctor Paz Estenssoro para que rechace la oferta. Los concentrados de estaño bolivianos siguieron fundiéndose en la Williams Harvey de Liverpool.
  8. Fried Krupp de la ciudad de Essen y Lurgi Gesellschaft de la ciudad de Frankfurt eran empresas alemanas con prestigio en el área de fundiciones. Trabajaron para Bolivia y la COMIBOL como una sola firma: “Krupp & Lurgi”. Fracasaron en su afán de instalar una planta en el país tras casi 8 años de trabajo.
  9. El Ing. Zalesky era propietario de una planta pequeña en la zona de Achachicala, La Paz donde fundía estaño en pequeñas cantidades. A su muerte la planta fue intervenida por la COMIBOL que en lugar de aprovecharla o potenciarla, la cerró dejando de operar para siempre.
  10. Durante 1961 en Ing. Zalesky brindó charlas y conferencias sobre el tema de fundiciones en la Universidad Técnica de Oruro UTO por invitación de su entonces rector Dr. Felipe Iñiguez Medrano que como muchos estudiantes, sentía especial simpatía por él. Un año después, el 12 de diciembre de 1962 se creó en Oruro la carrera de Metalurgia en la Facultad Nacional de Ingeniería  de la UTO.
  11. Recogieron las enseñanzas del Ing. Zalesky entre otros los ingenieros Hugo Silva y José Miguel de Velasco que fueron también profesores universitarios de la UMSA. Silva fue uno de los primeros en crear conciencia y pelear por la necesidad de explotar e industrializar los yacimientos de hierro del Mutún en Bolivia. Velasco desempeñó un papel clave en la cristalización de la futura fundición de estaño en Vinto, Oruro.

 Documentos consultados.

  • “El Poder y la Caída”, Sergio Almaráz Paz. «Los Amigos del Libro» 1967
  • “Historia de la Minería Andina Boliviana”. Carlos Serrano Bravo, 2004.
  • “Masacres Mineras del Siglo 20”, Freddy Tarcaya Gallardo.
  • “Operación ENAF, la historia secreta de Vinto”. Bocamina, La Paz (06/01/2012)
  • “Experiencia boliviana sobre industrialización de recursos naturales”, Benjamín Grossman. La Paz 2007.
  • “Historia de las fundiciones de minerales de estaño en Bolivia”. Roberto Arce Álvarez, 2003
  • “La Revolución Boliviana”. Manuel Frontaura Argandoña, 1974

 

En su libro «El Poder y la Caída», Sergio Almaráz Paz usa la expresión “pasar de la barrilla al lingote” para referirse a la transformación de los concentrados de mineral en lingotes metálicos. La minería boliviana se estancó en la fase extractiva limitándose solo a producir concentrados (barrilla) para exportarlos en bruto.

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En uno de nuestros ocasionales paseos románticos por el sur de la ciudad de Oruro, nos encontramos con un interesante mural que resume en algo más de 1 Km. la historia de la minería en Bolivia desde la llegada de los españoles a estas tierras hasta nuestros días. Hace de lienzo el frontis del edificio de FUNESTAÑO, un lugar más que apropiado por tratarse de un monumento histórico nacional pues tenemos en nuestras narices lo que fue la primera planta metalúrgica instalada en el país para fundir metales a nivel industrial (1).

Dada la proximidad de un evento electoral que pudiera poner en peligro este esfuerzo ensuciándolo con afiches y garabatos de mal gusto, nos dimos a la tarea de fotografiar este mural por partes para admirarlo, conservarlo y eventualmente publicarlo en algún lado. Si bien las imágenes hablan por sí solas, consideramos apropiado acompañarlas con algunos pedacitos de historia extraídos de literatura recurrente que a manera de flashback se nos vienen a la memoria.

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La minería tal como se la conoce, empezó a practicarse en territorio de Bolivia desde 1545 con el descubrimiento del más grande yacimiento de PLATA del mundo en el famoso Cerro Rico de Potosí (2). Fue el capitán español Juan de Villarroel el responsable de tal hallazgo aunque la historia le atribuye el logro al indígena Huallpa. A partir de entonces se estableció un sistema de trabajo conocido como la “mita” que consistía en el trabajo obligatorio en las minas del Cerro Rico donde indígenas extraían la plata en faenas de hasta 20 horas diarias a plan de alcohol y coca para combatir el cansancio.

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La “mita” acabó con la vida de decenas de miles de indígenas de modos horriblemente inhumanos. Los cambios repentinos de temperatura al salir de la mina a la superficie los mataba de bronconeumonía, otros morían triturados en los molinos de mineral al caer por el cansancio o engancharse su ropa en los engranajes, muchos más morían envenenados al mezclar con sus pies el mercurio con mineral de plata para separar el metal de impurezas lo que intoxicaba su sangre. Tal era el sufrimiento que muchos preferían incapacitar, lisiar o matar a sus hijos varones para librarlos de la mita que diezmó a los indígenas, mismos que no gozaban de su vida, mujeres e hijos pues obligados a ir a la mina dejaban huérfanos, viudas, ganado perdido, casas desamparadas y pueblos destruidos. En lo posterior se sucedieron levantamientos indígenas y las guerras independentistas en América. Se fundó la República de Bolivia y la minería de la plata siguió marcando su destino hasta finales del Siglo 19. Personajes como Gregorio Pacheco o Aniceto Arce conocidos como los “patriarcas de la plata” financiados por inversionistas chilenos y británicos se harían ricos gracias a los yacimientos de Porco, Pulacayo y Huanchaca cuyos minerales salían en ferrocarril a los puertos chilenos para ser embarcados y llevados hasta Europa.

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Los yacimientos de plata explotados desde tiempos de la colonia y durante el período republicano comenzaron a agotarse, a esto se suma la caída de los precios en el mercado internacional. Entonces apareció el ESTAÑO que sería desde comienzos del Siglo XX el sostén de la economía boliviana merced al trabajo de Simón Iturri Patiño Santibañez más conocido como Simón I. Patiño que en 1899 descubrió en Llallagua el yacimiento estañífero más grande del planeta escondido en las entrañas del cerro Juan del Valle. Comenzaría entonces en Bolivia el período de la minería moderna con la instalación y puesta en marcha de gigantescas plantas concentradoras de mineral en los distritos mineros de Siglo XX, Catavi, Uncía y Llallagua. Si bien desde la mina se seguía extrayendo mineral con métodos primitivos usados en el período colonial y republicano, la mayoría del trabajo se hacía usando tecnología extractiva mucho más eficiente implementándose además prácticas de seguridad industrial. El paso de la plata al estaño provocó cambios en la elite minera y el ascenso de nuevos grupos empresariales que los activistas de izquierda llamaron la rosca minero oligárquica. El control del sector recayó especialmente en manos de Simón I. Patiño Mauricio Hochschild un judío alemán afincado en el país y Carlos Víctor Aramayo proveniente de una familia con tradición minera. La historia ha bautizado a estos tres personajes como Los Barones del Estaño.

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Las ideologías marxistas y socialistas surgidas en Europa se hicieron eco en América poco a poco. Particularmente en Bolivia se hicieron fuertes el sindicalismo y las luchas obreras por mayores salarios, menos horas de trabajo, mejores condiciones de vida, protestas que derivaron en huelgas y marchas que fueron cruelmente reprimidas por los militares provocando masacres de mineros como las de Uncía, Catavi y San Juan. El movimiento sindicalista minero sería la punta de lanza y cabeza de las luchas sociales en contra de las dictaduras militares y gobiernos conservadores hasta su declive en 1986 con la “Marcha por la Vida” rechazando el decreto de relocalización 21060.

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El triunfo de la Revolución Nacional en 1952 dio paso a la Nacionalización de las Minas con lo cual se ponía fin a la llamada rosca minero oligárquica expropiando las minas que eran de propiedad de los Barones del Estaño para ponerlas bajo el control del estado mediante la recién creada Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL). Surgen las primeras ideas nacionalistas para pasar del extractivismo minero a la industrialización para fundir los concentrados de mineral en territorio boliviano en lugar de solo exportarlos. El industrial minero Mariano Peró había tenido éxito instalando la primera planta fundidora de estaño del país en Oruro, no sin antes luchar contra la rosca minero oligárquica la misma que pondría todo tipo de obstáculos para que el mineral boliviano no sea fundido en Bolivia. Tras mucho sufrimiento, finalmente se lograría inaugurar en 1966 la Empresa Nacional de Fundiciones (ENAF) hoy Empresa Metalúrgica Vinto en la ciudad de Oruro.

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Nuevas tecnologías y nuevos métodos de extracción se implementaron en la actividad minera en Bolivia cuyo producto estrella, el estaño comienza a agotarse de a poco dando paso a la producción y exportación de otros productos como el zinc y el plomo aunque solo en bruto y en forma de concentrados por falta de plantas fundidoras apropiadas para procesarlos. Los yacimientos más importantes San Cristóbal y San Vicente están en el sur de Potosí, su explotación está a cargo de grandes empresas multinacionales.

Créditos:

Finelez Llanque, Tito Yugar, Oscar Choque O, Giovani Villan, Raúl Colque, Maritza Córdova y Vanesa Quispe M.

Oruro, Diciembre 2015

Notas.

  1. El edificio de FUNESTAÑO está sobre la Av. España frente al Museo Antropológico “Eduardo López Rivas” y al zoológico en la zona sur de la ciudad de Oruro. Hoy en día sigue funcionando con la razón social Operaciones Metalúrgicas S.A (OMSA) en la zona industrial de Huajara.
  2. Los incas extraían mineral antes de la llegada de los españoles aunque dicho trabajo no correspondía a un trabajo de explotación minera misma.

Documentos consultados:

  • Historia de la Minería Andina boliviana (Carlos Serrano Bravo, Potosí 2004)
  • Las Venas Abiertas de América Latina (Eduardo Galeano, Buenos Aires 2003)
  • Manifiesto de Agravios (Juan Vélez de Córdova, Oruro 1745)
  • Archivos Históricos de COMIBOL

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El “Jueves Negro” en Oruro

La mañana del 24 de octubre de 1929 marcó el sorprendente principio del fin de la bonanza norteamericana que ocurrió poco después del anuncio del presidente Herbert Hoover quien había asegurado que los Estados Unidos habían entrado en una era de prosperidad sin precedentes: “La pobreza será derrotada para siempre y todos seremos ricos” decía. Casi de inmediato, medio centenar de bancos quebraron y una oleada de millonarios e inversionistas se lanzaron desde las ventanas de los edificios más altos, impotentes e incapaces de asumir el crash de Wall Street.

OruroCrash01El equivalente boliviano de Wall Street en Nueva York bien podría haber estado en la calle Bolívar de Oruro, quizás la más importante en Bolivia a principios del siglo 20 debido al intenso flujo comercial originado entonces desde la inauguración del ferrocarril en 1892, un acontecimiento que motivó la creación y asentamiento de importantes empresas comerciales e industriales en la ciudad. Alemanes, ingleses, turcos, italianos, irlandeses, yugoeslavos y otras gentes llegadas de diversas partes del mundo (1) sentaron raíces en Oruro cuyo estatus de capital industrial terminó por consolidarse gracias al descubrimiento en 1900, del yacimiento de estaño más grande del mundo en Potosí (2) que hizo de Bolivia el segundo productor más importante en el planeta.

Durante los últimos años del siglo 19 y los primeros del siglo 20 se vivieron tiempos de enorme tensión, paranoia e incertidumbre tales que potencias del viejo mundo como Alemania, Francia, Inglaterra, Rusia además de los Estados Unidos aprovecharon los avances tecnológicos de la revolución industrial para desarrollar su industria bélica levantando fábricas de armamento para construir aviones de guerra, tanques, submarinos, etc. en una carrera armamentista para protegerse y disuadir a naciones rivales de lanzar eventuales ataques que amenazaban su poder y hegemonía.

El estaño era materia prima indispensable para sostener la producción industrial militar pero los yacimientos europeos comenzaban a agotarse así que durante los primeros años de la Primera Guerra Mundial (1914) el auge de producción y precios del mineral registró cifras históricas que incrementaron la demanda del preciado bien del que entonces habían pocos países productores, entre ellos Bolivia donde el estaño llegó a constituirse en su recurso natural básico y en pilar fundamental de su economía cuyo epicentro se trasladó a Oruro pues era la ciudad más próxima a las minas más importantes situadas especialmente en Llallagua, Huanuni, Catavi, Uncía y Siglo XX.

Oruro era punto estratégico, nudo ferroviario del país que conectaba a La Paz con los valles de Cochabamba y el sur de la república. Desde allí se facilitaban las tareas de logística y abastecimiento para los principales centros mineros lo que motivó a muchas empresas mineras a fijar su residencia en la ciudad al igual que muchos bancos nacionales y extranjeros que también establecieron sedes y agencias en Oruro (3) dándole el segundo lugar en importancia entre las capitales de departamento después de La Paz que perdió de hecho la sede del centralismo pues desde Oruro se manejó el gobierno de La Paz y la justicia de Sucre en beneficio de la “rosca minero feudal” (4) que buscaba proteger sus intereses económicos.

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Así mientras en Bolivia se creía que el mundo giraba alrededor de Oruro, miles de kilómetros al norte ocurría algo parecido en Nueva York en donde la bolsa de valores trepaba impetuosamente convirtiendo a Wall Street en una fábrica de nuevos ricos y magnates como el señor Chrysler que había empezado como obrero de planta para convertirse luego en presidente de la General Motors para la cual levantó un edificio de 62 pisos. El hombre común de la calle aspiraba a disfrutar de parte de las ganancias y utilidades que generaban empresas e industrias que surgían y se expandían día tras día. En este contexto la pobreza social parecía un mito en los Estados Unidos de los años 20 dado que la prosperidad individual y el desarrollo tecnológico funcionaban como un perfecto engranaje incluso empujando a los obreros a perder su conciencia de clase al querer tener un Ford o un Chevrolet estacionado en la puerta de su casa.

Pero toda aquella fantasía se derrumbó súbitamente como castillo de naipes la mañana del jueves 24 de octubre de 1929 cuando se desató el pánico entre los corredores de bolsa producto de una drástica caída en los precios de sus acciones lo que les obligó a venderlas a cualquier precio antes de que bajaran aún más. Una tras otra como un “efecto dominó” empezaron a desplomarse grandes empresas, compañías medianas, pequeños negocios e incontables fábricas de productos con exceso de existencias que tuvieron que cerrar para reducir sus pérdidas. También quebraron estrepitosamente más de un millar de bancos lo que comenzó una gran oleada de suicidios de banqueros, inversionistas y prominentes millonarios. Era común en las recepciones de los hoteles preguntar a sus clientes si querían una habitación para dormir o para lanzarse desde la ventana antes de atender su solicitud de hospedaje.

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Miles de desocupados deambulaban por las calles y plazas de las principales ciudades de los Estados Unidos en busca del pan de cada día. Abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, competían a la par con obreros comunes ofreciendo sus servicios para manejar la pala, vender manzanas o dibujar retratos para recolectar algunos centavos de los transeúntes. Entre 1930 y 1933 un promedio de 64 mil trabajadores por semana pasaron a engrosar la multitud de desempleados que al final del período sumaron unos 13 millones, aquellos afortunados que conservaron sus empleos vieron drásticamente reducidos sus salarios.

Los subsidios del gobierno aliviaron en algo el hambre de familias enteras que formaban inmensas colas para poder servirse un plato en los comedores populares, por otro lado la gente sin hogar comenzó a levantar chozas precarias en los barrios formando villas improvisadas a las que bautizaron como “Hoovervilles” en repudio a la administración del presidente Hoover que poco o nada hizo para enfrentar la crisis desatada. Hasta el día de hoy no hay un consenso general sobre las causas que provocaron el quiebre de aquel día que pasó a la historia como el “Jueves Negro”, “Black Thursday” que fue comienzo de una “Gran Depresión” económica mundial.

En efecto, la crisis desatada en Nueva York traspasó los límites de la geografía estadounidense para extenderse por todo el mundo como una gran mancha de aceite en el mar que también tocó América Latina ocasionando serios daños en las incipientes economías de países en pleno desarrollo que dependían de la venta de sus materias primas en los mercados internacionales. Bolivia no fue la excepción, su economía como sabemos, estaba sostenida por las actividades directas e indirectas generadas por la minería del estaño. Ocurrió la esperada caída general de los precios que colocó a los costos de producción por encima de la cotización del estaño en los mercados de venta y en ese marco se dio un vuelco dramático.

Oruro que era el epicentro de la economía boliviana, se convirtió también en el epicentro de la crisis boliviana. La industria del estaño entró en terapia intensiva con pocas esperanzas de salir con vida pues los precios del mineral sufrieron una bajada dramática. Hasta finales de 1929 cuando la onda expansiva del desastre de Wall Street ya había alcanzado al mundo entero, la tonelada que oscilaba los 920 dólares bajó a 794 llegando hasta los 285 dólares en 1932 para seguir bajando en picada paralelamente con la escasez de compradores. Muchas minas pequeñas que no contaban con capital de reserva cerraron operaciones para no seguir trabajando a pérdida. Para las empresas grandes y medianas el problema era diferente pues pese a que sus balances financieros arrojaron pérdidas, no tuvieron otra alternativa que seguir funcionando echando mano de sus reservas de capital pues un eventual cierre de operaciones habría derivado en consecuencias políticas y sociales desastrosas. Tuvieron que hacer los trabajos de perforación ya no con máquinas sino manualmente para reducir la mano de obra ociosa.

La baja de los precios del estaño que representaba el 70% de las exportaciones bolivianas se reflejó en la disminución de los ingresos estatales lo que provocó la paralización de obras públicas, recorte de gastos públicos, despido de funcionarios públicos, cierre de escuelas rurales, orfanatorios, liceos de señoritas, etc. Las instituciones del Estado trabajaron a media máquina ocupándose solo de las tareas más esenciales pues no tenían dinero siquiera para comprar verduras y frutas en el mercado como llegó a afirmar el presidente de la república en un momento dado (5).

Oruro, paraíso de prosperidad y núcleo de la economía boliviana se convierte entonces en “villa miseria”, “ciudad gueto”, ciudad abierta que recibe no solo a los desocupados de las minas de estaño sino también al éxodo de desocupados de países vecinos como Chile que además de sufrir la crisis económica mundial, sufrió también el cierre de las salitreras producto del descubrimiento del “salitre sintético” en Alemania. En este contexto, la calidad de vida de los orureños sufrió una severa caída en los años 30’s, la moral y las buenas costumbres victorianas (6) traídas a Oruro desde Inglaterra se vinieron abajo, reinaban la desconfianza y el temor de salir a la calles plagadas de delincuentes, hambrientos y pobres que no tardaron en ser rematados con la aparición de enfermedades endémicas como el tifus que el gobierno intentó combatir poniendo en cuarentena a toda la ciudad mediante un cordón sanitario como medida preventiva. Al final terminaron muriendo siete de cada diez personas infectadas.

Prominentes hombres de negocios, comerciantes y ciudadanos migraron a otras ciudades o regresaron a sus países de origen, el hacinamiento de la ciudad se redujo en algo con el dramatismo hiriente que significó el estallido de la Guerra del Chaco cuyo reclutamiento militar movilizó a miles de desocupados en sus primeros seis meses favoreciendo también a las grandes empresas mineras que no sabían cómo despedir a sus empleados y trabajadores.

La elección como presidente de Franklin Delano Roosevelt en los Estados Unidos y el establecimiento de su “New Deal” (7)marcaron el principio de la recuperación de la economía mundial. El auge de los precios del estaño mejoró en tiempos de la Segunda Guerra Mundial pero en Bolivia los niveles de producción jamás volvieron a acercarse a los niveles de 1929 (8), Oruro perdió el estatus de capital industrial y jamás volvió a ser la misma desde aquel “Jueves Negro” sufriendo desde entonces un largo proceso de erosión social que sigue vigente hasta el día de hoy como en el resto del país.

NOTAS

(1) Apellidos de origen extranjero como Petot, Bakovich, Ferrari, Harasich, Fricke eran comunes entre los ciudadanos orureños de los años 30’s. Ahora son raros en el Oruro del siglo 21.

(2) Simón I. Patiño, Barón del Estaño llamado también “Rey del Estaño” descubrió en 1900 el yacimiento de estaño más grande del mundo en el cerro “Juan del Valle” de Llallagua en Potosí.

(3) Existían cinco bancos importantes en Bolivia: Nacional, Industrial, Agrícola, Bolivia – Londres y Francisco Argandoña. Entre todos sumaban 5 millones de bolivianos de capital, apenas la mitad de lo que representaba el millón de libras esterlinas que tenía el Banco Mercantil cuando fue fundado en Oruro por Simón I. Patiño en 1906.

(4) La “rosca minero feudal”, así identificaron los nacionalistas bolivianos de izquierda al grupo conformado por poderosos empresarios mineros como Simón I. Patiño y Mauricio Hochschild que manejaron gobiernos, policía y ejército en Bolivia para proteger sus minas y privilegios.

(5) En plena crisis económica mundial, el presidente Daniel Salamanca en carta dirigida a Simón I. Patiño solicita ayuda económica para financiar la campaña militar en el Chaco y entre otras líneas escribe: “… no hay dinero en el Palacio ni para mandar al mercado…”

(6) Las “buenas costumbres victorianas”, así llamaban algunos intelectuales a los hábitos importados por ciudadanos ingleses de la Gran Bretaña gobernada por la Reina Victoria tales como el saludo, la puntualidad, el té de la tarde, el buen vestir, la higiene personal y el aseo urbano.

(7) “New Deal”, política impuesta en los EE.UU a partir de 1933 por el presidente Franklin Delano Roosevelt inspirada por el economista británico J.M. Keynes que proponía mayor intervención de los gobiernos en las economías nacionales, empresas y obras públicas, algo impensado antes del “Jueves Negro”

(8) La producción minera de estaño en Bolivia desde 1900 hasta finales de 1929 era cercana a las 30 mil toneladas anuales siendo entonces el segundo productor mundial. La producción promedio actual es de 18 mil toneladas año siendo el sexto productor mundial (datos de 2000 a 2011).

Documentos consultados

“Cita en Oruro, la tierra natal”, Néstor Taboada Terán. “Presencia”, La Paz (10/02/1981)

“El Signo Escalonado”, Néstor Taboada Terán. Plural Editores, La Paz 2003.

“Llallagua, Historia de una Montaña”, Roberto Querejazu Calvo. Editorial Los Amigos del Libro 1998

“La Gran Depresión (1929 – 1939) con ojos bolivianos”, Mario Pacheco Torrico. Fundación Milenio, La Paz 2010

“Bolivia: La Maldición del Estaño”, Ted Córdova Claure. Nueva Sociedad Nº 81, Ene – Feb 1986.

“La Revolución Boliviana”, Manuel Frontaura Argandoña. Rolando Diez de Medina, La Paz 2012

“Patiño, Rey del Estaño”, Charles F. Gueddes. Suiza 1981

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