El mejor Carnaval se vive aquí: Oruro 2015

Algunas imágenes del mayor espectáculo conocido en el mundo: el Carnaval de Oruro en Bolivia. Color, magia, encanto, un regalo para la vista de quienes hemos sido testigos privilegiados de esta versión 2015 del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

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Tener el mejor carnaval no hace de Oruro una ciudad mejor, tener una mejor educación, una mejor salud o una mejor infraestructura urbanística sí harían el milagro pero hasta el día en que a los orureños nos interese más educarnos o cuidarnos que bailar, no queda más que disfrutar de este entretenimiento pasajero que mantiene ocupados a los orureños casi el año entero. La mejor prueba de ello es aquella frase que rezan las autoridades encargadas de la organización de tan bello espectáculo: “Ni bien termina este carnaval ya tenemos que pensar en el próximo”. Pero más allá de todo eso, ha sido un privilegio vivir estas dos últimas semanas en Oruro y ser testigos de la más grande fiesta conocida en el planeta que lo tenemos aquí en nuestra ciudad !!! razón por la cual los orureños debemos sentirnos orgullosos sí pero reflexionar que no todo en la vida del orureño es solo carnaval dejando de lado cosas mucho más importantes. Hasta el Carnaval de Oruro 2016…

Mabelaskita

Revive versiones anteriores del Carnaval de Oruro en imágenes:

Carnaval de Oruro 2008

Carnaval de Oruro 2012

Carnaval de Oruro 2011

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La entrada del primer ferrocarril en Oruro (Parte II)

La construcción del ferrocarril Antofagasta – Oruro duró casi 20 años, su extensión total era de 924 kilómetros de los cuales 564 Km. correspondían al tramo desde la frontera entre Chile y Bolivia hasta la ciudad de Oruro. Los costos globales en este tramo sumaron alrededor de las 750 mil libras esterlinas que cubrieron el tendido de las vías, mano de obra, equipo, materiales y otros. Antes de proceder a la inauguración, el ministro de gobierno y Obras Públicas general Telmo Ichazo realizó una inspección de avance de obras y decidió el 11 de abril de 1882 en Uyuni que la inauguración del ferrocarril se haría en la ciudad de Oruro. Posterior a esto el gobierno le pidió un informe detallado a la jefatura del Cuerpo Nacional de Ingenieros de la República, oficina que expidió un documento fechado el 1º de mayo de 1892 en el cual se expresaba la solidez con la que la línea había sido construída, siendo el material rodante y el de tracción de buena fábrica, ponderando además el aire de elegancia y sencillez de todas sus estaciones. En resumen el ferrocarril estaba en condiciones de brindar un servicio satisfactorio.

Un día antes de la inauguración, Oruro ya experimentaba un gran movimiento de gente en la ciudad a la que además concurrió gente de los pueblecillos y las villas aledañas, atraídas por la novedad del espectáculo anunciado. Era entonces la Real Villa de San Felipe de Austria un pueblo con todas las apariencias de una aldea grande tanto interior como exteriormente, la ciudad estaba enclavada en medio de la llanura gris, pelada de vegetación y al pie de unos cerros chatos y horadados por los túneles de las minas. Sus calles eran estrechas, la mayoría de ellas carecían de aceras aún en los puntos más céntricos, muchas ni siquiera tenían empedrado y en tiempos de lluvia se convertían en arroyos que se formaban con las aguas fluviales que corrían convirtiendo el piso en lodazales y charcos que se entraban por las puertas al interior de las casas. Tampoco se conocían los servicios de alumbrado eléctrico, alcantarillado ni agua potable, el agua era casi un artículo de lujo pues la traían desde muy lejos y había que comprarla por cántaros. Las más de las casas eran solo de planta baja y pocas habían de dos pisos, los techos eran comúnmente de paja y las paredes de adobe desmesuradamente gruesas, servían para preservar el interior del frío intenso que era permanente en ese desierto de la meseta andina cuya elevación es de 3715 metros sobre el nivel del mar.

Con una población escasa de 12 mil habitantes, la vida era dura por su falta de variedad, emociones y comodidades. La gente solo vivía en la labor jornalera acumulando poco a poco bienes que después gozaban con mesura y parquedad ya que el medio no era propicio para un gran derroche. El vivir del orureño era lento, monótono, regular. De día trabajaban en las oficinas de los ingenios o el interior de la tierra extrayendo metales, en la tarde se reunían en las cantinas o en algún círculo herméticamente cerrado para evitar el polvo que el viento siempre violento y continuo levantaba de la arenosa llanura y lo arrojaba al caserío de la modesta ciudad para hacerla viajar por las calles sin empedrado, cubriendo todo con el color parduzco de las cosas viejas. Ya en la noche eran el andar y los paseos modestos, quizás la charla con amigos íntimos en un salón sin hogar y sin lumbre, pobremente iluminado con bujías o lámparas de petróleo, vagando por los asuntos ordinarios del día, los comentarios sañudos y procaces de las debilidades de cada uno, las discusiones acaloradas e iracundas de los trajines electorales y así día a día. Esta rutina diaria cambiaría el 15 de mayo de 1892.

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Aquel día hubo fiesta en Oruro. La ciudad despertó con las dianas militares desde el amanecer, se preparaban los desfiles, los escolares correteaban ansiosamente y se alistaban fiestas pomposas con la asistencia de miles de personas que se reunieron en la plaza principal para recibir el ferrocarril, una moderna tecnología que tenía capacidad para transportar centenares de pasajeros y decenas de toneladas de carga, en un solo viaje. Era el vehículo más moderno de la época, después del barco a vapor.

La ceremonia de inauguración estaba organizada con una solemnidad igual de pomposa, típica de los gobernantes criollos que gustan de mostrar sus obras de esta forma. El palacio de gobierno en la plaza principal de Oruro estaba profusamente adornado y embanderado para la circunstancia, en aquel sitio estuvieron congregados el presidente de la República, doctor Aniceto Arce vestido con un traje ceremonial con su banda tricolor en el pecho y un sombrero de dos picos con enormes plumas de colores de la bandera nacional; los ministros de Estado, los ministros de Francia y el Perú; el prefecto de Oruro, Zenón Dalence; el cónsul de Inglaterra, Juan Barnett; el comandante general del ejército, Ramón González, el ingeniero constructor del ferrocarril, José Heusler; y muchos otros funcionarios públicos y delegados, con un gran concurso del pueblo de Oruro.

Hasta la una de la tarde estaban ya instaladas provisionalmente las rieles desde la estación para permitir la llegada de las máquinas hasta la calle Gobierno (hoy Presidente Montes), los últimos tramos habían sido incluso asegurados con clavos de oro. Una hora después, a las 2 de la tarde del 15 de mayo de 1892, entraron bajo la portada triunfal en puertas de palacio las locomotoras bautizadas con los nombres de “Arce”, “Oruro” y “Cochabamba” cargando tras de sí diversos carros y bodegas lujosamente adornadas de banderas y flores. Antes de martillar simbólicamente el último clavo de oro sobre el último riel, el presidente Arce profundamente emocionado y casi al borde de las lágrimas pronunció este significativo discurso a su auditorio:

ArceTren06“Esta es señores, la primera fruición que halaga mi espíritu, durante el largo período que llevo consagrado a las penosas labores administrativas. Está realizada mi más grande aspiración desde que aprendí a servir y amar a la Patria buscando para ella los medios efectivos de su engrandecimiento. Veo aquí, en el centro de Bolivia, el primer ferrocarril que viene a anunciarnos una gran transformación, vigorizando nuestras fuerzas sociales.

Sabéis, señores, que mi intervención en la política ha obedecido únicamente al deseo de procurar la prosperidad del país por medio de una línea férrea que facilite sus relaciones con los mercados extranjeros. Sabéis, si he buscado el poder, ha sido con ese propósito, para cuya ejecución he omitido esfuerzos y sacrificios.

Me siento satisfecho al contemplar mi obra terminada y estoy ampliamente indemnizado de las contradicciones con que la pasión, unas veces y otras la ignorancia, se propusieron sentarme el camino hacia este grandioso fin.

He luchado no solamente con la naturaleza que se opuso tenazmente a mi proyecto, sino también con vosotros que pensabais que abría un camino para nuestros pasados enemigos, los chilenos. Pero mis esfuerzos no eran para eso, eran para que el progreso llame a nuestras puertas y conduzca a nuestra Patria a un futuro de eterna grandeza.

El pueblo de Oruro que por su ventajosa topografía ha de alcanzar en remoto tiempo un gran desarrollo, ha sido el primero en recibir los beneficios del ferrocarril. Empero, este clavo que tengo la honra de fijar al término de la nueva línea, no será el último, porque ella se ha de prolongar a los demás departamentos, llevando la fuerza y la vida hasta los confines del territorio en el departamento del Beni.

¡Señores: que el día de hoy sea el principio de nuestra regeneración!. Dejemos que Bolivia se levante por la industria que se vigoriza por el trabajo que ennoblece y por el orden y la paz que hacen grande y fuerte a los pueblos. Y ahora si quieren… pueden matarme”.

Dicho esto y entre algunas risas, aplausos, silbidos, vivas y gritos eufóricos, el presidente Arce se arrodilló y golpeó remachando el último clavo de oro al mismo tiempo que sonaba el choque de percusión seguido de la diana de la banda junto con las cual resonaron como un sollozo estas palabras suyas: “Si hice bien, fue solamente por cumplir con mi deber, y si hice mal aquí me tenéis… mátenme pero llenada está mi tarea”

Así de esta forma se inauguró en Oruro el servicio ferroviario en la república, así de esta forma Aniceto Arce Ruíz pasó a la página más gloriosa y verdaderamente revolucionaria de la historia boliviana efectuando el proceso de cambio más importante para el país en uno de los peores momentos por los que atravesaba Bolivia en los cuales imperaba una mayúscula crisis económica y política a pocos años de librada la Guerra del Pacífico en 1879. Desde entonces Arce y tren son prácticamente un sinónimo.

Después de aquel 15 de mayo de 1892, el ferrocarril cumplió un rol importante en la creación de actividades de apoyo y asistencia en las comunidades por donde pasaban las rieles donde en algunos casos el tren hacía paradas obligadas, permitiendo de a poco el crecimiento de las poblaciones en la ruta y vinculando al país y a sus productos con el mundo.

Sin duda fue la mayor contribución de la minería de la plata al desarrollo de Bolivia, la construcción del ferrocarril Antofagasta – Oruro que abarató los costos de transporte al Pacífico contribuyendo de esta forma al desarrollo de la minería boliviana, promoviendo la industrialización de las minas, haciendo posible la explotación de nuevos yacimientos de plata y de nuevas riquezas minerales como el estaño de Oruro y Potosí que sostuvieron la economía del país y le dieron de comer a los bolivianos por más de 80 años.

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Notas de interés

  • El presidente Arce está inmortalizado en un monumento en la plaza principal 10 de Febrero de Oruro.
  • Uno de los colegios más prestigiosos en Oruro y Bolivia lleva el nombre del presidente Arce.
  • El puente colgante sobre el Río Pilcomayo entre Potosí y Chuquisaca lleva el nombre del presidente Arce.
  • El Barón del Estaño, el minero Simón I. Patiño fue uno de los beneficiados con el ferrocarril de Arce.
  • La oposición impidió la ampliación del ferrocarril de Arce a La Paz que no avanzó un metro hasta 1900.
  • El ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada vendió el ferrocarril a la chilena “Cruz Blanca” en 2003.
  • El escudo del departamento de Oruro luce una locomotora de finales del siglo XIX.
  • Antofagasta & Bolivian Railway Co. suspendió el servicio ferroviario desde Antofagasta el 1º. de Febrero de 1959, tras la nacionalización del ferrocarril a raíz de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952.
  • El ferrocarril está tan arraigado en Oruro y en sus habitantes que existe en la ciudad un Barrio Ferroviario, una Escuela Ferroviaria, un club de fútbol muy tradicional llamado Ferroviario e incluso una Diablada Ferroviaria, prestigiosa institución que participa en el famoso Carnaval de Oruro y que pasea por el mundo la riqueza cultural de Bolivia.

 

Documentos consultados

«La entrada del primer ferrocarril a Oruro», Alcides Arguedas“La Patria” Oruro (10/02/1982)

«El Ferrocarril de Antofagasta a Oruro», Luis S. Crespo, “El Diario” La Paz (18/06/2012)

«Historia de los ferrocarriles bolivianos», Rómulo Elío Calvo Orozco

La entrada del primer ferrocaril en Oruro (Parte I)

Juan Mendoza: El héroe orureño que la ignorancia desempolvó

La ignorancia de las autoridades orureñas fue la que hizo posible que el nombre del ilustre orureño don Juan Mendoza y Nernuldes saliera del baúl de recuerdos que guarda la rica historia de Oruro para volver a cobrar vigencia en este siglo XXI de una manera tal que quizás no había ocurrido desde el siglo pasado. Hoy el héroe y pionero de la aviación boliviana está más vivo que nunca.

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Debo reconocer que hasta antes del jueves 7 de febrero de 2013, lo único que sabía de Juan Mendoza es que era un aviador orureño y que el aeropuerto de Oruro hasta ese día llevaba su nombre como homenaje a sus acciones heroicas, nada más. Eran datos que sin embargo ya los tenía en mi “disco duro” desde muy pequeño aunque no recordaba con exactitud la fuente de tal información que probablemente fue alguna profesora de la escuela primaria. Todo eso cambió aquel jueves de comadres cuando un puñado de autoridades amparadas en el abuso del poder decidió maliciosamente borrar su nombre de la historia con propósitos mezquinos y en circunstancias nada transparentes, ampliamente documentadas y por demás comprobadas.

Lo que no pensaron estas autoridades es que el nombre de Juan Mendoza estaba tan arraigado en la memoria y el corazón de los orureños, que su reacción ante tal infamia fue algo que no tiene precedentes inmediatos en la historia de Oruro, una ciudad ya acostumbrada sin embargo a las protestas sociales en las que cada grupo por su cuenta luchaba solo por intereses propios y sectoriales. Ahora en esta ocasión el respeto por la memoria y la historia orureñas fue el estandarte para una «guerra» que unió a obreros, universitarios, maestros, comerciantes, mineros y pueblo en general para decirle a sus autoridades que el autoritarismo y el abuso de poder del que hace gala el gobierno en el resto del país no tienen cabida en Oruro.

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En verdad fue una guerra, una guerra declarada por las mismas autoridades locales desde el momento que intentaron borrar parte de la historia orureña con el soporte y complicidad de autoridades nacionales que no escatimaron en gastos y esfuerzos intentando descalificar las protestas legítimas de los ciudadanos orureños acusándolos de ser sus enemigos políticos, montando historias de conspiración, inventando y fraguando pruebas, persiguiendo periodistas, dirigentes, ciudadanos, amenazándolos e intimidándolos con prácticas que no se veían desde las dictaduras de principios de los años 80. A todo eso debe sumarse el miserable intento de manchar la memoria y la trayectoria del ilustre ciudadano don Juan Mendoza maquinando toda clase de ofensas, injurias, calumnias y falsedades en su contra que por increíble que parezca vinieron de orureños malagradecidos con la tierra que los viera nacer que les dio todo y a la cual traicionaron por quedar bien con quienes ostentan el poder y el autoritarismo en lugar de escuchar y apoyar a la gente que confió en ellos dándoles su voto para hablar por ellos.

Al final nada de ello resultó para convencer a los ciudadanos orureños comprometidos con la historia de Oruro, agrandados en su conciencia y civismo con cada una de las mentiras fabricadas en torno a su persona y en contra de quienes salieron a las calles a defenderlo. Fueron conmovedoras y emotivas jornadas de lucha lideradas por valientes mujeres que le dieron el norte a una lucha de más de cuarenta días en contra de la indiferencia, el menosprecio y la soberbia de sus autoridades, miserias que después de todo debemos agradecer los orureños pues fueron las que desempolvaron y agrandaron la figura de don Juan Mendoza, figura quizás desconocida para las nuevas generaciones y olvidada para las más viejas pero ahora con una renovada presencia e importancia dentro de la historia no solo de Oruro, sino de Bolivia que parece haber descubierto a su piloto orureño, pionero de la aviación boliviana y héroe de la Guerra del Chaco.

Es de esperar que el nombre del Aeropuerto Internacional de Oruro no lleve más el nombre de don Juan Mendoza producto del rencor, el resentimiento y el hambre de revanchismo que le tienen hacia Oruro quienes sirven al gobierno y que harán lo posible para que las leyes sean manipuladas en contra de la historia y las demandas populares.  De todos modos no pudieron con el intento de poner al presidente cocalero por encima del ilustre aviador que hoy por hoy es el orureño de moda, el más notable, querido y respetado incluso por aquellos que aún no habíamos nacido cuando dejó de existir en el siglo pasado y al que sin embargo hoy llevamos en hombros por las calles de Oruro, igual que hace más de 90 años en la planicie de Papelpampa.