Paseando por Oruro: Soracachi

A proximadamente a unos 30 Km. al nor este de la ciudad de Oruro, está el poblado de Soracachi al que llegamos por la carretera que va a la ciudad de Cochabamba. Un lugar interesante para visitar, lleno de atractivos turísticos que esperamos visitar algún día. Por ahora sólo nos hemos conformado con pasear y retratarlo 😦

La entrada al poblado de Soracachi.

Soracachi, sobre la carretera que va a la ciudad de Cochabamba.

La simpática plazita central de Soracachi.

Quizás el mayor atractivo turístico del poblado de Soracachi, su iglesia colonial construída con adobes.

Torre y fachada de la iglesia colonial de Soracachi.

Capilla al interior de la iglesia colonial de Soracachi.

Vista panorámica del poblado de Soracachi.

Vista lateral de la iglesia colinial de Soracachi.

Edificio del Gobierno Autónomo Municipal de Soracachi en la plaza principal y uno de sus simpáticos pobladores.

 

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Conchupata en llamas

Nuestro último paseo por la ciudad de Oruro en Bolivia visitando el Faro de Conchupata, Monumento Histórico Nacional. Sobre nosotros un cielo encendido en llamas, un paisaje digno de ser fotografiado y una tarde digna de ser recordada con imágenes.

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Esta enorme columna de nubes aparenta un gigantesco tornado que desciende del cielo y toca el suelo árido de la pampa orureña.

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Parece que el cielo arde por encima.

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Un cielo matizado de colores.

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Plaza 2 de Agosto.

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Una alegoría de don Raúl Shaw Moreno en Plaza 2 de Agosto, cantando bajo un cielo en llamas.

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Don Raúl Shaw Moreno cantándole a nuestro Monumento Histórico Nacional.

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GRACIAS a todos ustedes que se han tomado su tiempo en visitar este espacio ya sea para leer su contenido o simplemente por accidente. Ojalá 2016 les traiga más alegrías y satisfacciones que penas y tristezas. Un enorme abrazo, mil felicidades y todo lo mejor para ustedes y para sus seres queridos.

FELÍZ 2016 !!!

Los Diablos de ayer y de hoy

Escribo estas líneas a solicitud amable de un personero de “El Diario” que ha querido dedicar una de sus prestigiosas páginas a la rememoración del histórico 10 de Febrero de 1781, fecha cívica principal de Oruro, ciudad consagrada últimamente “Capital Folklórica de Bolivia” y coincidentemente la motivación de estos párrafos tiene conocimiento con el folklore orureño pues creo interesante decir algo sobre la evolución de la ya famosa Entrada del Sábado de Carnaval y en ella “La Diablada” que es la que concita la máxima expectativa popular.

09_Oruro_Oruro_Febrero10_1977

Por lo menos de diez años a esta parte, viene manifestándose en Oruro un interés verdaderamente eufórico y al parecer más y más creciente por aquella entrada carnavalera con sus tradicionales comparsas de “Morenos”, “Llameros”, “Cullahuas”, “Incas”, “Chunchus” y alguna más entre las cuales la de los “Diablos” es la más brillante, bailarina y ágil y la que el público mira con especial deleitación. Pero el caso es que no fue siempre así con los rutilantes diablos de nuestros días.

Apelando a mis recuerdos de los años de 1920, puedo decir que a diferencia de los diablos de hoy, tan numerosos, tan elegantes, suntuosos, costosamente ataviados y en cuyos conjuntos hay “gente bien”, los diablos del pasado eran gente de humilde escala social, en su mayoría matarifes, popularmente llamados “mañazos” y eran tan pocos que no formaban sino un solo conjunto. Con raras excepciones, iban pobremente ataviados con disfraces en los que la pechera y el faldellín estaban descoloridos y deslustrados porque a no dudar, el disfraz había servido ya para muchas entradas, más lo que recuerdo es que en aquel atuendo la camiseta y el calzoncillo de muchos de los diablos estaban tan sucios que al escribir esto, tengo la idea de que eran los mismos que el danzarín usaba a diario y no habían sido lavados vaya uno a saber cuánto tiempo. En el traje diablesco lo singular era la careta por lo pesado que debió resultar (quizás hasta unos 3 kilos) por estar fabricada de yeso. Los diablos de aquel tiempo, además iban armados de tridentes de hierro que los chicos de entonces llamábamos “trinches” que blandían amenazadoramente a tiempo que lanzaban su peculiar y mefistofélica exclamación “Aaaarrrrrr….”

Como hoy, la antigua diablada tenía también “osos”, “china supay”, “cóndores” y “monos”. ¡Oh los monos! Eran el terror de los chicos, vestidos de amarillo y portando largos chicotes se hacían temibles porque si bien los diablos solo amagaban con sus trinches, los monos pegaban en serio con sus chicotes por lo cual los chicos optábamos casi siempre por escapar o por lo menos ocultarnos al amparo de las personas mayores.

La entrada se la realizaba siempre a lo largo de la entonces “Avenida Colombia” (hoy 6 de Octubre). Cada conjunto iba acompañado de su caravana la cual a diferencia de las actuales que se arreglan en autos, se las disponía en mulas con orfebrería y platería acaso más genuinas que ahora y era conducida por el dueño de pintoresca apariencia porque iba emponchado en fina vicuña, la cara blanqueada por entero con “harina de Chile” y profusamente engalanado con serpentinas de vistosos colores y delicada fabricación pues eran importadas. No duraba mucho la entrada de aquellos tiempos, quizás una hora a lo más y se la podía presenciar cómodamente desde cualquier sitio de la Colombia porque a diferencia de lo que ocurre hoy, no se producían agolpamientos de muchedumbre, bloqueo de esquinas ni mucho menos era necesario “agarrarse campo” o “señalar sitio” desde días antes como sucede al presente en que a mayor abundamiento, hay que pagar por los “sitios estratégicos” de la Bolívar y la plaza 10 de Febrero.

No podía precisar si el año 1927 o 1928 pero recuerdo que por esa época, las autoridades comunales considerando que la costumbre de la entrada había mucho de vulgar, plebeyo y pagano, resolvieron suprimirla radicalmente. Por lo visto la tradición se impuso y hoy por hoy la poco menos que mundialmente famosa entrada constituye poderoso medio de incremento del turismo nacional.

En fin, cabe destacar el hecho de que los refinados y opulentos diablos de hoy, descienden de aquellos pobres diablos de antaño, ni más ni menos…

Por: Misael Pacheco Loma

Oruro, Febrero de 1977.