El “Jueves Negro” en Oruro

La mañana del 24 de octubre de 1929 marcó el sorprendente principio del fin de la bonanza norteamericana que ocurrió poco después del anuncio del presidente Herbert Hoover quien había asegurado que los Estados Unidos habían entrado en una era de prosperidad sin precedentes: “La pobreza será derrotada para siempre y todos seremos ricos” decía. Casi de inmediato, medio centenar de bancos quebraron y una oleada de millonarios e inversionistas se lanzaron desde las ventanas de los edificios más altos, impotentes e incapaces de asumir el crash de Wall Street.

OruroCrash01El equivalente boliviano de Wall Street en Nueva York bien podría haber estado en la calle Bolívar de Oruro, quizás la más importante en Bolivia a principios del siglo 20 debido al intenso flujo comercial originado entonces desde la inauguración del ferrocarril en 1892, un acontecimiento que motivó la creación y asentamiento de importantes empresas comerciales e industriales en la ciudad. Alemanes, ingleses, turcos, italianos, irlandeses, yugoeslavos y otras gentes llegadas de diversas partes del mundo (1) sentaron raíces en Oruro cuyo estatus de capital industrial terminó por consolidarse gracias al descubrimiento en 1900, del yacimiento de estaño más grande del mundo en Potosí (2) que hizo de Bolivia el segundo productor más importante en el planeta.

Durante los últimos años del siglo 19 y los primeros del siglo 20 se vivieron tiempos de enorme tensión, paranoia e incertidumbre tales que potencias del viejo mundo como Alemania, Francia, Inglaterra, Rusia además de los Estados Unidos aprovecharon los avances tecnológicos de la revolución industrial para desarrollar su industria bélica levantando fábricas de armamento para construir aviones de guerra, tanques, submarinos, etc. en una carrera armamentista para protegerse y disuadir a naciones rivales de lanzar eventuales ataques que amenazaban su poder y hegemonía.

El estaño era materia prima indispensable para sostener la producción industrial militar pero los yacimientos europeos comenzaban a agotarse así que durante los primeros años de la Primera Guerra Mundial (1914) el auge de producción y precios del mineral registró cifras históricas que incrementaron la demanda del preciado bien del que entonces habían pocos países productores, entre ellos Bolivia donde el estaño llegó a constituirse en su recurso natural básico y en pilar fundamental de su economía cuyo epicentro se trasladó a Oruro pues era la ciudad más próxima a las minas más importantes situadas especialmente en Llallagua, Huanuni, Catavi, Uncía y Siglo XX.

Oruro era punto estratégico, nudo ferroviario del país que conectaba a La Paz con los valles de Cochabamba y el sur de la república. Desde allí se facilitaban las tareas de logística y abastecimiento para los principales centros mineros lo que motivó a muchas empresas mineras a fijar su residencia en la ciudad al igual que muchos bancos nacionales y extranjeros que también establecieron sedes y agencias en Oruro (3) dándole el segundo lugar en importancia entre las capitales de departamento después de La Paz que perdió de hecho la sede del centralismo pues desde Oruro se manejó el gobierno de La Paz y la justicia de Sucre en beneficio de la “rosca minero feudal” (4) que buscaba proteger sus intereses económicos.

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Así mientras en Bolivia se creía que el mundo giraba alrededor de Oruro, miles de kilómetros al norte ocurría algo parecido en Nueva York en donde la bolsa de valores trepaba impetuosamente convirtiendo a Wall Street en una fábrica de nuevos ricos y magnates como el señor Chrysler que había empezado como obrero de planta para convertirse luego en presidente de la General Motors para la cual levantó un edificio de 62 pisos. El hombre común de la calle aspiraba a disfrutar de parte de las ganancias y utilidades que generaban empresas e industrias que surgían y se expandían día tras día. En este contexto la pobreza social parecía un mito en los Estados Unidos de los años 20 dado que la prosperidad individual y el desarrollo tecnológico funcionaban como un perfecto engranaje incluso empujando a los obreros a perder su conciencia de clase al querer tener un Ford o un Chevrolet estacionado en la puerta de su casa.

Pero toda aquella fantasía se derrumbó súbitamente como castillo de naipes la mañana del jueves 24 de octubre de 1929 cuando se desató el pánico entre los corredores de bolsa producto de una drástica caída en los precios de sus acciones lo que les obligó a venderlas a cualquier precio antes de que bajaran aún más. Una tras otra como un “efecto dominó” empezaron a desplomarse grandes empresas, compañías medianas, pequeños negocios e incontables fábricas de productos con exceso de existencias que tuvieron que cerrar para reducir sus pérdidas. También quebraron estrepitosamente más de un millar de bancos lo que comenzó una gran oleada de suicidios de banqueros, inversionistas y prominentes millonarios. Era común en las recepciones de los hoteles preguntar a sus clientes si querían una habitación para dormir o para lanzarse desde la ventana antes de atender su solicitud de hospedaje.

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Miles de desocupados deambulaban por las calles y plazas de las principales ciudades de los Estados Unidos en busca del pan de cada día. Abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, competían a la par con obreros comunes ofreciendo sus servicios para manejar la pala, vender manzanas o dibujar retratos para recolectar algunos centavos de los transeúntes. Entre 1930 y 1933 un promedio de 64 mil trabajadores por semana pasaron a engrosar la multitud de desempleados que al final del período sumaron unos 13 millones, aquellos afortunados que conservaron sus empleos vieron drásticamente reducidos sus salarios.

Los subsidios del gobierno aliviaron en algo el hambre de familias enteras que formaban inmensas colas para poder servirse un plato en los comedores populares, por otro lado la gente sin hogar comenzó a levantar chozas precarias en los barrios formando villas improvisadas a las que bautizaron como “Hoovervilles” en repudio a la administración del presidente Hoover que poco o nada hizo para enfrentar la crisis desatada. Hasta el día de hoy no hay un consenso general sobre las causas que provocaron el quiebre de aquel día que pasó a la historia como el “Jueves Negro”, “Black Thursday” que fue comienzo de una “Gran Depresión” económica mundial.

En efecto, la crisis desatada en Nueva York traspasó los límites de la geografía estadounidense para extenderse por todo el mundo como una gran mancha de aceite en el mar que también tocó América Latina ocasionando serios daños en las incipientes economías de países en pleno desarrollo que dependían de la venta de sus materias primas en los mercados internacionales. Bolivia no fue la excepción, su economía como sabemos, estaba sostenida por las actividades directas e indirectas generadas por la minería del estaño. Ocurrió la esperada caída general de los precios que colocó a los costos de producción por encima de la cotización del estaño en los mercados de venta y en ese marco se dio un vuelco dramático.

Oruro que era el epicentro de la economía boliviana, se convirtió también en el epicentro de la crisis boliviana. La industria del estaño entró en terapia intensiva con pocas esperanzas de salir con vida pues los precios del mineral sufrieron una bajada dramática. Hasta finales de 1929 cuando la onda expansiva del desastre de Wall Street ya había alcanzado al mundo entero, la tonelada que oscilaba los 920 dólares bajó a 794 llegando hasta los 285 dólares en 1932 para seguir bajando en picada paralelamente con la escasez de compradores. Muchas minas pequeñas que no contaban con capital de reserva cerraron operaciones para no seguir trabajando a pérdida. Para las empresas grandes y medianas el problema era diferente pues pese a que sus balances financieros arrojaron pérdidas, no tuvieron otra alternativa que seguir funcionando echando mano de sus reservas de capital pues un eventual cierre de operaciones habría derivado en consecuencias políticas y sociales desastrosas. Tuvieron que hacer los trabajos de perforación ya no con máquinas sino manualmente para reducir la mano de obra ociosa.

La baja de los precios del estaño que representaba el 70% de las exportaciones bolivianas se reflejó en la disminución de los ingresos estatales lo que provocó la paralización de obras públicas, recorte de gastos públicos, despido de funcionarios públicos, cierre de escuelas rurales, orfanatorios, liceos de señoritas, etc. Las instituciones del Estado trabajaron a media máquina ocupándose solo de las tareas más esenciales pues no tenían dinero siquiera para comprar verduras y frutas en el mercado como llegó a afirmar el presidente de la república en un momento dado (5).

Oruro, paraíso de prosperidad y núcleo de la economía boliviana se convierte entonces en “villa miseria”, “ciudad gueto”, ciudad abierta que recibe no solo a los desocupados de las minas de estaño sino también al éxodo de desocupados de países vecinos como Chile que además de sufrir la crisis económica mundial, sufrió también el cierre de las salitreras producto del descubrimiento del “salitre sintético” en Alemania. En este contexto, la calidad de vida de los orureños sufrió una severa caída en los años 30’s, la moral y las buenas costumbres victorianas (6) traídas a Oruro desde Inglaterra se vinieron abajo, reinaban la desconfianza y el temor de salir a la calles plagadas de delincuentes, hambrientos y pobres que no tardaron en ser rematados con la aparición de enfermedades endémicas como el tifus que el gobierno intentó combatir poniendo en cuarentena a toda la ciudad mediante un cordón sanitario como medida preventiva. Al final terminaron muriendo siete de cada diez personas infectadas.

Prominentes hombres de negocios, comerciantes y ciudadanos migraron a otras ciudades o regresaron a sus países de origen, el hacinamiento de la ciudad se redujo en algo con el dramatismo hiriente que significó el estallido de la Guerra del Chaco cuyo reclutamiento militar movilizó a miles de desocupados en sus primeros seis meses favoreciendo también a las grandes empresas mineras que no sabían cómo despedir a sus empleados y trabajadores.

La elección como presidente de Franklin Delano Roosevelt en los Estados Unidos y el establecimiento de su “New Deal” (7)marcaron el principio de la recuperación de la economía mundial. El auge de los precios del estaño mejoró en tiempos de la Segunda Guerra Mundial pero en Bolivia los niveles de producción jamás volvieron a acercarse a los niveles de 1929 (8), Oruro perdió el estatus de capital industrial y jamás volvió a ser la misma desde aquel “Jueves Negro” sufriendo desde entonces un largo proceso de erosión social que sigue vigente hasta el día de hoy como en el resto del país.

NOTAS

(1) Apellidos de origen extranjero como Petot, Bakovich, Ferrari, Harasich, Fricke eran comunes entre los ciudadanos orureños de los años 30’s. Ahora son raros en el Oruro del siglo 21.

(2) Simón I. Patiño, Barón del Estaño llamado también “Rey del Estaño” descubrió en 1900 el yacimiento de estaño más grande del mundo en el cerro “Juan del Valle” de Llallagua en Potosí.

(3) Existían cinco bancos importantes en Bolivia: Nacional, Industrial, Agrícola, Bolivia – Londres y Francisco Argandoña. Entre todos sumaban 5 millones de bolivianos de capital, apenas la mitad de lo que representaba el millón de libras esterlinas que tenía el Banco Mercantil cuando fue fundado en Oruro por Simón I. Patiño en 1906.

(4) La “rosca minero feudal”, así identificaron los nacionalistas bolivianos de izquierda al grupo conformado por poderosos empresarios mineros como Simón I. Patiño y Mauricio Hochschild que manejaron gobiernos, policía y ejército en Bolivia para proteger sus minas y privilegios.

(5) En plena crisis económica mundial, el presidente Daniel Salamanca en carta dirigida a Simón I. Patiño solicita ayuda económica para financiar la campaña militar en el Chaco y entre otras líneas escribe: “… no hay dinero en el Palacio ni para mandar al mercado…”

(6) Las “buenas costumbres victorianas”, así llamaban algunos intelectuales a los hábitos importados por ciudadanos ingleses de la Gran Bretaña gobernada por la Reina Victoria tales como el saludo, la puntualidad, el té de la tarde, el buen vestir, la higiene personal y el aseo urbano.

(7) “New Deal”, política impuesta en los EE.UU a partir de 1933 por el presidente Franklin Delano Roosevelt inspirada por el economista británico J.M. Keynes que proponía mayor intervención de los gobiernos en las economías nacionales, empresas y obras públicas, algo impensado antes del “Jueves Negro”

(8) La producción minera de estaño en Bolivia desde 1900 hasta finales de 1929 era cercana a las 30 mil toneladas anuales siendo entonces el segundo productor mundial. La producción promedio actual es de 18 mil toneladas año siendo el sexto productor mundial (datos de 2000 a 2011).

Documentos consultados

“Cita en Oruro, la tierra natal”, Néstor Taboada Terán. “Presencia”, La Paz (10/02/1981)

“El Signo Escalonado”, Néstor Taboada Terán. Plural Editores, La Paz 2003.

“Llallagua, Historia de una Montaña”, Roberto Querejazu Calvo. Editorial Los Amigos del Libro 1998

“La Gran Depresión (1929 – 1939) con ojos bolivianos”, Mario Pacheco Torrico. Fundación Milenio, La Paz 2010

“Bolivia: La Maldición del Estaño”, Ted Córdova Claure. Nueva Sociedad Nº 81, Ene – Feb 1986.

“La Revolución Boliviana”, Manuel Frontaura Argandoña. Rolando Diez de Medina, La Paz 2012

“Patiño, Rey del Estaño”, Charles F. Gueddes. Suiza 1981

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Los Diablos de ayer y de hoy

Escribo estas líneas a solicitud amable de un personero de “El Diario” que ha querido dedicar una de sus prestigiosas páginas a la rememoración del histórico 10 de Febrero de 1781, fecha cívica principal de Oruro, ciudad consagrada últimamente “Capital Folklórica de Bolivia” y coincidentemente la motivación de estos párrafos tiene conocimiento con el folklore orureño pues creo interesante decir algo sobre la evolución de la ya famosa Entrada del Sábado de Carnaval y en ella “La Diablada” que es la que concita la máxima expectativa popular.

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Por lo menos de diez años a esta parte, viene manifestándose en Oruro un interés verdaderamente eufórico y al parecer más y más creciente por aquella entrada carnavalera con sus tradicionales comparsas de “Morenos”, “Llameros”, “Cullahuas”, “Incas”, “Chunchus” y alguna más entre las cuales la de los “Diablos” es la más brillante, bailarina y ágil y la que el público mira con especial deleitación. Pero el caso es que no fue siempre así con los rutilantes diablos de nuestros días.

Apelando a mis recuerdos de los años de 1920, puedo decir que a diferencia de los diablos de hoy, tan numerosos, tan elegantes, suntuosos, costosamente ataviados y en cuyos conjuntos hay “gente bien”, los diablos del pasado eran gente de humilde escala social, en su mayoría matarifes, popularmente llamados “mañazos” y eran tan pocos que no formaban sino un solo conjunto. Con raras excepciones, iban pobremente ataviados con disfraces en los que la pechera y el faldellín estaban descoloridos y deslustrados porque a no dudar, el disfraz había servido ya para muchas entradas, más lo que recuerdo es que en aquel atuendo la camiseta y el calzoncillo de muchos de los diablos estaban tan sucios que al escribir esto, tengo la idea de que eran los mismos que el danzarín usaba a diario y no habían sido lavados vaya uno a saber cuánto tiempo. En el traje diablesco lo singular era la careta por lo pesado que debió resultar (quizás hasta unos 3 kilos) por estar fabricada de yeso. Los diablos de aquel tiempo, además iban armados de tridentes de hierro que los chicos de entonces llamábamos “trinches” que blandían amenazadoramente a tiempo que lanzaban su peculiar y mefistofélica exclamación “Aaaarrrrrr….”

Como hoy, la antigua diablada tenía también “osos”, “china supay”, “cóndores” y “monos”. ¡Oh los monos! Eran el terror de los chicos, vestidos de amarillo y portando largos chicotes se hacían temibles porque si bien los diablos solo amagaban con sus trinches, los monos pegaban en serio con sus chicotes por lo cual los chicos optábamos casi siempre por escapar o por lo menos ocultarnos al amparo de las personas mayores.

La entrada se la realizaba siempre a lo largo de la entonces “Avenida Colombia” (hoy 6 de Octubre). Cada conjunto iba acompañado de su caravana la cual a diferencia de las actuales que se arreglan en autos, se las disponía en mulas con orfebrería y platería acaso más genuinas que ahora y era conducida por el dueño de pintoresca apariencia porque iba emponchado en fina vicuña, la cara blanqueada por entero con “harina de Chile” y profusamente engalanado con serpentinas de vistosos colores y delicada fabricación pues eran importadas. No duraba mucho la entrada de aquellos tiempos, quizás una hora a lo más y se la podía presenciar cómodamente desde cualquier sitio de la Colombia porque a diferencia de lo que ocurre hoy, no se producían agolpamientos de muchedumbre, bloqueo de esquinas ni mucho menos era necesario “agarrarse campo” o “señalar sitio” desde días antes como sucede al presente en que a mayor abundamiento, hay que pagar por los “sitios estratégicos” de la Bolívar y la plaza 10 de Febrero.

No podía precisar si el año 1927 o 1928 pero recuerdo que por esa época, las autoridades comunales considerando que la costumbre de la entrada había mucho de vulgar, plebeyo y pagano, resolvieron suprimirla radicalmente. Por lo visto la tradición se impuso y hoy por hoy la poco menos que mundialmente famosa entrada constituye poderoso medio de incremento del turismo nacional.

En fin, cabe destacar el hecho de que los refinados y opulentos diablos de hoy, descienden de aquellos pobres diablos de antaño, ni más ni menos…

Por: Misael Pacheco Loma

Oruro, Febrero de 1977.

Oruro impreso en publicaciones del siglo pasado

Una compilación de imágenes relacionadas con Oruro, publicadas en el siglo pasado en las ediciones de algunos diarios locales y del interior. Amarillentos, maltratados por polillas y ratones, los viejos periódicos estaban a punto de convertirse en combustible para una fogata improvisada y algunos a punto de ser reciclados y vendidos por unas cuantas monedas pero antes, pensé que valía la pena rescatar algunas imágenes interesantes y armar un post para mostrarlas en orden cronológico.

01_La Patria_Oruro_Febrero10_1973Así saludaba el desaparecido diario “Presencia” de La Paz a Oruro en el aniversario 192 de la rebelión del 10 de Febrero de 1781. Publicado el 10 de Febrero de 1973.

02_Hoy_LaPaz_Febrero10_1974“Ferrari Ghezzi”, una de las empresas símbolo de Oruro en el pasado, le dedicaba una página entera de salutación al 10 de Febrero de 1974, misma que publicó el desaparecido periódico paceño “Hoy”. También lo hacía la Cervecería Boliviana Nacional con uno de sus productos hecho y envasado en Oruro, otro tradicional símbolo orureño de ayer, hoy y siempre.

02_Presencia_LaPaz_Feb06_1975Publicación de “Presencia” del 6 de Febrero de 1975 dedicada a Oruro. Muestra algunos elementos característicos de la región como la grotesca ilustración de una careta de diablo, las minas de plata y estaño metal del diablo que fueron base de la fundación de la ciudad, su economía y su crecimiento. También está una referencia a la pesca en los lagos Poopó y Uru-Uru, una actividad exclusiva de los Urus, antiguos habitantes de los suelos orureños.

03_Hoy_La Paz_Jun23_1975El 23 de Junio de 1975, el periódico Hoy”, publicaba una fotografía del club argentino de fútbol Boca Juniors en el antiguo estadio “Jesús Bermúdez” de Oruro antes de jugar un partido amistoso con la selección boliviana en 1975 previo a las eliminatorias para el mundial de fútbol de Argentina 1978. Algunos de esos partidos se jugaban en Oruro que era la una de las sedes de entonces.

04_Expreso_La Patria_Oruro_Feb10_1976Más elementos y personajes característicos de la ciudad de Oruro, sobran las palabras para describir las imágenes. Publicado en el desaparecido diario orureño “El Expreso” el 10 de Febrero de 1976.

05_LaPatria_Oruro_Feb28_1976“La Patria” de Oruro tenía un suplemento cultural en donde se publicaban artículos relacionados con la literatura y otras artes cultivadas en la ciudad, mismos que solían adornarse con dibujos como estos, una máscara de diablo y otra de moreno, íconos del grandioso Carnaval de Oruro. Edición del 28 de Febrero de 1976.

06_Presencia_LaPaz_Feb10_1976“Presencia” de La Paz publicaba suplementos especiales dedicados a las efemérides de los nueve departamentos de Bolivia. El 10 de Febrero de 1976 le dedicó una a Oruro con una imagen de la vieja Plaza 10 de Febrero en su portada. El cielo que se aprecia al fondo, hoy está cubierto por los edificios del Hotel Edén y el Banco BCP.

07_Expreso_Oruro_Febrero10_1976Tal como ocurre hoy en día, las instituciones locales saludaban la efemérides de Oruro publicando sus saludos en los diarios locales. Es el caso de la empresa que hacía posible la dotación de energía eléctrica para que los orureños desempeñaran sus actividades diarias. “El Expreso”, 10 de Febrero de 1976.

08_Oruro_Oruro_Febrero10_1977Otra empresa símbolo de Oruro en el pasado, la fábrica de calzados “Zamora” que así saludaba el 10 de Febrero de 1977, aprovechando para anunciar sus productos que eran cotizados en todo el país.

09_Oruro_Oruro_Feb10_1977Los saludos no sólo se limitaban a las instituciones locales, las instituciones de alcance nacional también saludaban el 10 de Febrero expresando su homenaje, admiración y buenos deseos para los orureños. La Empresa Nacional de Telecomunicaciones saludaba así a Oruro el 10 de Febrero de 1977. Además de mostrar una obesa careta de diablo que parece inyectada con bótox, muestra también un ícono orureño relativamente nuevo en ese entonces y hoy convertida en un verdadero clásico: la cuba de fundición de la planta metalúrgica ENAF en Vinto recientemente inaugurada a principios de los 70’s.

09_Oruro_Oruro_Febrero10_1977Esta fotografía acompañaba un simpático como gracioso artículo titulado “Los Diablos de Ayer y de Hoy” de Misael Pacheco Loma que transcribiremos y postearemos en un futuro y que originalmente fue publicado en un medio escrito del que sólo tenemos título y fecha: “Oruro, Edición Cívica”, Febrero de 1977.

11_La Patria_Oruro_Feb05_1978_P“Las Cuatro Plagas”, una de las leyendas que dieron origen al grandioso Carnaval de Oruro y una impresionante ilustración que se vé aún más espectacular en su tamaño original. La Ñusta protectora de los Urus dando pelea y batiéndose con una gigantesca víbora a la que partiría en dos, un lagarto al que decapitaría y un sapo al que convertiría en piedra más millones de hormigas que quedarían convertidas en arena. Juntos todos estaban a punto de concretar un espantoso genocidio comandado por el dios Huari cuyo objetivo era limpiar la tierra a los antiguos orureños por sus creencias cristianas. Publicado en el suplemento cultural de “La Patria” el 5 de Febrero de 1978.

11_Presencia_LaPaz_Feb04_1978Fotografía de una antigua careta de diablo, horripilantemente hermosa junto con otra careta más reciente de 1978 cuyo dueño por la capa de colores rojo y azul, imagino pertenece a la magnífica Diablada Ferroviaria. Publicadas en el diario “Presencia” el 4 de Febrero de 1978.

12_La Patria_Oruro_Feb05_1978Periódico “La Patria” en Febrero de 1978 publicaba esta caricatura/dibujo de una máscara de diablo, característica de la diablada orureña, ícono y razón de ser del Carnaval de Oruro.

13_Presencia_LaPaz_Febrero16_1980El 16 de Febrero de 1980 el diario “Presencia” de La Paz publicó un suplemento dedicado a resaltar las características de los carnavales de las diferentes regiones de Bolivia, por supuesto que el carnaval de Oruro tuvo un espacio especial con artículos y fotografías de las cuales pude rescatar esta.

14_La Patria_Oruro_Feb10_1982El suplemento cultural de “La Patria” en su edición del 10 de Febrero de  1982 publicaba las fotografías de dos personalidades orureñas importantísimas que enriquecieron la historia de Oruro con enormes contribuciones. Don Marcos Beltrán Ávila (izq.) estudió en 1912 los Archivos de Indias en Sevilla y sacó a la luz el “Manifiesto de Agravios”, un documento de 1739 que anticipaba la rebelión de Juan Vélez de Córdova en contra de los españoles desde la Villa de San Felipe de Austria (Oruro), la misma que fue frustrada antes de concretarse. Se trata de un movimiento libertario muy anterior a las guerras de independencia en América Latina. Por otro lado, don Adolfo Mier (der.) también  investigó los Archivos de Indias así como el Archivo General de la Nación en Buenos Aires para finalmente revelar los sucesos del 10 de Febrero de 1781 que hasta 1920 eran totalmente inéditos y permanecían escondidos para los orureños y bolivianos que hasta entonces creían en el 25 de Mayo de 1809 (Chuquisaca) como primer grito libertario en América Latina. Sobre tales sucesos, Beltrán y Mier sostuvieron una polémica discusión en los medios escritos de entonces, tema al  cual nos referiremos en otro post.

15_Cultura_Oruro_Julio_1984 “Cultura Boliviana” era una publicación que circulaba en Oruro cada semestre. El número 43 que salió en julio de 1984, publica un dibujo que sintetiza a los actores y personajes del Carnaval de Oruro acompañado de su tradición minera. Del autor sólo tenemos la firma al pie de su obra.

16_Presencia_LaPaz_Febrero10_1987Una interesante composición mostrando la bocaza de una careta de diablo como la entrada al socavón de una mina y a un minero cargando el metal del diablo en un vagón, todo al lado de otro ícono orureño: El Faro de Conchupata. Saludo al 10 de Febrero  de 1987 cortesía del desaparecido Banco Boliviano Americano (BBA) que la hizo publicar el 10 de Febrero de 1987 en el periódico “Presencia” de La Paz.

17_LlajtaymantaData y origen de esta fotografía no la tengo a mano, sólo sé que la recorté de algún periódico en una edición publicada a finales de los 80’s o principios de los 90’s. Pertenece a los queridos y entrañables Llajtaymanta, en aquel entonces muchachos humildes que solo se preocupaban por hacer buena música. Son otro ícono orureño de ayer, hoy y siempre junto con Andino, Raíz Ancestro y Sinchilaya quienes protagonizaron inolvidables peñas folklóricas. “Cárcel de Amor” es un verdadero clásico, un himno sentimental, la mejor balada folklórica que este servidor haya escuchado jamás y que no ha visto superada hasta el día de hoy. Quizás la cueca de Neyza “Por Las Calles de Oruro”…

peter12

Salud ORUREÑOS !!!

De la barrilla al lingote (Parte 1)

La minería del estaño marcó en Bolivia un período importante en la historia republicana del siglo pasado, nombres como los de Simón I. Patiño, Mauricio Hochschild y Carlos Víctor Aramayo son símbolos del poder minero que modernizó al país, robusteció su sistema económico y lo integró al circuito financiero del mercado global. La vida y obra de los “Barones del Estaño” está abundantemente documentada y disponible en extensa bibliografía que sin embargo mantiene casi en el anonimato a otros personajes importantes de la época quizás porque en su momento pusieron en peligro enormes intereses políticos y económicos. Tal el caso de Mariano Peró, claro ejemplo de patriotismo real cuya empecinada lucha por instalar la primera fundidora boliviana de estaño convirtió a Oruro en región pionera y capital metalúrgica del país.

Se sabe que en su época, nuestros antepasados incas ya fundían el estaño en hornos nativos de arcilla que alimentaban con paja, yareta, leña, excremento seco de llama y otros combustibles naturales y baratos que abundaban en los lugares próximos a las minas pre-coloniales. Hasta los primeros años del siglo 20, tales conocimientos aún eran utilizados en la región minera de Potosí donde se fundía estaño en hornos de poca capacidad y carentes de tecnología adecuada para producir lingotes de alta pureza que requería el mundo industrializado. El agotamiento de los ricos desmontes y relaves causó el cierre de muchos de ellos a comienzos de 1910 y el ferrocarril Potosí – Antofagasta inaugurado en 1912 les dio el golpe de gracia pues incentivó la exportación de barrillas (concentrados de mineral de estaño).

MarianoPeroAramayoHijo primogénito de una numerosa familia de ascendencia europea y nacido en Sucre el 13 de agosto de 1869, Mariano Peró Aramayo comenzó a trabajar desde los 11 años en una precaria fundición de bismuto en el distrito minero de Tasna, provincia Sud Chichas de Potosí. Su pasión por el trabajo y la acumulación de conocimientos le hicieron merecedor de ascensos que con el paso de los años lo pusieron como jefe de la empresa.

Después de marchar a Buenos Aires para hacer algunos cursos universitarios, regresó a Bolivia para trabajar como jornalero en las minas de Potosí para luego irse a Huanuni en donde hizo sus primeras armas en la química de los minerales. De ahí pasó a Oruro en donde montó un ingenio de concentración de barrillas en el que patentó algunos procesos para obtener un producto limpio de 65% de ley casi libre de impurezas, ganando así su primera fortuna durante la Primera Guerra Mundial gracias a la creciente demanda de la industria militar europea.

Pero no estaba contento con sus logros pues le inquietaba el hecho de que Bolivia producía enormes cantidades de estaño solo para exportarlos en forma de barrillas para ser fundidas en el extranjero. Malasia, primer productor mundial de estaño ya fundía su propio mineral desde principios de siglo, Bolivia en cambio siendo el segundo productor mundial se había quedado estancada en la fase extractiva porque carecía supuestamente de medios y recursos para el salto a la industrialización cuando en realidad poseía una condición excepcional para poder unir la producción con la fundición. Pasar de la minería a la metalurgia, de la barrilla al lingote fue algo que Mariano Peró se tomó como un desafío personal.

Estaba consciente de que instalar una planta fundidora en Bolivia se reflejaría en mayores beneficios e ingresos para la nación pues al fundir su propio estaño y exportar un producto con valor agregado, se disminuirían los costos por fletes de transporte, puertos, penalizaciones por impurezas, compra de sacos metaleros y otros gastos erogados en el extranjero además de salvar la obligación de tranzar y comercializar con los pocos países que tenían fundiciones. Las metas y objetivos de Mariano Peró se orientaron en este sentido y en 1934 empezó los estudios para la construcción de una planta para lo cual invirtió las ganancias de su concesión minera en Chojñacota – La Paz, propiedad que adquirió pagando por ella con parte de las utilidades de su ingenio.

Hizo viajes por toda Europa buscando tecnología para fundir estaño, misma que finalmente encontró en Francia. Pagó 800 mil libras esterlinas por la patente del “Proceso Lamy” que trataba las barrillas utilizando hornos eléctricos de carga continua para luego refinarlos térmicamente hasta sacar lingotes con una pureza del 99.80 %. De vuelta en Bolivia, comenzó la construcción de las instalaciones de la futura planta en la zona de Agua de Castilla en Oruro donde colocó la piedra fundamental el 30 de Mayo de 1937, hecho trascendental que desataría una feroz batalla que lo enfrentó con los poderosos industriales mineros de entonces que utilizaron toda su influencia política y económica para sabotear, conspirar e impedir aquel noble propósito. Solo así se explican todos los obstáculos y dificultades que el proyecto encontró en su camino.

williamsSimón I. Patiño uno de los barones del estaño, era propietario de la fundición Williams Harvey de Liverpool, la más grande de Inglaterra que trabajaba casi exclusivamente con barrilla boliviana extraída de las minas del industrial minero. Es fácil suponer que la puesta en marcha de una planta fundidora en Oruro interrumpiría buena parte del suministro de mineral a la planta de Liverpool que se vería afectada en sus operaciones y finanzas. Para evitarlo, Patiño mandó elaborar un “informe técnico” sobre la factibilidad de fundir estaño en Bolivia el mismo que la condenaba a estancarse en la fase extractiva argumentando “inconveniencia económica” por la escasez de combustible barato, mano de obra calificada, influencia negativa del clima del altiplano, etc. respondiendo así también a la propuesta del presidente Ismael Montes de industrializar nuestro mineral en suelo boliviano.

Otro de los barones del estaño, Mauricio Hochschild tuvo una pelea directa con Mariano Peró cuando intentó sin éxito impedir que éste comprara la patente del “Proceso Lamy” ofreciendo pagar mucho más en una puja que al final terminó perdiendo. Además se había apoderado de la compañía “Soux & Hernández”, la más importante de Potosí a principios de siglo que entonces exportaba más estaño metálico que barrilla, hecho que cambió cuando el judío alemán la compró e hizo que no se volviera a fundir estaño nunca más.

Los industriales mineros también organizaron el robo de los planos de instalación de la planta en Oruro cuando habían llegado a Antofagasta y posiblemente hayan estado involucrados en el hundimiento de un barco en el Atlántico que venía con maquinaria y equipo indispensables. Los gobiernos sometidos a sus intereses también conspiraron cuando la burocracia estatal demoró los trámites de importación de materiales destinados a Oruro y para completar el combo; las empresas transnacionales también se negaron a prestar sus servicios. Bolivian Power impidió el suministro de energía eléctrica a la planta y Antofagasta & Bolivian Railway no quiso extender la red ferroviaria que transportaría barrilla hasta la fundición en Agua de Castilla, ambas compañías eran administradas por intereses británicos.

Mariano Peró salvó todos y cada una de estos obstáculos sistemáticamente puestos. Aunque poco pudo hacer con respecto a la red ferroviaria, respondió magistralmente a la negativa de la Bolivian Power haciendo construir un enorme grupo electrógeno de 750 KW que por desgracia fue embargado y rematado tiempo después porque no pudo pagar las enormes deudas que contrajo para construirla. Curiosamente el comprador fue otro de los barones del estaño, Carlos Víctor Aramayo.

Ante la imposibilidad de arrancar con la planta en estas condiciones, regresó a trabajar en su mina de Chojñacota para conseguir recursos que le permitieron continuar con su proyecto en Argentina donde construyó con éxito sus dos primeros hornos de fundición que ahora funcionaban con petróleo con lo que finalmente desechó el “Proceso Lamy” que necesitaba energía eléctrica.
En ese trance sucedieron los gobiernos autoritarios de militares fracasados, David Toro, Germán Busch y Enrique Peñaranda, perdedores en la Guerra del Chaco. Peñaranda, responsable de grandes desastres sufridos por el ejército boliviano a manos de los paraguayos, había sido puesto en el poder por los industriales mineros que le habían ayudado a ganar las elecciones nacionales en 1940 hasta que fue derrocado en 1943 por el mayor Gualberto Villarroel López, héroe del Chaco que entraba recién en la escena nacional.

GualbertoVillarroelLopezGualberto Villarroel era un militar con visión modernista y progresista que quería un país libre, productivo y equitativo. Promulgó leyes en favor de los indígenas y de la economía del país, eliminó los tipos de servidumbre heredados del período colonial e hizo una asamblea indígena que fue la primera de este tipo en la historia de América Latina. Fue durante su gobierno que los esfuerzos de Mariano Peró empezaron a tener una tibia acogida pues fue el primer presidente en comprender y alentar sus esfuerzos.
Entusiasmado con la idea de la planta fundidora de estaño en Oruro, hizo posible un préstamo de dinero para completar la instalación lo que no detuvo el sabotaje pues los industriales mineros escondieron la barrilla de modo que no había mineral para fundir. De todas formas Mariano Peró se las arregló para fundir estaño en Oruro y los dos primeros lingotes se los llevó al presidente Villarroel como expresión material de su patriotismo y la culminación de sus esfuerzos por lograr el sueño de fundir estaño en Bolivia.
Desgraciadamente los trágicos y desgarradores sucesos acontecidos el 21 de julio de 1946 frustraron el proyecto de país del presidente Villarroel. Aquel día una turba enardecida de gente ingresó a su despacho en Palacio Quemado donde le golpearon salvajemente, le arrojaron vivo desde el segundo piso y luego le arrastraron mientras era apuñalado y golpeado cruelmente para luego ser colgado en un farol de luz en Plaza Murillo de La Paz. El cuerpo del presidente mártir estuvo oscilando allí durante casi 10 horas.

Los móviles de este salvaje asesinato son atribuidos por una parte al gobierno de los Estados Unidos, enfurecido por una supuesta simpatía fascista del presidente Villarroel con el nazismo alemán hitleriano y con sus vínculos con el socialista militar argentino Juan Domingo Perón y por otro lado a los industriales mineros indignados ante la inminente instalación en Oruro de modernos hornos de fundición que impedirían en el futuro seguir exportando en la misma bolsa de estaño otros minerales valiosos como antimonio, cobre, bismuto, etc.

Enterado de los trágicos acontecimientos, Mariano Peró se hizo presente en La Paz un día después. Llegó a Palacio Quemado la mañana del 22 de julio de 1946 y pidió permiso para entrar al despacho del presidente. Un capitán que resultó ser el jefe de la guardia presidencial accedió al pedido y le pidió que lo siguiera. La oficina presidencial estaba todavía con los muebles caídos y los archivos en el suelo por el ataque del día anterior, allí aún estaban los dos lingotes de estaño que había traído. Este el breve diálogo que entablaron ambos:

MARIANO PERÓ: “Me llevo esto capitán porque es mío, son piezas de estaño fundidas en mi hornito de Oruro.”
CAPITÁN: “Si son suyas, lléveselas. Al cabo son de estaño nomás
MARIANO PERÓ: “Ya no tiene sentido que estén aquí, las traje hace un mes para mostrarle al presidente que es posible fundir estaño en Bolivia

Y enseguida se estremeció al ver que uno de los lingotes tenía manchas de sangre.

Traicionado por sus ministros y abandonado por sus escoltas, es probable que el presidente Villarroel haya intentado defenderse con aquellos lingotes antes de ser asesinado. El lingote manchado con sangre es parte de la historia boliviana ligada al estaño, una historia escrita con sangre minera derramada con las masacres de Uncía, Catavi y otras matanzas de mineros que vendrían después por la codicia generada por obtener el metal del diablo.

Un año después y luego de vencer en desigual lucha a industriales mineros, gobiernos títeres, fundidoras inglesas y norteamericanas, Mariano Peró comenzó a vender estaño fundido con una pureza de 99.85 % en Argentina y se esforzó por hacer llegar a los mercados europeos y norteamericanos la marca “ESTAÑO ORURO” que estaba impresa en todos los lingotes que salían de la ya consolidada “Fundición de Estaño Oruro” (FUNESTAÑO). Tal marca es ahora reconocida en el mercado internacional.
Contrario a los ridículos argumentos esgrimidos para no fundir en el país, los hornos de fundición sí funcionaban en la altura, todo el combustible y material fundente de la planta instalada a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar tienen un origen local, no había que importar carbón desde Inglaterra y el frío altiplánico no derivaba en un mayor consumo de combustible y energía, menos había que importar estaño desde Nigeria para mezclarlo con el boliviano y lograr así una supuesta mejor recuperación. Fundentes como piedra caliza, cal apagada, cuarzo, carbonato de sodio también se producían en el país y costaban la mitad de lo que hubiera costado importarlas.

Los hornos rotatorios introducidos por el señor Peró en Oruro, revolucionaron el proceso de fundición de metales pues fueron los primeros en el mundo al tratarse de tecnología nueva para la reducción de estaño con 50 % de pureza. Además la planta de Agua de Castilla tenía una ubicación estratégica al estar ubicada sobre la faja estañífera del país entre los distritos mineros de Huanuni y Colquiri, las zonas productoras más ricas e importantes en Bolivia.

El momento de la verdad para el país llegó el 9 de abril de 1952 cuando estalló la Revolución Nacional que derivó en la toma del poder por el Movimiento Nacionalista Revolucionario que nacionalizó las minas de los Barones del Estaño, hecho que quizás pudo ser evitado con la instalación de fundiciones en Bolivia por parte de Williams Harvey y el señor Patiño. Desde entonces los intereses británicos en el país comenzaron a tambalearse y aunque la planta del señor Peró fundía tan sólo una cuarta parte del estaño que se producía, los intereses extranjeros fueron heridos de muerte y el poder minero estaba casi aniquilado. Se dice que generó un ahorro de hasta 90 millones de dólares al competir con las fundiciones extranjeras, ahorro del que se beneficiaron COMIBOL, el Banco Minero, las cooperativas mineras, los mineros medianos y chicos.

La actividad metalúrgica de la Fundición de Estaño de Oruro S.A. (FUÑESTAÑO) se ha extendido por más de 70 años, hecho que por sí mismo hace que la empresa sea catalogada como pionera en la industria de la fundición en Bolivia. Hasta 1992 permaneció en la zona de Agua de Castilla desde donde se trasladó a la zona industrial de Huajara donde hoy en día sigue funcionando bajo la razón social de Operaciones Metalúrgicas S.A. (OMSA) donde se obtiene un producto del 99.99 % en lingotes de estaño.

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Mariano Peró Aramayo falleció en septiembre de 1964, no sin antes ver cumplido el sueño de contribuir con sus impuestos al desarrollo del país favoreciendo entre otras obras, a la construcción de la Ciudadela Universitaria de Oruro generando además fuentes de trabajo no solo en su empresa. Su experiencia hizo posible años después el desarrollo de otros proyectos de fundición como La Palca y Karachipampa además de la instalación y puesta en marcha de la primera fundidora estatal de estaño de ENAF en Vinto, convirtiendo al departamento de Oruro en distrito pionero en la fundición de minerales y centro metalúrgico de Bolivia.

OMSAPlant

Documentos consultados
– “El Poder y la Caída”, Sergio Almaráz. Editorial Los Amigos del Libro, 1980.
– “Historia de la minería andina boliviana”, Carlos Serrano Bravo. Potosí, diciembre de 2004.
– “Oruro Capital Metalúrgica de Bolivia”, Perspectiva Minera. “La Patria”, Oruro (22/01/2010
– “Sergio Almaráz: El Hombre y su Obra”, Roberto Vila de Pando.
– “Almaráz y la construcción del Estado Nacional”, Andrés Solíz Rada. “Patria Grande”, revista La Paz.
– “La terca memoria de esos días”, Coco Manto. “Cambio”, La Paz (22/07/2007)

Oruro y la capital de la República

Entre abril y octubre de 1899, la ciudad de Oruro se convirtió de hecho en la capital de la república como consecuencia de una sangrienta guerra civil que enfrentó al norte con el sur del país. Terminadas las hostilidades, se firmaron allí decretos con los cuales quedaron definitivamente establecidos hasta el día de hoy, el sistema de gobierno, la sede de los poderes del estado y la capital constitucional de Bolivia, temas que sin embargo aún siguen discutiéndose en nuestros días.

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Es un problema que el país arrastra desde su nacimiento a la vida independiente: la sede de la capital de la república. ¿Debería quedarse en Sucre, ciudad pequeña, aislada y aferrada orgullosamente a los recuerdos de su hegemonía colonial? ¿Debería irse a La Paz, ciudad populosa, progresista y próxima a nuevas fuentes de riqueza? Tal controversia intentó resolverse en una sesión de congreso reunida en Sucre el 18 de noviembre de 1898, misma en la que se discutió un proyecto de ley para que el poder ejecutivo fijase su residencia permanente y definitiva en esta ciudad para terminar con la patética imagen que brindaban los presidentes de entonces, acostumbrados a recorrer el país montados en una mula tratando de escapar a las circunstancias y los vaivenes de la inestable política boliviana.

El proyecto que fue presentado por los representantes conservadores chuquisaqueños, fue rechazado de entrada por los representantes liberales paceños que intentaron convencer a sus pares de discutir el asunto en una ciudad neutral. Como estas gestiones fracasaran, abandonaron la ciudad en señal de protesta para luego regresar a La Paz y reunirse allí con otros líderes liberales con quienes formaron una Junta de Gobierno que después de declarar la revolución, impuso un sistema de gobierno federal bajo el argumento de que sería el más conveniente para los intereses de la nación. Esto quería decir que en adelante las riquezas del departamento de La Paz sólo se destinarían para su propio desarrollo y no para atender las necesidades de los otros departamentos, olvidando que regiones como Oruro y Potosí contribuían enormemente en su progreso tal  como lo siguen haciendo hoy en día.

Así, Bolivia quedó conmovida con el estallido de una sangrienta guerra civil cuyo objetivo final en el fondo era obtener la capitalía plena de una nación dividida por una profunda rivalidad regional, política y hasta racial dirigida entonces por el conservador presidente Severo Fernández Alonso desde 1896, quien marchó hasta Oruro para instalar su cuartel general. Allí había vivido varios años acumulando una gran fortuna al hacerse dueño de la famosa mina de San José que según dicen sus detractores la obtuvo utilizando medios ilícitos.

Desde Oruro, el presidente Fernández Alonso llamó a las fuerzas militares reclutadas en Sucre, Cochabamba y otras regiones del país que aún permanecían subordinadas a su autoridad. A mediados de enero 1899, el ejército conservador comenzó su lento y temeroso avance hacia el norte parando en el pueblo de Viacha a 30 kilómetros de La Paz, donde  el mando de de las tropas liberales revolucionarias había sido asumido por el coronel José Manuel Pando, candidato liberal a la presidencia para las frustradas elecciones de aquel año quien armó barricadas en las calles de la ciudad, mandó emisarios en busca de armas al Perú y pidió ayuda a los caciques aimaras para que le colaboraran en su campaña contra las fuerzas conservadoras. Acudió entre ellos el líder indígena Pablo Zárate Willka, amigo personal de Pando nacido en la comunidad de Sicasica, provincia Aroma de La Paz, caudillo inteligente, gran estratega militar, severo, tenaz, persuasivo, toda una autoridad reconocida en comunidades importantes como Pacajes, Sicasica, Inquisivi, Paria, Carangas, Tapacarí y Ayopaya que no dudaron en acudir a su llamado.

Los primeros choques ocurrieron el 21 de enero de 1899 cuando las tropas del presidente Fernández Alonso marcharon desde Viacha a Corocoro en busca de víveres volviendo con varias cabezas de ganado y caballos, hecho que enardeció los ánimos de la indiada afín al coronel Pando que rodeó el pueblo y atacó a las fuerzas conservadoras con piedras lanzadas con hondas, tiros de revólver y dinamita proporcionada por algunos mineros asociados a la causa federal. Después de algunas horas de combate y agotada su munición, los soldados constitucionalistas abandonaron al galope la plaza donde se defendían siendo atacados por indios y mineros parapetados sobre los techos y en las esquinas. Murieron 27 indígenas, dos soldados y hubo varios heridos,

Los sobrevivientes en su mayoría jóvenes soldados chuquisaqueños, decidieron volver a Viacha desviándose por Ayo Ayo para evitar una eventual concentración de indios en el camino. En este pueblito se encontraron con otra compañía de soldados chuquisaqueños, orureños y cochabambinos con los que avanzaron hasta Viacha escoltando seis carretas cargadas con armas y munición. El coronel Pando sabedor de este movimiento por aviso de los indios, envió una fuerza de caballería que rodeó Viacha dando lugar a un combate que tuvo lugar el 24 de enero en el cruce del camino de Ayo Ayo con el de Luribay (Crucero de Chacoma) en el cual las tropas constitucionales sorprendidas de frente por las federales y acosadas en los costados por los indios, se defendieron desordenadamente sufriendo numerosas bajas hasta que se replegaron con dirección a Oruro. Cuatro de las carretas se incendiaron explotando su contenido durante el intercambio de fuego, las otras dos cayeron en poder de los federales junto con varios prisioneros.

Las tropas constitucionales en retirada dejaron a sus heridos en Ayo Ayo al cuidado del cura de su iglesia, un capellán militar y el cura de Viacha. Al caer la tarde, más de un centenar de indios alcoholizados rodeó el pueblo, tomó la plaza principal, atacó viviendas particulares y asedió a los heridos refugiados en el templo. Por la noche tomaron la iglesia, forzaron las puertas donde estaban los refugiados y entraron para luego masacrarlos bárbaramente, partiéndoles las cabezas con hachas, sacándoles los ojos, rasgándoles la piel con alambres, apuñalándoles, desnudándoles y arrastrándolos por las calles hasta matarlos.  La tragedia ocurrió el mismo día del combate del Crucero de Chacoma y terminó con el brutal asesinato de 27 soldados, el capellán militar y los dos curitas.

La sed de sangre y muerte de los indios aliados de los liberales no terminó allí. Declararon una guerra a muerte contra la raza blanca atacando no solo a tropas constitucionales sino también a tropas federales como ocurrió con un grupo de oficiales y soldados organizados en la provincia Inquisivi que antes de ser degollados fueron vejados, torturados, arrastrados por caballos y asesinados salvajemente con golpes de macanas, palos, piedras, hachas y cuchillos. De 130 soldados masacrados solo se salvó uno que vivió para contar aquel horripilante banquete de sangre en el que perecieron todos sus compañeros en la iglesia de Mohoza, festín que comenzó a las ocho de la noche del 28 de febrero de 1899 y terminó a las diez de la mañana del día siguiente.

Las ignorantes hordas aimaras encabezadas por Pablo Zárate Willka nada entendían ni nada les importaba el conflicto entre liberales y conservadores, federalistas y constitucionales, La Paz y Chuquisaca, norte y sur. Solo empuñaban sus instrumentos de exterminio impulsados por el anhelo milenario de recuperar el dominio de su hábitat ancestral sometido por siglos a amos extranjeros, incas quechuas, conquistadores españoles y ahora sus descendientes.

Documentos de la época constatan el salvajismo y la brutalidad de los indios. Se describe por ejemplo el horror que vivieron en su hacienda de Tolapalca un granjero inglés y su hijo de 14 años cuyos cadáveres fueron encontrados uno con la cabeza perforada y otro con la cabeza partida en dos por un hacha, ambos con los ojos arrancados, la piel quemada y desprendida como si se tratara de un guante. Otro testimonio relata cómo un italiano dedicado a la explotación de goma fue cortado a pedazos por la indiada del pueblo de Challana en la provincia Larecaja, otro relata cómo en Corocoro un noruego gerente de una compañía minera disparó matando a su familia y a él mismo para evitarse el padecimiento de una muerte horrible a manos de decenas de indios que los tenían rodeados.

La bestialidad de los indios trogloditas se contagió a los aimaras y quechuas de otras provincias de La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba que comenzaron a perseguir a propietarios de minas, administradores de casas comerciales y otros que buscaron asilo y refugio en la ciudad de Oruro. Tal situación que amenazaba con salirse de control motivó al coronel Pando a escribirle una proposición de paz al presidente Fernández Alonso mediante carta enviada desde Caracollo el 4 de marzo de 1899 en la cual le pidió su renuncia en nombre de la Junta Militar para unificar ambos ejércitos, calmar la ferocidad de los indios, acabar con la guerra civil, devolverle la tranquilidad a Bolivia y convocar a una asamblea constituyente.    

El presidente Fernández Alonso rechazó tal propuesta argumentando motivos constitucionales mediante carta dirigida desde Oruro el 5 de marzo de 1899, después de la cual el ejército federalista comenzó su avance hasta aquella capital. En el camino se encontraron con las tropas constitucionales y libraron el combate decisivo desde las tres de la tarde del 10 de abril de 1899 en una gran planicie sembrada de cebada donde el camino de Oruro a Lequepalca hacía cruz con el de Paria a Caracollo (Crucero de Paria).

Ya al anochecer, las fuerzas indígenas de Zárate Willka y el ejército federal de José Manuel Pando terminaron infringiendo una aplastante derrota a las fuerzas constitucionales con numerosas bajas en ambos lados. El presidente Severo Fernández Alonso pasó esa noche en Oruro y al amanecer del día siguiente tomó la ruta del exilio a Chile. El 12 de abril 1899 el coronel Pando hizo su entrada triunfal en la ciudad de Oruro, lado a lado con Willka, los ejércitos de ambos se mezclaron y marcharon en medio de una impresionante multitud por las calles de Oruro.

ORPandoDos días después, la Junta de Gobierno revolucionaria allí reunida, proclamó mediante decreto a La Paz como capital de la República y convocó para agosto a elecciones para elegir a los miembros de una asamblea constituyente a la que llamaron convención nacional, misma que después de ser conformada con abrumadora mayoría liberal se reunió en Oruro el 20 de octubre siendo los dos temas centrales de su agenda, la elección del Presidente de la República y la federalización del país. El primer punto no ofreció mayores dificultades pues el coronel José Manuel Pando tenía el apoyo casi total de los asambleístas convencionales para ser elegido, hecho que ocurrió el 25 de octubre de 1899 cuando recibió la investidura presidencial después de ser favorecido con casi la totalidad de los votos de los miembros de la convención.

El segundo punto fue objeto de fuertes y acalorados debates que terminaron finalmente con la continuidad del sistema de gobierno unitario para la nación, enterrando así el pretendido sistema federalista en cuyo nombre se había combatido sangrientamente. Curiosamente el coronel Pando líder de la revolución federal, abogó por el unitarismo poniendo así en evidencia el objetivo de fondo de los liberales paceños que solo era hacerse con el poder para llevarse la capital a La Paz. Para darle un consuelo a la adolorida y derrotada ciudad de Sucre, se le dejó tan solo el triste título honorífico de Capital de la República pero sin el honor que merecería tal condición aunque sí conservó la sede del poder judicial y el domicilio de la Corte Suprema de Justicia mientras que los poderes ejecutivo y legislativo tomaron residencia definitiva en La Paz, sede de gobierno.

ORzarateWillkaEn cuanto a Pablo Zárate Willka apodado “El Terrible” por la prensa de entonces, el amigo personal con quien había luchado a su lado ordenó su apresamiento el 22 de abril de 1899 en Sicasica para ser juzgado junto con su estado mayor por las atrocidades y los horrendos crímenes cometidos durante y después de la guerra federal con lo que el movimiento indígena quedó desbaratado siendo reprimido y disuelto sin contemplaciones. Después de sufrir toda clase de abusos y vejámenes, Willka fue muerto en prisión en 1903 por los mismos liberales a quienes ayudó y que solo habían utilizado a los indígenas para concretar sus ambiciones.

Así en los hechos, la sede de gobierno para la ciudad de La Paz fue obtenida en base a traición y mentiras que costaron sangre, vidas de indios y mestizos bolivianos, en su mayoría jóvenes chuquisaqueños, estudiantes universitarios y colegiales adolescentes. La revolución federalista no fue sino una simple excusa para disfrazar la mezquindad y egoísmo paceños que después de quitarle la capitalía a Sucre, consolidaron un centralismo malsano que impide el desarrollo del resto del país mismo que no ha podido romperse hasta el día de hoy.

El tema de la capitalía intentó ponerse en la agenda de la Asamblea Constituyente convocada y reunida en Sucre en 2006, pero las aspiraciones chuquisaqueñas quedaron frustradas esta vez por el gobierno populista neoliberal de Evo Morales Ayma el 10 de diciembre de 2007 en la ciudad de Oruro, no sin antes mancharse las manos con sangre de ciudadanos sucrenses solo para que La Paz continúe tomando las decisiones por todos los bolivianos.

Documentos consultados

“Llallagua, Historia de una Montaña”, Roberto Querejazú Calvo. Editorial “Amigos del Libro”, Cochabamba 1981.

“Historia General de Bolivia”, Joseph M. Barnadas. Editorial “Juventud”, La Paz 1987.

“Presidentes de Bolivia: entre urnas y fusiles”, Carlos D. Mesa Gisbert, La Paz 1990.

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