Mauricio Hochschild: «rescatiri» de mineral y gente.

La historia y la literatura minera boliviana se han ensañado con grandes emprendedores mineros como los Aramayo, Arce, Patiño, etc. resaltando únicamente el lado más sombrío de su personalidad, olvidando o peor aún ignorando el hecho de que fueron ellos quienes arriesgaron tiempo, esfuerzo y capital para explotar los yacimientos de mineral que pusieron a Bolivia en el mapa económico mundial. Quizás la plata de Huanchaca o el estaño de Llallagua jamás hubieran visto la luz dada la histórica incapacidad de los gobiernos bolivianos de hacer emprendimientos por cuenta propia (1) consecuencia entre otras cosas de no tener gente entre sus cuadros políticos con conocimiento en el área (2).

Mauricio Hochschild con los años.

Mauricio Hochschild en 1910, 1935 y 1962.

Uno de esos grandes emprendedores fue el judío alemán Mauricio Hochschild, un ingeniero de minas (3) llegado a América procedente de Hamburgo desde donde llegó a la ciudad argentina de La Plata en diciembre de 1911. Desde allí tomó el tren que lo llevó a la ciudad chilena de Valparaíso en donde ejerció como representante de una empresa minera de Frankfurt. Posteriormente estableció su base de operaciones en Coquimbo para el negocio propio de rescate de minerales. Gracias al cobre chileno, se hizo de un importante colchón financiero en poco más de diez años, lo suficiente para expandir su actividad a otros países.

Hochschild llegó a Bolivia en 1921 atraído entre otras cosas por el auge del estaño que había iniciado a principios de siglo. Comenzó con el rescate de minerales. Tal actividad consistía en comprar pequeñas cantidades de mineral hasta juntar una cantidad que estimaba suficientemente grande para exportar. Sus proveedores eran en su mayoría mineros chicos y medianos con escasos medios para encarar una producción masiva. Les atraía con un sistema de crédito conocido como «anticipo» con el cual facilitaba cantidades de dinero que variaban según la cantidad de mineral a entregar en un futuro (4). Para tal efecto, les exigía conocer su lugar de producción el cual estudiaba para ver su potencial además de sus limitaciones. Con esos parámetros, otorgaba anticipos que en ocasiones eran imposibles de pagar, así logró que muchos mineros se endeudaran de modo tal que se vieron obligados a transferirle sus minas y concesiones que en manos de Hochschild eran mucho mejor trabajadas dadas sus habilidades como ingeniero de minas y eficiente administrador. El mineral acopiado era transportado en mulas hasta el tren, del tren hasta los puertos en Chile y desde allí hasta su destino final en Europa, con preferencia la fundidora Berzelius en Alemania.

Así entre otras, se hizo dueño de las minas de Matilde, Caracoles y Bolsa Negra en La Paz, las minas de San José, Morococala e Itos en Oruro y la mina de Porco en Potosí. También tomó en arriendo la agotada famosa mina argentífera de Huanchaca en Pulacayo cuyo contenido en plata si bien era muy pobre, también contenía minerales de zinc y plomo. La desahogó, la puso en condiciones y la explotó con mucho éxito obteniendo de ella los tres minerales iniciando así otra época de auge de esta mina.

La Crisis Mundial de 1929 fue bien aprovechada por Hochschild que se hizo dueño de la Compañía Minera Unificada del Cerro de Potosí, propiedad del célebre ingeniero francés Luis Soux que se vio forzado a entrar en sociedad con el susodicho que después de inyectar un importante capital, adquirió participación mayoritaria de la mencionada compañía con la que finalmente se quedó. La misma crisis también terminó por darle el control absoluto de la mina de estaño de Colquiri en La Paz, hecho que al año siguiente lo convertiría en uno de los barones del estaño después de Simón I. Patiño y por encima de Carlos Víctor Aramayo.

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Presencia de Mauricio Hochschild en Potosí, Bolivia. Arriba en un oficio religioso, sexto desde la izquierda. A su derecha el obispo de Potosí, su hijo Gerard y su segunda esposa Germaine. Abajo uno de sus estableciemientos.

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Cada uno de los tres grandes grupos mineros era especialmente diferente del otro: Patiño había empezado desde cero, Aramayo había heredado minas de sus antepasados y Hochschild ya disponía de un capital financiero importante obtenido en Chile para arrancar en Bolivia donde surgió en base a su talento y creatividad como empresario, aspectos en los que superaba ampliamente a los otros barones como también en el hecho de ser malintencionado, inescrupuloso y manipulador, más que los otros. Nacionalistas y mentes de izquierda vieron en él el prototipo del capitalista salvaje, empresario despiadado y explotador, imagen que le valió enemigos de por vida que incluyeron mandatarios de estado con orientación socialista.

En 1939 el entonces presidente Germán Busch, emitió un decreto que le prohibía exportar a las empresas mineras, obligándoles a entregar el total de su producción al estatal Banco Minero, el único autorizado para la comercialización de minerales. Hochschild resistió el decreto e intentó sabotearlo por lo que fue acusado de «traición a la patria», luego arrestado y condenado a ser fusilado, hecho que finalmente fue evitado en dramático consejo de ministros que lograron arrancarle el perdón a Busch casi de rodillas temerosos por las repercusiones negativas en la opinión pública mundial.

En 1944 fue secuestrado por la logia militar RADEPA (Razón de Patria) encaramada en el gobierno del entonces presidente Gualberto Villarroel a cuyas espaldas se perpetró el hecho. Quisieron escarmentar a Hochschild a quien consideraban «enemigo de la patria» por supuestamente enriquecer a Chile con las ganancias hechas con mineral boliviano cuando en los hechos tan solo exportaba su capital, una acción legítima no siempre entendida por las mentes patrioteras. 44 días duró el secuestro, en ese lapso ni el FBI, ni los sabuesos de la policía, ni los detectives privados contratados ni los caza recompensas pudieron dar con Hochschild que finalmente fue liberado. Fue un escándalo mundial después del cual el magnate abandonó Bolivia para establecerse en Chile y no volver nunca más.

1952 fue el año de la «Nacionalización de las Minas» con cuyo decreto todos los bienes de los Barones del Estaño fueron confiscados. Antes de tal evento, Hochschild tuvo cuidado en trasladar todos sus capitales e intereses hacia Perú y Chile, fue indemnizado con 8.7 millones de dólares. Años antes predijo el descalabro de la minería del estaño en caso de ser nacionalizada, el tiempo, la historia y las estadísticas le dieron la razón pues la producción de estaño cayó notablemente con la administración de COMIBOL. Falleció en Chile a los 84 años de edad.

Mauricio Hochschild en Potosí, Bolivia(1940)

Mauricio Hochschild en Potosí, Bolivia(1940)

Poco o nada se suele mencionar del lado humano de Mauricio Hochschild, un hombre con problemas de «gente común» que llegó a desheredar a su hijo Gerard que derrochaba el dinero de su padre en mujeres, farras y lujos absurdos. Tenía su lado sentimental que mostró al bautizar a una de sus minas con el nombre de «Matilde» quien fuera su primera esposa. En otra ocasión un joven trabajador le hizo una caricatura que le impresionó de tal manera que le pagó una beca de estudio en artes gráficas en París donde llegó a ser uno de los principales dibujantes de un importante diario de Francia. Otra anécdota que delata su sentimentalismo sucedió cuando un sacerdote de Potosí le invitó a misa para agradecerle públicamente sus actos de caridad, invitación que Hochschild rechazó cordialmente por su condición de judío a lo que el cura le respondió: «Por fuera es usted judío pero su corazón es católico», palabras que al parecer tocaron las fibras más sensibles del Barón que finalmente asistió al oficio religioso. Pero sin duda el hecho más significativo del que recién se empiezan a conocer datos, fue su labor humanitaria en favor de la comunidad judía perseguida por la Alemania nazi antes y durante la 2da. Guerra Mundial.

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Entre las toneladas de documentación encontradas por COMIBOL en los archivos de las empresas nacionalizadas particularmente las del grupo Hochschild, figuran reportes contables, informes económicos, estudios mineros, etc. así como testimonios escritos sobre su labor humanitaria que salen a la luz después de cinco décadas desde 1952. Se pueden leer por ejemplo contratos de trabajo hechos a judíos en el área minera, cartas de niños judíos de un kindergarten de Miraflores en La Paz pidiéndole cooperación para construcción de nuevos ambientes, una carta del gobierno francés pidiéndole se lleve a Bolivia a cerca de mil huérfanos judíos e incluso una carta de la embajada de Gran Bretaña con una lista negra de empresarios y colaboradores del eje Roma, Berlín, Tokio con quienes no debía hacer ningún negocio.

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La migración judía hacia Bolivia tuvo su mayor apogeo a finales de la década de los 30 del siglo pasado, hecho que coincidió con el ascenso de Adolph Hitler como canciller de Alemania. Mauricio Hochschild impulsó las gestiones en persona para que el gobierno de Germán Busch diera luz verde a la apertura de fronteras a quienes escapaban del régimen nacional socialista (5). Así llegaron a Bolivia maestros, historiadores, poetas y especialmente agricultores a los que Hochschild pagó transporte, trámites migratorios y estadía para los recién llegados quienes en lo posterior gozaron de facilidades para iniciar actividades agropecuarias, comerciales e industriales. Unos se insertaron en la sociedad boliviana, otros emigraron a EE.UU. Argentina y Brasil.

Hochschild hizo posible la creación de organizaciones como la Sociedad de Protección de Inmigrantes Israelitas SOPRO y la Sociedad Colonizadora de Bolivia SOCOBO, instituciones que cuentan con acta de creación y estatutos propios que constan en archivos. Su propósito no se concentraba únicamente en la parte humanitaria, en rescatar inmigrantes israelitas de la barbarie nazi, sino también en integrarlos a la vida económica del país haciéndolos parte de una comunidad que contribuiría a la productividad con su particular idiosincrasia y modo de hacer negocios. Se trataba entonces de todo un proyecto que iba más allá de un acto de solidaridad pues tenía un componente empresarial a mediano y largo plazo.

Los registros de SOPRO cuentan con casi 15 mil judíos austríacos, polacos y alemanes llegados al país entre 1935 y 1940 (6) hecho que bien puede servir para considerar a Mauricio Hochschild como el Oskar Schindler de Bolivia.

Notas de pie.

  1. Empresas estatales bolivianas como YPFB (hidrocarburos), COMIBOL (minería), ENTEL (comunicaciones) se levantaron con base, iniciativa y capitales privados. Los llamados procesos de “nacionalización” confiscaron sus bienes y activos para convertirlas en botines políticos donde campean la corrupción, la burocracia y la improductividad.
  2. Sin ir lejos en la historia, el potosino Jaime Navarro dirige la Corporación Minera de Bolivia COMIBOL, empresa estatal minera boliviana siendo tan solo un estudiante de derecho aunque insiste en ser abogado titulado. Profesional o no, carecía de conocimiento y experiencia en el área minera al asumir como presidente.
  3. Moritz Hochschild (Biblis, Alemania 1881 – Santiago de Chile 1965) graduado en ingeniería de minas en Alemania, especializado en Australia, obtuvo un doctorado en economía y finanzas con una tesis sobre la comercialización de minerales. Mauricio es el nombre americanizado de Moritz.
  4. Con algunas variantes, el rescate de minerales sigue vigente hasta el día de hoy. Mauricio Hochschild es pionero de este modelo de negocio en Bolivia siendo el primer «rescatiri» de su historia, término que por cierto detestaba.
  5. Bolivia fue uno de los pocos países en América Latina con políticas de estado para recibir a un número significativo de judíos. Al margen de ello, algunos funcionarios del gobierno de Germán Busch amasaron fortunas a sus espaldas especulando con las vidas de los judíos perseguidos por Hitler a quienes vendían pasaportes a precios altos en los consulados bolivianos en Alemania.
  1. La herencia judío alemana es visible en Bolivia. Tres ex presidentes fueron hijos de alemanes: Germán Busch, Hugo Banzer y Alberto Natusch Busch.

Documentos consultados

  • «Fondo Histórico Documental Mauricio Hochschild», Carlos Antonio Tenorio. Biblioteca UMSA La Paz.
  • Archivos de la Corporación Minera de Bolivia COMIBOL.
  • «Historia de la minería andina boliviana», Carlos Serrano Bravo (2004)
  • «La Revolución boliviana», Manuel Frontaura Argandoña (1974)
  • «Secuestro Hochschild», Luis Adrián R.
  • «Dr. Moritz Hochschild, The Man and his Companies», Helmut Waszkis (2001)

 

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De la barrilla al lingote I: La fundición de Mariano Peró

La minería del estaño marcó en Bolivia un período importante en la historia republicana del siglo pasado, nombres como los de Simón I. Patiño, Mauricio Hochschild y Carlos Víctor Aramayo son símbolos del poder minero que modernizó al país, robusteció su sistema económico y lo integró al circuito financiero del mercado global. La vida y obra de los “Barones del Estaño” está abundantemente documentada y disponible en extensa bibliografía que sin embargo mantiene casi en el anonimato a otros personajes importantes de la época quizás porque en su momento pusieron en peligro enormes intereses políticos y económicos. Tal el caso de Mariano Peró, claro ejemplo de patriotismo real cuya empecinada lucha por instalar la primera fundidora boliviana de estaño convirtió a Oruro en región pionera y capital metalúrgica del país.

Se sabe que en su época, nuestros antepasados incas ya fundían el estaño en hornos nativos de arcilla que alimentaban con paja, yareta, leña, excremento seco de llama y otros combustibles naturales y baratos que abundaban en los lugares próximos a las minas pre-coloniales. Hasta los primeros años del siglo 20, tales conocimientos aún eran utilizados en la región minera de Potosí donde se fundía estaño en hornos de poca capacidad y carentes de tecnología adecuada para producir lingotes de alta pureza que requería el mundo industrializado. El agotamiento de los ricos desmontes y relaves causó el cierre de muchos de ellos a comienzos de 1910 y el ferrocarril Potosí – Antofagasta inaugurado en 1912 les dio el golpe de gracia pues incentivó la exportación de barrillas (concentrados de mineral de estaño).

MarianoPeroAramayoHijo primogénito de una numerosa familia de ascendencia europea y nacido en Sucre el 13 de agosto de 1869, Mariano Peró Aramayo comenzó a trabajar desde los 11 años en una precaria fundición de bismuto en el distrito minero de Tasna, provincia Sud Chichas de Potosí. Su pasión por el trabajo y la acumulación de conocimientos le hicieron merecedor de ascensos que con el paso de los años lo pusieron como jefe de la empresa.

Después de marchar a Buenos Aires para hacer algunos cursos universitarios, regresó a Bolivia para trabajar como jornalero en las minas de Potosí para luego irse a Huanuni en donde hizo sus primeras armas en la química de los minerales. De ahí pasó a Oruro en donde montó un ingenio de concentración de barrillas en el que patentó algunos procesos para obtener un producto limpio de 65% de ley casi libre de impurezas, ganando así su primera fortuna durante la Primera Guerra Mundial gracias a la creciente demanda de la industria militar europea.

Pero no estaba contento con sus logros pues le inquietaba el hecho de que Bolivia producía enormes cantidades de estaño solo para exportarlos en forma de barrillas para ser fundidas en el extranjero. Malasia, primer productor mundial de estaño ya fundía su propio mineral desde principios de siglo, Bolivia en cambio siendo el segundo productor mundial se había quedado estancada en la fase extractiva porque carecía supuestamente de medios y recursos para el salto a la industrialización cuando en realidad poseía una condición excepcional para poder unir la producción con la fundición. Pasar de la minería a la metalurgia, de la barrilla al lingote fue algo que Mariano Peró se tomó como un desafío personal.

Estaba consciente de que instalar una planta fundidora en Bolivia se reflejaría en mayores beneficios e ingresos para la nación pues al fundir su propio estaño y exportar un producto con valor agregado, se disminuirían los costos por fletes de transporte, puertos, penalizaciones por impurezas, compra de sacos metaleros y otros gastos erogados en el extranjero además de salvar la obligación de tranzar y comercializar con los pocos países que tenían fundiciones. Las metas y objetivos de Mariano Peró se orientaron en este sentido y en 1934 empezó los estudios para la construcción de una planta para lo cual invirtió las ganancias de su concesión minera en Chojñacota – La Paz, propiedad que adquirió pagando por ella con parte de las utilidades de su ingenio.

Hizo viajes por toda Europa buscando tecnología para fundir estaño, misma que finalmente encontró en Francia. Pagó 800 mil libras esterlinas por la patente del “Proceso Lamy” que trataba las barrillas utilizando hornos eléctricos de carga continua para luego refinarlos térmicamente hasta sacar lingotes con una pureza del 99.80 %. De vuelta en Bolivia, comenzó la construcción de las instalaciones de la futura planta en la zona de Agua de Castilla en Oruro donde colocó la piedra fundamental el 30 de Mayo de 1937, hecho trascendental que desataría una feroz batalla que lo enfrentó con los poderosos industriales mineros de entonces que utilizaron toda su influencia política y económica para sabotear, conspirar e impedir aquel noble propósito. Solo así se explican todos los obstáculos y dificultades que el proyecto encontró en su camino.

williamsSimón I. Patiño uno de los barones del estaño, era propietario de la fundición Williams Harvey de Liverpool, la más grande de Inglaterra que trabajaba casi exclusivamente con barrilla boliviana extraída de las minas del industrial minero. Es fácil suponer que la puesta en marcha de una planta fundidora en Oruro interrumpiría buena parte del suministro de mineral a la planta de Liverpool que se vería afectada en sus operaciones y finanzas. Para evitarlo, Patiño mandó elaborar un “informe técnico” sobre la factibilidad de fundir estaño en Bolivia el mismo que la condenaba a estancarse en la fase extractiva argumentando “inconveniencia económica” por la escasez de combustible barato, mano de obra calificada, influencia negativa del clima del altiplano, etc. respondiendo así también a la propuesta del presidente Ismael Montes de industrializar nuestro mineral en suelo boliviano.

Otro de los barones del estaño, Mauricio Hochschild tuvo una pelea directa con Mariano Peró cuando intentó sin éxito impedir que éste comprara la patente del “Proceso Lamy” ofreciendo pagar mucho más en una puja que al final terminó perdiendo. Además se había apoderado de la compañía “Soux & Hernández”, la más importante de Potosí a principios de siglo que entonces exportaba más estaño metálico que barrilla, hecho que cambió cuando el judío alemán la compró e hizo que no se volviera a fundir estaño nunca más.

Los industriales mineros también organizaron el robo de los planos de instalación de la planta en Oruro cuando habían llegado a Antofagasta y posiblemente hayan estado involucrados en el hundimiento de un barco en el Atlántico que venía con maquinaria y equipo indispensables. Los gobiernos sometidos a sus intereses también conspiraron cuando la burocracia estatal demoró los trámites de importación de materiales destinados a Oruro y para completar el combo; las empresas transnacionales también se negaron a prestar sus servicios. Bolivian Power impidió el suministro de energía eléctrica a la planta y Antofagasta & Bolivian Railway no quiso extender la red ferroviaria que transportaría barrilla hasta la fundición en Agua de Castilla, ambas compañías eran administradas por intereses británicos.

Mariano Peró salvó todos y cada una de estos obstáculos sistemáticamente puestos. Aunque poco pudo hacer con respecto a la red ferroviaria, respondió magistralmente a la negativa de la Bolivian Power haciendo construir un enorme grupo electrógeno de 750 KW que por desgracia fue embargado y rematado tiempo después porque no pudo pagar las enormes deudas que contrajo para construirla. Curiosamente el comprador fue otro de los barones del estaño, Carlos Víctor Aramayo.

Ante la imposibilidad de arrancar con la planta en estas condiciones, regresó a trabajar en su mina de Chojñacota para conseguir recursos que le permitieron continuar con su proyecto en Argentina donde construyó con éxito sus dos primeros hornos de fundición que ahora funcionaban con petróleo con lo que finalmente desechó el “Proceso Lamy” que necesitaba energía eléctrica.
En ese trance sucedieron los gobiernos autoritarios de militares fracasados, David Toro, Germán Busch y Enrique Peñaranda, perdedores en la Guerra del Chaco. Peñaranda, responsable de grandes desastres sufridos por el ejército boliviano a manos de los paraguayos, había sido puesto en el poder por los industriales mineros que le habían ayudado a ganar las elecciones nacionales en 1940 hasta que fue derrocado en 1943 por el mayor Gualberto Villarroel López, héroe del Chaco que entraba recién en la escena nacional.

GualbertoVillarroelLopezGualberto Villarroel era un militar con visión modernista y progresista que quería un país libre, productivo y equitativo. Promulgó leyes en favor de los indígenas y de la economía del país, eliminó los tipos de servidumbre heredados del período colonial e hizo una asamblea indígena que fue la primera de este tipo en la historia de América Latina. Fue durante su gobierno que los esfuerzos de Mariano Peró empezaron a tener una tibia acogida pues fue el primer presidente en comprender y alentar sus esfuerzos.
Entusiasmado con la idea de la planta fundidora de estaño en Oruro, hizo posible un préstamo de dinero para completar la instalación lo que no detuvo el sabotaje pues los industriales mineros escondieron la barrilla de modo que no había mineral para fundir. De todas formas Mariano Peró se las arregló para fundir estaño en Oruro y los dos primeros lingotes se los llevó al presidente Villarroel como expresión material de su patriotismo y la culminación de sus esfuerzos por lograr el sueño de fundir estaño en Bolivia.
Desgraciadamente los trágicos y desgarradores sucesos acontecidos el 21 de julio de 1946 frustraron el proyecto de país del presidente Villarroel. Aquel día una turba enardecida de gente ingresó a su despacho en Palacio Quemado donde le golpearon salvajemente, le arrojaron vivo desde el segundo piso y luego le arrastraron mientras era apuñalado y golpeado cruelmente para luego ser colgado en un farol de luz en Plaza Murillo de La Paz. El cuerpo del presidente mártir estuvo oscilando allí durante casi 10 horas.

Los móviles de este salvaje asesinato son atribuidos por una parte al gobierno de los Estados Unidos, enfurecido por una supuesta simpatía fascista del presidente Villarroel con el nazismo alemán hitleriano y con sus vínculos con el socialista militar argentino Juan Domingo Perón y por otro lado a los industriales mineros indignados ante la inminente instalación en Oruro de modernos hornos de fundición que impedirían en el futuro seguir exportando en la misma bolsa de estaño otros minerales valiosos como antimonio, cobre, bismuto, etc.

Enterado de los trágicos acontecimientos, Mariano Peró se hizo presente en La Paz un día después. Llegó a Palacio Quemado la mañana del 22 de julio de 1946 y pidió permiso para entrar al despacho del presidente. Un capitán que resultó ser el jefe de la guardia presidencial accedió al pedido y le pidió que lo siguiera. La oficina presidencial estaba todavía con los muebles caídos y los archivos en el suelo por el ataque del día anterior, allí aún estaban los dos lingotes de estaño que había traído. Este el breve diálogo que entablaron ambos:

MARIANO PERÓ: “Me llevo esto capitán porque es mío, son piezas de estaño fundidas en mi hornito de Oruro.”
CAPITÁN: “Si son suyas, lléveselas. Al cabo son de estaño nomás
MARIANO PERÓ: “Ya no tiene sentido que estén aquí, las traje hace un mes para mostrarle al presidente que es posible fundir estaño en Bolivia

Y enseguida se estremeció al ver que uno de los lingotes tenía manchas de sangre.

Traicionado por sus ministros y abandonado por sus escoltas, es probable que el presidente Villarroel haya intentado defenderse con aquellos lingotes antes de ser asesinado. El lingote manchado con sangre es parte de la historia boliviana ligada al estaño, una historia escrita con sangre minera derramada con las masacres de Uncía, Catavi y otras matanzas de mineros que vendrían después por la codicia generada por obtener el metal del diablo.

Un año después y luego de vencer en desigual lucha a industriales mineros, gobiernos títeres, fundidoras inglesas y norteamericanas, Mariano Peró comenzó a vender estaño fundido con una pureza de 99.85 % en Argentina y se esforzó por hacer llegar a los mercados europeos y norteamericanos la marca “ESTAÑO ORURO” que estaba impresa en todos los lingotes que salían de la ya consolidada “Fundición de Estaño Oruro” (FUNESTAÑO). Tal marca es ahora reconocida en el mercado internacional.
Contrario a los ridículos argumentos esgrimidos para no fundir en el país, los hornos de fundición sí funcionaban en la altura, todo el combustible y material fundente de la planta instalada a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar tienen un origen local, no había que importar carbón desde Inglaterra y el frío altiplánico no derivaba en un mayor consumo de combustible y energía, menos había que importar estaño desde Nigeria para mezclarlo con el boliviano y lograr así una supuesta mejor recuperación. Fundentes como piedra caliza, cal apagada, cuarzo, carbonato de sodio también se producían en el país y costaban la mitad de lo que hubiera costado importarlas.

Los hornos rotatorios introducidos por el señor Peró en Oruro, revolucionaron el proceso de fundición de metales pues fueron los primeros en el mundo al tratarse de tecnología nueva para la reducción de estaño con 50 % de pureza. Además la planta de Agua de Castilla tenía una ubicación estratégica al estar ubicada sobre la faja estañífera del país entre los distritos mineros de Huanuni y Colquiri, las zonas productoras más ricas e importantes en Bolivia.

El momento de la verdad para el país llegó el 9 de abril de 1952 cuando estalló la Revolución Nacional que derivó en la toma del poder por el Movimiento Nacionalista Revolucionario que nacionalizó las minas de los Barones del Estaño, hecho que quizás pudo ser evitado con la instalación de fundiciones en Bolivia por parte de Williams Harvey y el señor Patiño. Desde entonces los intereses británicos en el país comenzaron a tambalearse y aunque la planta del señor Peró fundía tan sólo una cuarta parte del estaño que se producía, los intereses extranjeros fueron heridos de muerte y el poder minero estaba casi aniquilado. Se dice que generó un ahorro de hasta 90 millones de dólares al competir con las fundiciones extranjeras, ahorro del que se beneficiaron COMIBOL, el Banco Minero, las cooperativas mineras, los mineros medianos y chicos.

La actividad metalúrgica de la Fundición de Estaño de Oruro S.A. (FUÑESTAÑO) se ha extendido por más de 70 años, hecho que por sí mismo hace que la empresa sea catalogada como pionera en la industria de la fundición en Bolivia. Hasta 1992 permaneció en la zona de Agua de Castilla desde donde se trasladó a la zona industrial de Huajara donde hoy en día sigue funcionando bajo la razón social de Operaciones Metalúrgicas S.A. (OMSA) donde se obtiene un producto del 99.99 % en lingotes de estaño.

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Mariano Peró Aramayo falleció en septiembre de 1964, no sin antes ver cumplido el sueño de contribuir con sus impuestos al desarrollo del país favoreciendo entre otras obras, a la construcción de la Ciudadela Universitaria de Oruro generando además fuentes de trabajo no solo en su empresa. Su experiencia hizo posible años después el desarrollo de otros proyectos de fundición como La Palca y Karachipampa además de la instalación y puesta en marcha de la primera fundidora estatal de estaño de ENAF en Vinto, convirtiendo al departamento de Oruro en distrito pionero en la fundición de minerales y centro metalúrgico de Bolivia.

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Documentos consultados

  • “El Poder y la Caída”, Sergio Almaráz. Editorial Los Amigos del Libro, 1980.
    – “Historia de la minería andina boliviana”, Carlos Serrano Bravo. Potosí, diciembre de 2004.
  • “Oruro Capital Metalúrgica de Bolivia”, Perspectiva Minera. “La Patria”, Oruro (22/01/2010
  • “Sergio Almaráz: El Hombre y su Obra”, Roberto Vila de Pando.
  • “Almaráz y la construcción del Estado Nacional”, Andrés Solíz Rada. “Patria Grande”, revista La Paz.
  • “La terca memoria de esos días”, Coco Manto. “Cambio”, La Paz (22/07/2007)

En su libro «El Poder y la Caída», Sergio Almaráz Paz usa la expresión “pasar de la barrilla al lingote” para referirse a la transformación de los concentrados de mineral en lingotes metálicos. La minería boliviana se estancó en la fase extractiva limitándose solo a producir concentrados (barrilla) para exportarlos en bruto.