Los Diablos de ayer y de hoy

Escribo estas líneas a solicitud amable de un personero de “El Diario” que ha querido dedicar una de sus prestigiosas páginas a la rememoración del histórico 10 de Febrero de 1781, fecha cívica principal de Oruro, ciudad consagrada últimamente “Capital Folklórica de Bolivia” y coincidentemente la motivación de estos párrafos tiene conocimiento con el folklore orureño pues creo interesante decir algo sobre la evolución de la ya famosa Entrada del Sábado de Carnaval y en ella “La Diablada” que es la que concita la máxima expectativa popular.

09_Oruro_Oruro_Febrero10_1977

Por lo menos de diez años a esta parte, viene manifestándose en Oruro un interés verdaderamente eufórico y al parecer más y más creciente por aquella entrada carnavalera con sus tradicionales comparsas de “Morenos”, “Llameros”, “Cullahuas”, “Incas”, “Chunchus” y alguna más entre las cuales la de los “Diablos” es la más brillante, bailarina y ágil y la que el público mira con especial deleitación. Pero el caso es que no fue siempre así con los rutilantes diablos de nuestros días.

Apelando a mis recuerdos de los años de 1920, puedo decir que a diferencia de los diablos de hoy, tan numerosos, tan elegantes, suntuosos, costosamente ataviados y en cuyos conjuntos hay “gente bien”, los diablos del pasado eran gente de humilde escala social, en su mayoría matarifes, popularmente llamados “mañazos” y eran tan pocos que no formaban sino un solo conjunto. Con raras excepciones, iban pobremente ataviados con disfraces en los que la pechera y el faldellín estaban descoloridos y deslustrados porque a no dudar, el disfraz había servido ya para muchas entradas, más lo que recuerdo es que en aquel atuendo la camiseta y el calzoncillo de muchos de los diablos estaban tan sucios que al escribir esto, tengo la idea de que eran los mismos que el danzarín usaba a diario y no habían sido lavados vaya uno a saber cuánto tiempo. En el traje diablesco lo singular era la careta por lo pesado que debió resultar (quizás hasta unos 3 kilos) por estar fabricada de yeso. Los diablos de aquel tiempo, además iban armados de tridentes de hierro que los chicos de entonces llamábamos “trinches” que blandían amenazadoramente a tiempo que lanzaban su peculiar y mefistofélica exclamación “Aaaarrrrrr….”

Como hoy, la antigua diablada tenía también “osos”, “china supay”, “cóndores” y “monos”. ¡Oh los monos! Eran el terror de los chicos, vestidos de amarillo y portando largos chicotes se hacían temibles porque si bien los diablos solo amagaban con sus trinches, los monos pegaban en serio con sus chicotes por lo cual los chicos optábamos casi siempre por escapar o por lo menos ocultarnos al amparo de las personas mayores.

La entrada se la realizaba siempre a lo largo de la entonces “Avenida Colombia” (hoy 6 de Octubre). Cada conjunto iba acompañado de su caravana la cual a diferencia de las actuales que se arreglan en autos, se las disponía en mulas con orfebrería y platería acaso más genuinas que ahora y era conducida por el dueño de pintoresca apariencia porque iba emponchado en fina vicuña, la cara blanqueada por entero con “harina de Chile” y profusamente engalanado con serpentinas de vistosos colores y delicada fabricación pues eran importadas. No duraba mucho la entrada de aquellos tiempos, quizás una hora a lo más y se la podía presenciar cómodamente desde cualquier sitio de la Colombia porque a diferencia de lo que ocurre hoy, no se producían agolpamientos de muchedumbre, bloqueo de esquinas ni mucho menos era necesario “agarrarse campo” o “señalar sitio” desde días antes como sucede al presente en que a mayor abundamiento, hay que pagar por los “sitios estratégicos” de la Bolívar y la plaza 10 de Febrero.

No podía precisar si el año 1927 o 1928 pero recuerdo que por esa época, las autoridades comunales considerando que la costumbre de la entrada había mucho de vulgar, plebeyo y pagano, resolvieron suprimirla radicalmente. Por lo visto la tradición se impuso y hoy por hoy la poco menos que mundialmente famosa entrada constituye poderoso medio de incremento del turismo nacional.

En fin, cabe destacar el hecho de que los refinados y opulentos diablos de hoy, descienden de aquellos pobres diablos de antaño, ni más ni menos…

Por: Misael Pacheco Loma

Oruro, Febrero de 1977.

Oruro impreso en publicaciones del siglo pasado

Una compilación de imágenes relacionadas con Oruro, publicadas en el siglo pasado en las ediciones de algunos diarios locales y del interior. Amarillentos, maltratados por polillas y ratones, los viejos periódicos estaban a punto de convertirse en combustible para una fogata improvisada y algunos a punto de ser reciclados y vendidos por unas cuantas monedas pero antes, pensé que valía la pena rescatar algunas imágenes interesantes y armar un post para mostrarlas en orden cronológico.

01_La Patria_Oruro_Febrero10_1973Así saludaba el desaparecido diario “Presencia” de La Paz a Oruro en el aniversario 192 de la rebelión del 10 de Febrero de 1781. Publicado el 10 de Febrero de 1973.

02_Hoy_LaPaz_Febrero10_1974“Ferrari Ghezzi”, una de las empresas símbolo de Oruro en el pasado, le dedicaba una página entera de salutación al 10 de Febrero de 1974, misma que publicó el desaparecido periódico paceño “Hoy”. También lo hacía la Cervecería Boliviana Nacional con uno de sus productos hecho y envasado en Oruro, otro tradicional símbolo orureño de ayer, hoy y siempre.

02_Presencia_LaPaz_Feb06_1975Publicación de “Presencia” del 6 de Febrero de 1975 dedicada a Oruro. Muestra algunos elementos característicos de la región como la grotesca ilustración de una careta de diablo, las minas de plata y estaño metal del diablo que fueron base de la fundación de la ciudad, su economía y su crecimiento. También está una referencia a la pesca en los lagos Poopó y Uru-Uru, una actividad exclusiva de los Urus, antiguos habitantes de los suelos orureños.

03_Hoy_La Paz_Jun23_1975El 23 de Junio de 1975, el periódico Hoy”, publicaba una fotografía del club argentino de fútbol Boca Juniors en el antiguo estadio “Jesús Bermúdez” de Oruro antes de jugar un partido amistoso con la selección boliviana en 1975 previo a las eliminatorias para el mundial de fútbol de Argentina 1978. Algunos de esos partidos se jugaban en Oruro que era la una de las sedes de entonces.

04_Expreso_La Patria_Oruro_Feb10_1976Más elementos y personajes característicos de la ciudad de Oruro, sobran las palabras para describir las imágenes. Publicado en el desaparecido diario orureño “El Expreso” el 10 de Febrero de 1976.

05_LaPatria_Oruro_Feb28_1976“La Patria” de Oruro tenía un suplemento cultural en donde se publicaban artículos relacionados con la literatura y otras artes cultivadas en la ciudad, mismos que solían adornarse con dibujos como estos, una máscara de diablo y otra de moreno, íconos del grandioso Carnaval de Oruro. Edición del 28 de Febrero de 1976.

06_Presencia_LaPaz_Feb10_1976“Presencia” de La Paz publicaba suplementos especiales dedicados a las efemérides de los nueve departamentos de Bolivia. El 10 de Febrero de 1976 le dedicó una a Oruro con una imagen de la vieja Plaza 10 de Febrero en su portada. El cielo que se aprecia al fondo, hoy está cubierto por los edificios del Hotel Edén y el Banco BCP.

07_Expreso_Oruro_Febrero10_1976Tal como ocurre hoy en día, las instituciones locales saludaban la efemérides de Oruro publicando sus saludos en los diarios locales. Es el caso de la empresa que hacía posible la dotación de energía eléctrica para que los orureños desempeñaran sus actividades diarias. “El Expreso”, 10 de Febrero de 1976.

08_Oruro_Oruro_Febrero10_1977Otra empresa símbolo de Oruro en el pasado, la fábrica de calzados “Zamora” que así saludaba el 10 de Febrero de 1977, aprovechando para anunciar sus productos que eran cotizados en todo el país.

09_Oruro_Oruro_Feb10_1977Los saludos no sólo se limitaban a las instituciones locales, las instituciones de alcance nacional también saludaban el 10 de Febrero expresando su homenaje, admiración y buenos deseos para los orureños. La Empresa Nacional de Telecomunicaciones saludaba así a Oruro el 10 de Febrero de 1977. Además de mostrar una obesa careta de diablo que parece inyectada con bótox, muestra también un ícono orureño relativamente nuevo en ese entonces y hoy convertida en un verdadero clásico: la cuba de fundición de la planta metalúrgica ENAF en Vinto recientemente inaugurada a principios de los 70’s.

09_Oruro_Oruro_Febrero10_1977Esta fotografía acompañaba un simpático como gracioso artículo titulado “Los Diablos de Ayer y de Hoy” de Misael Pacheco Loma que transcribiremos y postearemos en un futuro y que originalmente fue publicado en un medio escrito del que sólo tenemos título y fecha: “Oruro, Edición Cívica”, Febrero de 1977.

11_La Patria_Oruro_Feb05_1978_P“Las Cuatro Plagas”, una de las leyendas que dieron origen al grandioso Carnaval de Oruro y una impresionante ilustración que se vé aún más espectacular en su tamaño original. La Ñusta protectora de los Urus dando pelea y batiéndose con una gigantesca víbora a la que partiría en dos, un lagarto al que decapitaría y un sapo al que convertiría en piedra más millones de hormigas que quedarían convertidas en arena. Juntos todos estaban a punto de concretar un espantoso genocidio comandado por el dios Huari cuyo objetivo era limpiar la tierra a los antiguos orureños por sus creencias cristianas. Publicado en el suplemento cultural de “La Patria” el 5 de Febrero de 1978.

11_Presencia_LaPaz_Feb04_1978Fotografía de una antigua careta de diablo, horripilantemente hermosa junto con otra careta más reciente de 1978 cuyo dueño por la capa de colores rojo y azul, imagino pertenece a la magnífica Diablada Ferroviaria. Publicadas en el diario “Presencia” el 4 de Febrero de 1978.

12_La Patria_Oruro_Feb05_1978Periódico “La Patria” en Febrero de 1978 publicaba esta caricatura/dibujo de una máscara de diablo, característica de la diablada orureña, ícono y razón de ser del Carnaval de Oruro.

13_Presencia_LaPaz_Febrero16_1980El 16 de Febrero de 1980 el diario “Presencia” de La Paz publicó un suplemento dedicado a resaltar las características de los carnavales de las diferentes regiones de Bolivia, por supuesto que el carnaval de Oruro tuvo un espacio especial con artículos y fotografías de las cuales pude rescatar esta.

14_La Patria_Oruro_Feb10_1982El suplemento cultural de “La Patria” en su edición del 10 de Febrero de  1982 publicaba las fotografías de dos personalidades orureñas importantísimas que enriquecieron la historia de Oruro con enormes contribuciones. Don Marcos Beltrán Ávila (izq.) estudió en 1912 los Archivos de Indias en Sevilla y sacó a la luz el “Manifiesto de Agravios”, un documento de 1739 que anticipaba la rebelión de Juan Vélez de Córdova en contra de los españoles desde la Villa de San Felipe de Austria (Oruro), la misma que fue frustrada antes de concretarse. Se trata de un movimiento libertario muy anterior a las guerras de independencia en América Latina. Por otro lado, don Adolfo Mier (der.) también  investigó los Archivos de Indias así como el Archivo General de la Nación en Buenos Aires para finalmente revelar los sucesos del 10 de Febrero de 1781 que hasta 1920 eran totalmente inéditos y permanecían escondidos para los orureños y bolivianos que hasta entonces creían en el 25 de Mayo de 1809 (Chuquisaca) como primer grito libertario en América Latina. Sobre tales sucesos, Beltrán y Mier sostuvieron una polémica discusión en los medios escritos de entonces, tema al  cual nos referiremos en otro post.

15_Cultura_Oruro_Julio_1984 “Cultura Boliviana” era una publicación que circulaba en Oruro cada semestre. El número 43 que salió en julio de 1984, publica un dibujo que sintetiza a los actores y personajes del Carnaval de Oruro acompañado de su tradición minera. Del autor sólo tenemos la firma al pie de su obra.

16_Presencia_LaPaz_Febrero10_1987Una interesante composición mostrando la bocaza de una careta de diablo como la entrada al socavón de una mina y a un minero cargando el metal del diablo en un vagón, todo al lado de otro ícono orureño: El Faro de Conchupata. Saludo al 10 de Febrero  de 1987 cortesía del desaparecido Banco Boliviano Americano (BBA) que la hizo publicar el 10 de Febrero de 1987 en el periódico “Presencia” de La Paz.

17_LlajtaymantaData y origen de esta fotografía no la tengo a mano, sólo sé que la recorté de algún periódico en una edición publicada a finales de los 80’s o principios de los 90’s. Pertenece a los queridos y entrañables Llajtaymanta, en aquel entonces muchachos humildes que solo se preocupaban por hacer buena música. Son otro ícono orureño de ayer, hoy y siempre junto con Andino, Raíz Ancestro y Sinchilaya quienes protagonizaron inolvidables peñas folklóricas. “Cárcel de Amor” es un verdadero clásico, un himno sentimental, la mejor balada folklórica que este servidor haya escuchado jamás y que no ha visto superada hasta el día de hoy. Quizás la cueca de Neyza “Por Las Calles de Oruro”…

peter12

Salud ORUREÑOS !!!

De la barrilla al lingote (Parte 1)

La minería del estaño marcó en Bolivia un período importante en la historia republicana del siglo pasado, nombres como los de Simón I. Patiño, Mauricio Hochschild y Carlos Víctor Aramayo son símbolos del poder minero que modernizó al país, robusteció su sistema económico y lo integró al circuito financiero del mercado global. La vida y obra de los “Barones del Estaño” está abundantemente documentada y disponible en extensa bibliografía que sin embargo mantiene casi en el anonimato a otros personajes importantes de la época quizás porque en su momento pusieron en peligro enormes intereses políticos y económicos. Tal el caso de Mariano Peró, claro ejemplo de patriotismo real cuya empecinada lucha por instalar la primera fundidora boliviana de estaño convirtió a Oruro en región pionera y capital metalúrgica del país.

Se sabe que en su época, nuestros antepasados incas ya fundían el estaño en hornos nativos de arcilla que alimentaban con paja, yareta, leña, excremento seco de llama y otros combustibles naturales y baratos que abundaban en los lugares próximos a las minas pre-coloniales. Hasta los primeros años del siglo 20, tales conocimientos aún eran utilizados en la región minera de Potosí donde se fundía estaño en hornos de poca capacidad y carentes de tecnología adecuada para producir lingotes de alta pureza que requería el mundo industrializado. El agotamiento de los ricos desmontes y relaves causó el cierre de muchos de ellos a comienzos de 1910 y el ferrocarril Potosí – Antofagasta inaugurado en 1912 les dio el golpe de gracia pues incentivó la exportación de barrillas (concentrados de mineral de estaño).

MarianoPeroAramayoHijo primogénito de una numerosa familia de ascendencia europea y nacido en Sucre el 13 de agosto de 1869, Mariano Peró Aramayo comenzó a trabajar desde los 11 años en una precaria fundición de bismuto en el distrito minero de Tasna, provincia Sud Chichas de Potosí. Su pasión por el trabajo y la acumulación de conocimientos le hicieron merecedor de ascensos que con el paso de los años lo pusieron como jefe de la empresa.

Después de marchar a Buenos Aires para hacer algunos cursos universitarios, regresó a Bolivia para trabajar como jornalero en las minas de Potosí para luego irse a Huanuni en donde hizo sus primeras armas en la química de los minerales. De ahí pasó a Oruro en donde montó un ingenio de concentración de barrillas en el que patentó algunos procesos para obtener un producto limpio de 65% de ley casi libre de impurezas, ganando así su primera fortuna durante la Primera Guerra Mundial gracias a la creciente demanda de la industria militar europea.

Pero no estaba contento con sus logros pues le inquietaba el hecho de que Bolivia producía enormes cantidades de estaño solo para exportarlos en forma de barrillas para ser fundidas en el extranjero. Malasia, primer productor mundial de estaño ya fundía su propio mineral desde principios de siglo, Bolivia en cambio siendo el segundo productor mundial se había quedado estancada en la fase extractiva porque carecía supuestamente de medios y recursos para el salto a la industrialización cuando en realidad poseía una condición excepcional para poder unir la producción con la fundición. Pasar de la minería a la metalurgia, de la barrilla al lingote fue algo que Mariano Peró se tomó como un desafío personal.

Estaba consciente de que instalar una planta fundidora en Bolivia se reflejaría en mayores beneficios e ingresos para la nación pues al fundir su propio estaño y exportar un producto con valor agregado, se disminuirían los costos por fletes de transporte, puertos, penalizaciones por impurezas, compra de sacos metaleros y otros gastos erogados en el extranjero además de salvar la obligación de tranzar y comercializar con los pocos países que tenían fundiciones. Las metas y objetivos de Mariano Peró se orientaron en este sentido y en 1934 empezó los estudios para la construcción de una planta para lo cual invirtió las ganancias de su concesión minera en Chojñacota – La Paz, propiedad que adquirió pagando por ella con parte de las utilidades de su ingenio.

Hizo viajes por toda Europa buscando tecnología para fundir estaño, misma que finalmente encontró en Francia. Pagó 800 mil libras esterlinas por la patente del “Proceso Lamy” que trataba las barrillas utilizando hornos eléctricos de carga continua para luego refinarlos térmicamente hasta sacar lingotes con una pureza del 99.80 %. De vuelta en Bolivia, comenzó la construcción de las instalaciones de la futura planta en la zona de Agua de Castilla en Oruro donde colocó la piedra fundamental el 30 de Mayo de 1937, hecho trascendental que desataría una feroz batalla que lo enfrentó con los poderosos industriales mineros de entonces que utilizaron toda su influencia política y económica para sabotear, conspirar e impedir aquel noble propósito. Solo así se explican todos los obstáculos y dificultades que el proyecto encontró en su camino.

williamsSimón I. Patiño uno de los barones del estaño, era propietario de la fundición Williams Harvey de Liverpool, la más grande de Inglaterra que trabajaba casi exclusivamente con barrilla boliviana extraída de las minas del industrial minero. Es fácil suponer que la puesta en marcha de una planta fundidora en Oruro interrumpiría buena parte del suministro de mineral a la planta de Liverpool que se vería afectada en sus operaciones y finanzas. Para evitarlo, Patiño mandó elaborar un “informe técnico” sobre la factibilidad de fundir estaño en Bolivia el mismo que la condenaba a estancarse en la fase extractiva argumentando “inconveniencia económica” por la escasez de combustible barato, mano de obra calificada, influencia negativa del clima del altiplano, etc. respondiendo así también a la propuesta del presidente Ismael Montes de industrializar nuestro mineral en suelo boliviano.

Otro de los barones del estaño, Mauricio Hochschild tuvo una pelea directa con Mariano Peró cuando intentó sin éxito impedir que éste comprara la patente del “Proceso Lamy” ofreciendo pagar mucho más en una puja que al final terminó perdiendo. Además se había apoderado de la compañía “Soux & Hernández”, la más importante de Potosí a principios de siglo que entonces exportaba más estaño metálico que barrilla, hecho que cambió cuando el judío alemán la compró e hizo que no se volviera a fundir estaño nunca más.

Los industriales mineros también organizaron el robo de los planos de instalación de la planta en Oruro cuando habían llegado a Antofagasta y posiblemente hayan estado involucrados en el hundimiento de un barco en el Atlántico que venía con maquinaria y equipo indispensables. Los gobiernos sometidos a sus intereses también conspiraron cuando la burocracia estatal demoró los trámites de importación de materiales destinados a Oruro y para completar el combo; las empresas transnacionales también se negaron a prestar sus servicios. Bolivian Power impidió el suministro de energía eléctrica a la planta y Antofagasta & Bolivian Railway no quiso extender la red ferroviaria que transportaría barrilla hasta la fundición en Agua de Castilla, ambas compañías eran administradas por intereses británicos.

Mariano Peró salvó todos y cada una de estos obstáculos sistemáticamente puestos. Aunque poco pudo hacer con respecto a la red ferroviaria, respondió magistralmente a la negativa de la Bolivian Power haciendo construir un enorme grupo electrógeno de 750 KW que por desgracia fue embargado y rematado tiempo después porque no pudo pagar las enormes deudas que contrajo para construirla. Curiosamente el comprador fue otro de los barones del estaño, Carlos Víctor Aramayo.

Ante la imposibilidad de arrancar con la planta en estas condiciones, regresó a trabajar en su mina de Chojñacota para conseguir recursos que le permitieron continuar con su proyecto en Argentina donde construyó con éxito sus dos primeros hornos de fundición que ahora funcionaban con petróleo con lo que finalmente desechó el “Proceso Lamy” que necesitaba energía eléctrica.
En ese trance sucedieron los gobiernos autoritarios de militares fracasados, David Toro, Germán Busch y Enrique Peñaranda, perdedores en la Guerra del Chaco. Peñaranda, responsable de grandes desastres sufridos por el ejército boliviano a manos de los paraguayos, había sido puesto en el poder por los industriales mineros que le habían ayudado a ganar las elecciones nacionales en 1940 hasta que fue derrocado en 1943 por el mayor Gualberto Villarroel López, héroe del Chaco que entraba recién en la escena nacional.

GualbertoVillarroelLopezGualberto Villarroel era un militar con visión modernista y progresista que quería un país libre, productivo y equitativo. Promulgó leyes en favor de los indígenas y de la economía del país, eliminó los tipos de servidumbre heredados del período colonial e hizo una asamblea indígena que fue la primera de este tipo en la historia de América Latina. Fue durante su gobierno que los esfuerzos de Mariano Peró empezaron a tener una tibia acogida pues fue el primer presidente en comprender y alentar sus esfuerzos.
Entusiasmado con la idea de la planta fundidora de estaño en Oruro, hizo posible un préstamo de dinero para completar la instalación lo que no detuvo el sabotaje pues los industriales mineros escondieron la barrilla de modo que no había mineral para fundir. De todas formas Mariano Peró se las arregló para fundir estaño en Oruro y los dos primeros lingotes se los llevó al presidente Villarroel como expresión material de su patriotismo y la culminación de sus esfuerzos por lograr el sueño de fundir estaño en Bolivia.
Desgraciadamente los trágicos y desgarradores sucesos acontecidos el 21 de julio de 1946 frustraron el proyecto de país del presidente Villarroel. Aquel día una turba enardecida de gente ingresó a su despacho en Palacio Quemado donde le golpearon salvajemente, le arrojaron vivo desde el segundo piso y luego le arrastraron mientras era apuñalado y golpeado cruelmente para luego ser colgado en un farol de luz en Plaza Murillo de La Paz. El cuerpo del presidente mártir estuvo oscilando allí durante casi 10 horas.

Los móviles de este salvaje asesinato son atribuidos por una parte al gobierno de los Estados Unidos, enfurecido por una supuesta simpatía fascista del presidente Villarroel con el nazismo alemán hitleriano y con sus vínculos con el socialista militar argentino Juan Domingo Perón y por otro lado a los industriales mineros indignados ante la inminente instalación en Oruro de modernos hornos de fundición que impedirían en el futuro seguir exportando en la misma bolsa de estaño otros minerales valiosos como antimonio, cobre, bismuto, etc.

Enterado de los trágicos acontecimientos, Mariano Peró se hizo presente en La Paz un día después. Llegó a Palacio Quemado la mañana del 22 de julio de 1946 y pidió permiso para entrar al despacho del presidente. Un capitán que resultó ser el jefe de la guardia presidencial accedió al pedido y le pidió que lo siguiera. La oficina presidencial estaba todavía con los muebles caídos y los archivos en el suelo por el ataque del día anterior, allí aún estaban los dos lingotes de estaño que había traído. Este el breve diálogo que entablaron ambos:

MARIANO PERÓ: “Me llevo esto capitán porque es mío, son piezas de estaño fundidas en mi hornito de Oruro.”
CAPITÁN: “Si son suyas, lléveselas. Al cabo son de estaño nomás
MARIANO PERÓ: “Ya no tiene sentido que estén aquí, las traje hace un mes para mostrarle al presidente que es posible fundir estaño en Bolivia

Y enseguida se estremeció al ver que uno de los lingotes tenía manchas de sangre.

Traicionado por sus ministros y abandonado por sus escoltas, es probable que el presidente Villarroel haya intentado defenderse con aquellos lingotes antes de ser asesinado. El lingote manchado con sangre es parte de la historia boliviana ligada al estaño, una historia escrita con sangre minera derramada con las masacres de Uncía, Catavi y otras matanzas de mineros que vendrían después por la codicia generada por obtener el metal del diablo.

Un año después y luego de vencer en desigual lucha a industriales mineros, gobiernos títeres, fundidoras inglesas y norteamericanas, Mariano Peró comenzó a vender estaño fundido con una pureza de 99.85 % en Argentina y se esforzó por hacer llegar a los mercados europeos y norteamericanos la marca “ESTAÑO ORURO” que estaba impresa en todos los lingotes que salían de la ya consolidada “Fundición de Estaño Oruro” (FUNESTAÑO). Tal marca es ahora reconocida en el mercado internacional.
Contrario a los ridículos argumentos esgrimidos para no fundir en el país, los hornos de fundición sí funcionaban en la altura, todo el combustible y material fundente de la planta instalada a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar tienen un origen local, no había que importar carbón desde Inglaterra y el frío altiplánico no derivaba en un mayor consumo de combustible y energía, menos había que importar estaño desde Nigeria para mezclarlo con el boliviano y lograr así una supuesta mejor recuperación. Fundentes como piedra caliza, cal apagada, cuarzo, carbonato de sodio también se producían en el país y costaban la mitad de lo que hubiera costado importarlas.

Los hornos rotatorios introducidos por el señor Peró en Oruro, revolucionaron el proceso de fundición de metales pues fueron los primeros en el mundo al tratarse de tecnología nueva para la reducción de estaño con 50 % de pureza. Además la planta de Agua de Castilla tenía una ubicación estratégica al estar ubicada sobre la faja estañífera del país entre los distritos mineros de Huanuni y Colquiri, las zonas productoras más ricas e importantes en Bolivia.

El momento de la verdad para el país llegó el 9 de abril de 1952 cuando estalló la Revolución Nacional que derivó en la toma del poder por el Movimiento Nacionalista Revolucionario que nacionalizó las minas de los Barones del Estaño, hecho que quizás pudo ser evitado con la instalación de fundiciones en Bolivia por parte de Williams Harvey y el señor Patiño. Desde entonces los intereses británicos en el país comenzaron a tambalearse y aunque la planta del señor Peró fundía tan sólo una cuarta parte del estaño que se producía, los intereses extranjeros fueron heridos de muerte y el poder minero estaba casi aniquilado. Se dice que generó un ahorro de hasta 90 millones de dólares al competir con las fundiciones extranjeras, ahorro del que se beneficiaron COMIBOL, el Banco Minero, las cooperativas mineras, los mineros medianos y chicos.

La actividad metalúrgica de la Fundición de Estaño de Oruro S.A. (FUÑESTAÑO) se ha extendido por más de 70 años, hecho que por sí mismo hace que la empresa sea catalogada como pionera en la industria de la fundición en Bolivia. Hasta 1992 permaneció en la zona de Agua de Castilla desde donde se trasladó a la zona industrial de Huajara donde hoy en día sigue funcionando bajo la razón social de Operaciones Metalúrgicas S.A. (OMSA) donde se obtiene un producto del 99.99 % en lingotes de estaño.

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Mariano Peró Aramayo falleció en septiembre de 1964, no sin antes ver cumplido el sueño de contribuir con sus impuestos al desarrollo del país favoreciendo entre otras obras, a la construcción de la Ciudadela Universitaria de Oruro generando además fuentes de trabajo no solo en su empresa. Su experiencia hizo posible años después el desarrollo de otros proyectos de fundición como La Palca y Karachipampa además de la instalación y puesta en marcha de la primera fundidora estatal de estaño de ENAF en Vinto, convirtiendo al departamento de Oruro en distrito pionero en la fundición de minerales y centro metalúrgico de Bolivia.

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Documentos consultados


- “El Poder y la Caída”, Sergio Almaráz. Editorial Los Amigos del Libro, 1980.
- “Historia de la minería andina boliviana”, Carlos Serrano Bravo. Potosí, diciembre de 2004.
- “Oruro Capital Metalúrgica de Bolivia”, Perspectiva Minera. “La Patria”, Oruro (22/01/2010
- “Sergio Almaráz: El Hombre y su Obra”, Roberto Vila de Pando.
- “Almaráz y la construcción del Estado Nacional”, Andrés Solíz Rada. “Patria Grande”, revista La Paz.
- “La terca memoria de esos días”, Coco Manto. “Cambio”, La Paz (22/07/2007)

Oruro y la capital de la República

Entre abril y octubre de 1899, la ciudad de Oruro se convirtió de hecho en la capital de la república como consecuencia de una sangrienta guerra civil que enfrentó al norte con el sur del país. Terminadas las hostilidades, se firmaron allí decretos con los cuales quedaron definitivamente establecidos hasta el día de hoy, el sistema de gobierno, la sede de los poderes del estado y la capital constitucional de Bolivia, temas que sin embargo aún siguen discutiéndose en nuestros días.

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Es un problema que el país arrastra desde su nacimiento a la vida independiente: la sede de la capital de la república. ¿Debería quedarse en Sucre, ciudad pequeña, aislada y aferrada orgullosamente a los recuerdos de su hegemonía colonial? ¿Debería irse a La Paz, ciudad populosa, progresista y próxima a nuevas fuentes de riqueza? Tal controversia intentó resolverse en una sesión de congreso reunida en Sucre el 18 de noviembre de 1898, misma en la que se discutió un proyecto de ley para que el poder ejecutivo fijase su residencia permanente y definitiva en esta ciudad para terminar con la patética imagen que brindaban los presidentes de entonces, acostumbrados a recorrer el país montados en una mula tratando de escapar a las circunstancias y los vaivenes de la inestable política boliviana.

El proyecto que fue presentado por los representantes conservadores chuquisaqueños, fue rechazado de entrada por los representantes liberales paceños que intentaron convencer a sus pares de discutir el asunto en una ciudad neutral. Como estas gestiones fracasaran, abandonaron la ciudad en señal de protesta para luego regresar a La Paz y reunirse allí con otros líderes liberales con quienes formaron una Junta de Gobierno que después de declarar la revolución, impuso un sistema de gobierno federal bajo el argumento de que sería el más conveniente para los intereses de la nación. Esto quería decir que en adelante las riquezas del departamento de La Paz sólo se destinarían para su propio desarrollo y no para atender las necesidades de los otros departamentos, olvidando que regiones como Oruro y Potosí contribuían enormemente en su progreso tal  como lo siguen haciendo hoy en día.

Así, Bolivia quedó conmovida con el estallido de una sangrienta guerra civil cuyo objetivo final en el fondo era obtener la capitalía plena de una nación dividida por una profunda rivalidad regional, política y hasta racial dirigida entonces por el conservador presidente Severo Fernández Alonso desde 1896, quien marchó hasta Oruro para instalar su cuartel general. Allí había vivido varios años acumulando una gran fortuna al hacerse dueño de la famosa mina de San José que según dicen sus detractores la obtuvo utilizando medios ilícitos.

Desde Oruro, el presidente Fernández Alonso llamó a las fuerzas militares reclutadas en Sucre, Cochabamba y otras regiones del país que aún permanecían subordinadas a su autoridad. A mediados de enero 1899, el ejército conservador comenzó su lento y temeroso avance hacia el norte parando en el pueblo de Viacha a 30 kilómetros de La Paz, donde  el mando de de las tropas liberales revolucionarias había sido asumido por el coronel José Manuel Pando, candidato liberal a la presidencia para las frustradas elecciones de aquel año quien armó barricadas en las calles de la ciudad, mandó emisarios en busca de armas al Perú y pidió ayuda a los caciques aimaras para que le colaboraran en su campaña contra las fuerzas conservadoras. Acudió entre ellos el líder indígena Pablo Zárate Willka, amigo personal de Pando nacido en la comunidad de Sicasica, provincia Aroma de La Paz, caudillo inteligente, gran estratega militar, severo, tenaz, persuasivo, toda una autoridad reconocida en comunidades importantes como Pacajes, Sicasica, Inquisivi, Paria, Carangas, Tapacarí y Ayopaya que no dudaron en acudir a su llamado.

Los primeros choques ocurrieron el 21 de enero de 1899 cuando las tropas del presidente Fernández Alonso marcharon desde Viacha a Corocoro en busca de víveres volviendo con varias cabezas de ganado y caballos, hecho que enardeció los ánimos de la indiada afín al coronel Pando que rodeó el pueblo y atacó a las fuerzas conservadoras con piedras lanzadas con hondas, tiros de revólver y dinamita proporcionada por algunos mineros asociados a la causa federal. Después de algunas horas de combate y agotada su munición, los soldados constitucionalistas abandonaron al galope la plaza donde se defendían siendo atacados por indios y mineros parapetados sobre los techos y en las esquinas. Murieron 27 indígenas, dos soldados y hubo varios heridos,

Los sobrevivientes en su mayoría jóvenes soldados chuquisaqueños, decidieron volver a Viacha desviándose por Ayo Ayo para evitar una eventual concentración de indios en el camino. En este pueblito se encontraron con otra compañía de soldados chuquisaqueños, orureños y cochabambinos con los que avanzaron hasta Viacha escoltando seis carretas cargadas con armas y munición. El coronel Pando sabedor de este movimiento por aviso de los indios, envió una fuerza de caballería que rodeó Viacha dando lugar a un combate que tuvo lugar el 24 de enero en el cruce del camino de Ayo Ayo con el de Luribay (Crucero de Chacoma) en el cual las tropas constitucionales sorprendidas de frente por las federales y acosadas en los costados por los indios, se defendieron desordenadamente sufriendo numerosas bajas hasta que se replegaron con dirección a Oruro. Cuatro de las carretas se incendiaron explotando su contenido durante el intercambio de fuego, las otras dos cayeron en poder de los federales junto con varios prisioneros.

Las tropas constitucionales en retirada dejaron a sus heridos en Ayo Ayo al cuidado del cura de su iglesia, un capellán militar y el cura de Viacha. Al caer la tarde, más de un centenar de indios alcoholizados rodeó el pueblo, tomó la plaza principal, atacó viviendas particulares y asedió a los heridos refugiados en el templo. Por la noche tomaron la iglesia, forzaron las puertas donde estaban los refugiados y entraron para luego masacrarlos bárbaramente, partiéndoles las cabezas con hachas, sacándoles los ojos, rasgándoles la piel con alambres, apuñalándoles, desnudándoles y arrastrándolos por las calles hasta matarlos.  La tragedia ocurrió el mismo día del combate del Crucero de Chacoma y terminó con el brutal asesinato de 27 soldados, el capellán militar y los dos curitas.

La sed de sangre y muerte de los indios aliados de los liberales no terminó allí. Declararon una guerra a muerte contra la raza blanca atacando no solo a tropas constitucionales sino también a tropas federales como ocurrió con un grupo de oficiales y soldados organizados en la provincia Inquisivi que antes de ser degollados fueron vejados, torturados, arrastrados por caballos y asesinados salvajemente con golpes de macanas, palos, piedras, hachas y cuchillos. De 130 soldados masacrados solo se salvó uno que vivió para contar aquel horripilante banquete de sangre en el que perecieron todos sus compañeros en la iglesia de Mohoza, festín que comenzó a las ocho de la noche del 28 de febrero de 1899 y terminó a las diez de la mañana del día siguiente.

Las ignorantes hordas aimaras encabezadas por Pablo Zárate Willka nada entendían ni nada les importaba el conflicto entre liberales y conservadores, federalistas y constitucionales, La Paz y Chuquisaca, norte y sur. Solo empuñaban sus instrumentos de exterminio impulsados por el anhelo milenario de recuperar el dominio de su hábitat ancestral sometido por siglos a amos extranjeros, incas quechuas, conquistadores españoles y ahora sus descendientes.

Documentos de la época constatan el salvajismo y la brutalidad de los indios. Se describe por ejemplo el horror que vivieron en su hacienda de Tolapalca un granjero inglés y su hijo de 14 años cuyos cadáveres fueron encontrados uno con la cabeza perforada y otro con la cabeza partida en dos por un hacha, ambos con los ojos arrancados, la piel quemada y desprendida como si se tratara de un guante. Otro testimonio relata cómo un italiano dedicado a la explotación de goma fue cortado a pedazos por la indiada del pueblo de Challana en la provincia Larecaja, otro relata cómo en Corocoro un noruego gerente de una compañía minera disparó matando a su familia y a él mismo para evitarse el padecimiento de una muerte horrible a manos de decenas de indios que los tenían rodeados.

La bestialidad de los indios trogloditas se contagió a los aimaras y quechuas de otras provincias de La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba que comenzaron a perseguir a propietarios de minas, administradores de casas comerciales y otros que buscaron asilo y refugio en la ciudad de Oruro. Tal situación que amenazaba con salirse de control motivó al coronel Pando a escribirle una proposición de paz al presidente Fernández Alonso mediante carta enviada desde Caracollo el 4 de marzo de 1899 en la cual le pidió su renuncia en nombre de la Junta Militar para unificar ambos ejércitos, calmar la ferocidad de los indios, acabar con la guerra civil, devolverle la tranquilidad a Bolivia y convocar a una asamblea constituyente.    

El presidente Fernández Alonso rechazó tal propuesta argumentando motivos constitucionales mediante carta dirigida desde Oruro el 5 de marzo de 1899, después de la cual el ejército federalista comenzó su avance hasta aquella capital. En el camino se encontraron con las tropas constitucionales y libraron el combate decisivo desde las tres de la tarde del 10 de abril de 1899 en una gran planicie sembrada de cebada donde el camino de Oruro a Lequepalca hacía cruz con el de Paria a Caracollo (Crucero de Paria).

Ya al anochecer, las fuerzas indígenas de Zárate Willka y el ejército federal de José Manuel Pando terminaron infringiendo una aplastante derrota a las fuerzas constitucionales con numerosas bajas en ambos lados. El presidente Severo Fernández Alonso pasó esa noche en Oruro y al amanecer del día siguiente tomó la ruta del exilio a Chile. El 12 de abril 1899 el coronel Pando hizo su entrada triunfal en la ciudad de Oruro, lado a lado con Willka, los ejércitos de ambos se mezclaron y marcharon en medio de una impresionante multitud por las calles de Oruro.

ORPandoDos días después, la Junta de Gobierno revolucionaria allí reunida, proclamó mediante decreto a La Paz como capital de la República y convocó para agosto a elecciones para elegir a los miembros de una asamblea constituyente a la que llamaron convención nacional, misma que después de ser conformada con abrumadora mayoría liberal se reunió en Oruro el 20 de octubre siendo los dos temas centrales de su agenda, la elección del Presidente de la República y la federalización del país. El primer punto no ofreció mayores dificultades pues el coronel José Manuel Pando tenía el apoyo casi total de los asambleístas convencionales para ser elegido, hecho que ocurrió el 25 de octubre de 1899 cuando recibió la investidura presidencial después de ser favorecido con casi la totalidad de los votos de los miembros de la convención.

El segundo punto fue objeto de fuertes y acalorados debates que terminaron finalmente con la continuidad del sistema de gobierno unitario para la nación, enterrando así el pretendido sistema federalista en cuyo nombre se había combatido sangrientamente. Curiosamente el coronel Pando líder de la revolución federal, abogó por el unitarismo poniendo así en evidencia el objetivo de fondo de los liberales paceños que solo era hacerse con el poder para llevarse la capital a La Paz. Para darle un consuelo a la adolorida y derrotada ciudad de Sucre, se le dejó tan solo el triste título honorífico de Capital de la República pero sin el honor que merecería tal condición aunque sí conservó la sede del poder judicial y el domicilio de la Corte Suprema de Justicia mientras que los poderes ejecutivo y legislativo tomaron residencia definitiva en La Paz, sede de gobierno.

ORzarateWillkaEn cuanto a Pablo Zárate Willka apodado “El Terrible” por la prensa de entonces, el amigo personal con quien había luchado a su lado ordenó su apresamiento el 22 de abril de 1899 en Sicasica para ser juzgado junto con su estado mayor por las atrocidades y los horrendos crímenes cometidos durante y después de la guerra federal con lo que el movimiento indígena quedó desbaratado siendo reprimido y disuelto sin contemplaciones. Después de sufrir toda clase de abusos y vejámenes, Willka fue muerto en prisión en 1903 por los mismos liberales a quienes ayudó y que solo habían utilizado a los indígenas para concretar sus ambiciones.

Así en los hechos, la sede de gobierno para la ciudad de La Paz fue obtenida en base a traición y mentiras que costaron sangre, vidas de indios y mestizos bolivianos, en su mayoría jóvenes chuquisaqueños, estudiantes universitarios y colegiales adolescentes. La revolución federalista no fue sino una simple excusa para disfrazar la mezquindad y egoísmo paceños que después de quitarle la capitalía a Sucre, consolidaron un centralismo malsano que impide el desarrollo del resto del país mismo que no ha podido romperse hasta el día de hoy.

El tema de la capitalía intentó ponerse en la agenda de la Asamblea Constituyente convocada y reunida en Sucre en 2006, pero las aspiraciones chuquisaqueñas quedaron frustradas esta vez por el gobierno populista neoliberal de Evo Morales Ayma el 10 de diciembre de 2007 en la ciudad de Oruro, no sin antes mancharse las manos con sangre de ciudadanos sucrenses solo para que La Paz continúe tomando las decisiones por todos los bolivianos.

Documentos consultados

“Llallagua, Historia de una Montaña”, Roberto Querejazú Calvo. Editorial “Amigos del Libro”, Cochabamba 1981.

“Historia General de Bolivia”, Joseph M. Barnadas. Editorial “Juventud”, La Paz 1987.

“Presidentes de Bolivia: entre urnas y fusiles”, Carlos D. Mesa Gisbert, La Paz 1990.

Patria, libertad e independencia: Oruro gritó antes que Chuquisaca

El grito libertario en Chuquisaca se produjo el 25 de mayo de 1809, en La Paz el 16 de julio del mismo año y en Cochabamba el 14 de septiembre de 1810. Sin embargo el de Oruro es anterior a todos ellos así que respetando el orden cronológico de los hechos, el 10 de Febrero de 1781 encabeza a todos los anteriores y se constituye así en el primero de los pronunciamientos emancipadores e independistas en América Latina.

Tales hechos históricos no han merecido un estudio responsable y convincente que refleje la verdad, incluso los estudios considerados serios han sido distorsionados por ideologías cargadas de intereses mezquinos y regionalistas que imperaban en aquellos momentos, las mismas que manosearon la verdad histórica y sus protagonistas de una manera vergonzosa.

La prerrogativa del primer grito libertario lanzado en el Alto Perú, fue atribuido cronológicamente y sin mayores observaciones a Chuquisaca, primacía que disputó con La Paz que por su lado también se creía precursor del movimiento independista. Esta disputa encendió acalorados debates y discusiones sobre la sede de la capital de la república que fueron el detonante para el estallido de una sangrienta guerra civil en diciembre de 1898.

Oruro sin embargo evitó sembrar luto y dolor en los hogares bolivianos y se mantuvo pacífica, fraternal y trabajadora no obstante haber establecido en el calendario histórico nacional el 10 de Febrero de 1781 como aniversario cívico y efeméride departamental, fecha que fue ignorada por toda la nación o simplemente confundida con una sublevación de indígenas en contra de los españoles para restaurar el imperio incásico y que apenas merecía breves comentarios por parte de los historiadores.

Las cosas se habrían quedado así de no haber sido por el arduo trabajo de investigación histórica de un joven profesional nacido en Oruro que en 1884 reveló a toda Bolivia que la revolución de 1781 en Oruro no fue una simple sublevación de indígenas sino que fue una verdadera iniciativa de guerra de la independencia llevada a cabo por criollos, mestizos e indios con el deseo manifiesto de establecer una patria libre e independiente.

Cansado de buscar y no encontrar algo importante relacionado con la contribución de Oruro a la independencia de Bolivia en las obras nacionales de historia y viejos documentos oficiales de la colonia que en muchos casos habían sido distorsionados y malinterpretados, don Adolfo Mier y León expuso el 6 de agosto de 1884 el fruto de sus largas investigaciones emprendidas de manera tenaz y perseverante que lo llevaron a encontrar en Buenos Aires los documentos del tomo 5º de la “Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las provincias del Río de La Plata” de don Pedro de Angelis, una relación histórica que contaba y explicaba en detalle los hechos sucedidos el 10 de Febrero de 1781. Fue así como Bolivia se enteró por vez primera de la vibrante proclama de Sebastián Pagador, clara, sin vacilaciones y sin medias tintas:

“Amigos paisanos y compañeros: en ninguna ocasión podemos mejor dar evidentes pruebas de nuestro amor a la patria sino en esta, no estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas gustosos en defensa de la libertad convirtiendo toda la humildad y rendimiento que hemos tenido con los europeos en ira y furor…”

Sebastián Pagador, 10 de Febrero de 1781.

Es difícil creer que la Real Villa de San Felipe de Austria siendo en ese entonces el centro más poblado de la patria, con los recursos minerales que disponía y con su estratégica posición geográfica se hubiese quedado inerte sin haber tenido una influencia y participación importantes en la emancipación americana. La historia dice que no fue así, la historia dice que el 10 de Febrero de 1781 fue un acontecimiento de carácter nacional y continental, una fecha épica y memorable en la que por vez primera durante la colonia, un pueblo entero desconoció el derecho divino impuesto por el Rey de España, proclamando patria y libertad repudiando el régimen de penosa e inhumana servidumbre y arbitrariedades impuestas por los conquistadores.

Fue el 10 de Febrero de 1781 el que sirvió de cimiento e inspiración para movimientos posteriores en el Alto Perú como los de Chuquisaca y La Paz que sucedieron casi 30 años después y fueron los nobles sacrificios de Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, Sebastián Pagador, Clemente Menacho, Diego Flores, Manuel, Nicolás y Domingo Herrera, José Azurduy, Miguel Portillo, Francisca y María Quiróz, Mariano Bernal Lira, Nicolás Caro, Francisca Gola y otros los que inmortalizaron esta fecha.

En días posteriores a aquel 6 de agosto de 1884, don Adolfo Mier emprendió una campaña de difusión de la verdad histórica sobre la gloriosa epopeya de 1781 con la publicación de libros, folletos y documentos existentes en los archivos de Sucre y Buenos Aires, organizando conferencias y escribiendo artículos de prensa que muchas veces le han ocasionado serias y apasionadas polémicas pues tal como ocurre hoy en día, imperaba en Bolivia un marcado regionalismo entre los pueblos y cada cual quería para sí el mérito de haber dado el primer grito libertario de emancipación latinoamericana. Y tal como ocurre hoy en día, la investigación de Adolfo Mier fue menospreciada, la figura de Sebastián Pagador minimizada y los hechos del 10 de Febrero de 1871 restados en su importancia.

En 1926 bajo la presidencia de Hernando Siles, se intentó opacar los acontecimientos del 10 de febrero de 1781 y se intentó cambiar la fecha de la efeméride de Oruro por el 6 de octubre de 1810 que por un tiempo resultó ser la única fecha reconocida por el resto de las autoridades nacionales y también las locales que no siempre han sido orureñas. Sin embargo el 6 de octubre de 1806 ha sido olvidado con el tiempo y suprimido del calendario histórico de Oruro sin saberse los motivos aunque fue desempolvado para celebrar un bicentenario en 2010 que los orureños ya habían conmemorado en febrero de 1981.

La historia ha dado su veredicto y ha dado una respuesta afirmativa, categórica y rotunda: El grito de Oruro fue el primero que despertó a América Latina el 10 de Febrero de 1781 y Oruro mismo pudo haberlo hecho mucho antes en julio de 1739 cuando un grupo de orureños encabezados por Juan Vélez de Córdoba e inspirados en su “Manifiesto de Agravios” intentó dar un primer grito de emancipación que fue desbaratado por una traición antes de llevarse a cabo. Tal hecho ha sido documentado en el “Archivo de General de las Indias” de Sevilla en España y fue dado a conocer por el ilustre orureño don Marcos Beltrán Ávila, tema que será objeto de revisión en otro post.

Documentos consultados    

“La Iniciativa de Oruro en 1781” por Adolfo Mier (10/02/1884)

“Acción grandiosa del 10 de Febrero de 1781” por H. César Cadima Maldonado,  “La Patria” Oruro (10/02/1976)

“Adolfo Mier y el 10 de Febrero” por Jorge Fajardo, “Presencia” La Paz (10/02/1981)

“¡Oruro en el primer grito libertario!” por Luis Gareca Oporto, “La Patria” Oruro (10/02/1991)

La entrada del primer ferrocarril en Oruro (Parte II)

La construcción del ferrocarril Antofagasta – Oruro duró casi 20 años, su extensión total era de 924 kilómetros de los cuales 564 Km. correspondían al tramo desde la frontera entre Chile y Bolivia hasta la ciudad de Oruro. Los costos globales en este tramo sumaron alrededor de las 750 mil libras esterlinas que cubrieron el tendido de las vías, mano de obra, equipo, materiales y otros. Antes de proceder a la inauguración, el ministro de gobierno y Obras Públicas general Telmo Ichazo realizó una inspección de avance de obras y decidió el 11 de abril de 1882 en Uyuni que la inauguración del ferrocarril se haría en la ciudad de Oruro. Posterior a esto el gobierno le pidió un informe detallado a la jefatura del Cuerpo Nacional de Ingenieros de la República, oficina que expidió un documento fechado el 1º de mayo de 1892 en el cual se expresaba la solidez con la que la línea había sido construída, siendo el material rodante y el de tracción de buena fábrica, ponderando además el aire de elegancia y sencillez de todas sus estaciones. En resumen el ferrocarril estaba en condiciones de brindar un servicio satisfactorio.

Un día antes de la inauguración, Oruro ya experimentaba un gran movimiento de gente en la ciudad a la que además concurrió gente de los pueblecillos y las villas aledañas, atraídas por la novedad del espectáculo anunciado. Era entonces la Real Villa de San Felipe de Austria un pueblo con todas las apariencias de una aldea grande tanto interior como exteriormente, la ciudad estaba enclavada en medio de la llanura gris, pelada de vegetación y al pie de unos cerros chatos y horadados por los túneles de las minas. Sus calles eran estrechas, la mayoría de ellas carecían de aceras aún en los puntos más céntricos, muchas ni siquiera tenían empedrado y en tiempos de lluvia se convertían en arroyos que se formaban con las aguas fluviales que corrían convirtiendo el piso en lodazales y charcos que se entraban por las puertas al interior de las casas. Tampoco se conocían los servicios de alumbrado eléctrico, alcantarillado ni agua potable, el agua era casi un artículo de lujo pues la traían desde muy lejos y había que comprarla por cántaros. Las más de las casas eran solo de planta baja y pocas habían de dos pisos, los techos eran comúnmente de paja y las paredes de adobe desmesuradamente gruesas, servían para preservar el interior del frío intenso que era permanente en ese desierto de la meseta andina cuya elevación es de 3715 metros sobre el nivel del mar.

Con una población escasa de 12 mil habitantes, la vida era dura por su falta de variedad, emociones y comodidades. La gente solo vivía en la labor jornalera acumulando poco a poco bienes que después gozaban con mesura y parquedad ya que el medio no era propicio para un gran derroche. El vivir del orureño era lento, monótono, regular. De día trabajaban en las oficinas de los ingenios o el interior de la tierra extrayendo metales, en la tarde se reunían en las cantinas o en algún círculo herméticamente cerrado para evitar el polvo que el viento siempre violento y continuo levantaba de la arenosa llanura y lo arrojaba al caserío de la modesta ciudad para hacerla viajar por las calles sin empedrado, cubriendo todo con el color parduzco de las cosas viejas. Ya en la noche eran el andar y los paseos modestos, quizás la charla con amigos íntimos en un salón sin hogar y sin lumbre, pobremente iluminado con bujías o lámparas de petróleo, vagando por los asuntos ordinarios del día, los comentarios sañudos y procaces de las debilidades de cada uno, las discusiones acaloradas e iracundas de los trajines electorales y así día a día. Esta rutina diaria cambiaría el 15 de mayo de 1892.

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Aquel día hubo fiesta en Oruro. La ciudad despertó con las dianas militares desde el amanecer, se preparaban los desfiles, los escolares correteaban ansiosamente y se alistaban fiestas pomposas con la asistencia de miles de personas que se reunieron en la plaza principal para recibir el ferrocarril, una moderna tecnología que tenía capacidad para transportar centenares de pasajeros y decenas de toneladas de carga, en un solo viaje. Era el vehículo más moderno de la época, después del barco a vapor.

La ceremonia de inauguración estaba organizada con una solemnidad igual de pomposa, típica de los gobernantes criollos que gustan de mostrar sus obras de esta forma. El palacio de gobierno en la plaza principal de Oruro estaba profusamente adornado y embanderado para la circunstancia, en aquel sitio estuvieron congregados el presidente de la República, doctor Aniceto Arce vestido con un traje ceremonial con su banda tricolor en el pecho y un sombrero de dos picos con enormes plumas de colores de la bandera nacional; los ministros de Estado, los ministros de Francia y el Perú; el prefecto de Oruro, Zenón Dalence; el cónsul de Inglaterra, Juan Barnett; el comandante general del ejército, Ramón González, el ingeniero constructor del ferrocarril, José Heusler; y muchos otros funcionarios públicos y delegados, con un gran concurso del pueblo de Oruro.

Hasta la una de la tarde estaban ya instaladas provisionalmente las rieles desde la estación para permitir la llegada de las máquinas hasta la calle Gobierno (hoy Presidente Montes), los últimos tramos habían sido incluso asegurados con clavos de oro. Una hora después, a las 2 de la tarde del 15 de mayo de 1892, entraron bajo la portada triunfal en puertas de palacio las locomotoras bautizadas con los nombres de “Arce”, “Oruro” y “Cochabamba” cargando tras de sí diversos carros y bodegas lujosamente adornadas de banderas y flores. Antes de martillar simbólicamente el último clavo de oro sobre el último riel, el presidente Arce profundamente emocionado y casi al borde de las lágrimas pronunció este significativo discurso a su auditorio:

ArceTren06“Esta es señores, la primera fruición que halaga mi espíritu, durante el largo período que llevo consagrado a las penosas labores administrativas. Está realizada mi más grande aspiración desde que aprendí a servir y amar a la Patria buscando para ella los medios efectivos de su engrandecimiento. Veo aquí, en el centro de Bolivia, el primer ferrocarril que viene a anunciarnos una gran transformación, vigorizando nuestras fuerzas sociales.

Sabéis, señores, que mi intervención en la política ha obedecido únicamente al deseo de procurar la prosperidad del país por medio de una línea férrea que facilite sus relaciones con los mercados extranjeros. Sabéis, si he buscado el poder, ha sido con ese propósito, para cuya ejecución he omitido esfuerzos y sacrificios.

Me siento satisfecho al contemplar mi obra terminada y estoy ampliamente indemnizado de las contradicciones con que la pasión, unas veces y otras la ignorancia, se propusieron sentarme el camino hacia este grandioso fin.

He luchado no solamente con la naturaleza que se opuso tenazmente a mi proyecto, sino también con vosotros que pensabais que abría un camino para nuestros pasados enemigos, los chilenos. Pero mis esfuerzos no eran para eso, eran para que el progreso llame a nuestras puertas y conduzca a nuestra Patria a un futuro de eterna grandeza.

El pueblo de Oruro que por su ventajosa topografía ha de alcanzar en remoto tiempo un gran desarrollo, ha sido el primero en recibir los beneficios del ferrocarril. Empero, este clavo que tengo la honra de fijar al término de la nueva línea, no será el último, porque ella se ha de prolongar a los demás departamentos, llevando la fuerza y la vida hasta los confines del territorio en el departamento del Beni.

¡Señores: que el día de hoy sea el principio de nuestra regeneración!. Dejemos que Bolivia se levante por la industria que se vigoriza por el trabajo que ennoblece y por el orden y la paz que hacen grande y fuerte a los pueblos. Y ahora si quieren… pueden matarme”.

Dicho esto y entre algunas risas, aplausos, silbidos, vivas y gritos eufóricos, el presidente Arce se arrodilló y golpeó remachando el último clavo de oro al mismo tiempo que sonaba el choque de percusión seguido de la diana de la banda junto con las cual resonaron como un sollozo estas palabras suyas: “Si hice bien, fue solamente por cumplir con mi deber, y si hice mal aquí me tenéis… mátenme pero llenada está mi tarea”

Así de esta forma se inauguró en Oruro el servicio ferroviario en la república, así de esta forma Aniceto Arce Ruíz pasó a la página más gloriosa y verdaderamente revolucionaria de la historia boliviana efectuando el proceso de cambio más importante para el país en uno de los peores momentos por los que atravesaba Bolivia en los cuales imperaba una mayúscula crisis económica y política a pocos años de librada la Guerra del Pacífico en 1879. Desde entonces Arce y tren son prácticamente un sinónimo.

Después de aquel 15 de mayo de 1892, el ferrocarril cumplió un rol importante en la creación de actividades de apoyo y asistencia en las comunidades por donde pasaban las rieles donde en algunos casos el tren hacía paradas obligadas, permitiendo de a poco el crecimiento de las poblaciones en la ruta y vinculando al país y a sus productos con el mundo.

Sin duda fue la mayor contribución de la minería de la plata al desarrollo de Bolivia, la construcción del ferrocarril Antofagasta – Oruro que abarató los costos de transporte al Pacífico contribuyendo de esta forma al desarrollo de la minería boliviana, promoviendo la industrialización de las minas, haciendo posible la explotación de nuevos yacimientos de plata y de nuevas riquezas minerales como el estaño de Oruro y Potosí que sostuvieron la economía del país y le dieron de comer a los bolivianos por más de 80 años.

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Notas curiosas.

-          El presidente Arce está inmortalizado en un monumento en la plaza principal 10 de Febrero de Oruro.

-          Uno de los colegios más prestigiosos en Oruro y Bolivia lleva el nombre del presidente Arce.

-          El puente colgante sobre el Río Pilcomayo entre Potosí y Chuquisaca lleva el nombre del presidente Arce.

-          El Barón del Estaño, el minero Simón I. Patiño fue uno de los beneficiados con el ferrocarril de Arce.

-          La oposición impidió la ampliación del ferrocarril de Arce a La Paz que no avanzó un metro hasta 1900.

-          El ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada vendió el ferrocarril a la chilena “Cruz Blanca” en 2003.

-          El escudo del departamento de Oruro luce una locomotora de finales del siglo XIX.

-          Antofagasta & Bolivian Railway Co. suspendió el servicio ferroviario desde Antofagasta el 1º. de Febrero de 1959, tras la nacionalización del ferrocarril a raíz de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952.

-        El ferrocarril está tan arraigado en Oruro y en sus habitantes que existe en la ciudad un Barrio Ferroviario, una Escuela Ferroviaria, un club de fútbol muy tradicional llamado Ferroviario e incluso una Diablada Ferroviaria, prestigiosa institución que participa en el famoso Carnaval de Oruro y que pasea por el mundo la riqueza cultural de Bolivia.

 

Documentos consultados

“La entrada del primer ferrocarril a Oruro” Alcides Arguedas“La Patria” Oruro (10/02/1982)

“El Ferrocarril de Antofagasta a Oruro” de Luis S. Crespo, “El Diario” La Paz (18/06/2012)

“Historia de los ferrocarriles bolivianos” de Rómulo Elío Calvo Orozco

La entrada del primer ferrocaril en Oruro (Parte I)

La entrada del primer ferrocarril en Oruro (Parte I)

Eran tiempos en que el auge de la minería de la plata en Bolivia estaba en un punto tal que muchas empresas mineras habían emprendido por su propia cuenta la construcción de pequeñas vías y caminos para carretas tiradas por caballos, mismas que se encargaban de trasladar el mineral hasta los puertos del Océano Pacífico, tarea en extremo complicada pues aquellas carretas tardaban demasiado tiempo en llegar a destino más aún cuando en algunos tramos solo habían huellas en lugar de caminos teniendo además que descansar obligados cada dos kilómetros en pleno altiplano. Problemas similares se habían subsanado en las minas de carbón de Newcastle en Inglaterra donde se tendieron tiras de madera y barras de hierro para hacer rodar los carros llenos de carbón, idea que terminaría con el diseño y la construcción de las primeras locomotoras en 1825 por los mecánicos de mina ingleses. Tomando en cuenta este ejemplo, comenzaron a surgir los primeros planes para la construcción de vías ferroviarias.

Los primeros trabajos de construcción de las vías del ferrocarril en Bolivia se remontan al 7 de enero de 1873, año en que la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta empezó a instalar la línea ferroviaria desde Antofagasta al interior de la república que para entonces aún sentaba soberanía sobre aquellos importantes territorios. La compañía había hecho llegar los rieles hasta el Salar del Carmen el 1 de diciembre de 1873, inaugurándose el servicio ferroviario hasta ese punto el 30 de diciembre de ese mismo año. Este tramo estaba aún en territorio boliviano hasta 1789 cuando Chile invadió la región desencadenando la Guerra del Pacífico que interrumpió temporalmente el proyecto que sin embargo continuó al cesar la contienda bélica con la llegada del ferrocarril hasta Pampa Central en 1881, Pampa Alta en 1883, Calama en 1886 y finalmente hasta Ascotán en 1888, todos ellos en territorio boliviano ocupado por Chile.

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El ferrocarril en Bolivia fue un emprendimiento del doctor Aniceto Arce Ruíz, propietario de la Compañía Minera “Huanchaca” que fue la única proponente que respondió a la convocatoria del 15 de noviembre de 1887 hecha por el gobierno del presidente Gregorio Pacheco que mediante decreto supremo llamó a las empresas a presentar propuestas para la construcción del ferrocarril en territorio boliviano. La resolución del 19 de julio de 1888 aceptó la propuesta del único postulante que se encargaría del tendido de las vías ferroviarias y de un telégrafo desde la frontera boliviana hasta la ciudad de Oruro pasando por el distrito minero de Huanchaca en donde se encontraban las minas de plata que el doctor Arce había empezado a explotar desde 1856 y que lo habían convertido en el millonario más prominente de ese entonces y el primero en Bolivia.

Aniceto Arce Ruíz asumió la  presidencia de la república el 15 de agosto de 1888 siendo elegido constitucionalmente. Su gobierno dinámico y muy constructivo brindó especial atención a la vinculación de las regiones entre sí reemplazando los viejos caminos coloniales y construyendo en su lugar carreteras que unieron Sucre, Potosí, Cochabamba y Oruro. Pero la llegada del ferrocarril a territorio boliviano fue la obra cumbre de su administración, la  más importante y la que le permitió pasar a la historia. Su construcción sin embargo fue objeto de polémicas que tienen que ver principalmente con el conflicto bélico que armó Chile al invadir Bolivia y con los intereses económicos y personales del mismo Arce.

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Como presidente orientó su política exterior intentando sin éxito que le fuera devuelta a Bolivia la franja de litoral arrebatada por Chile o que se cedieran los territorios de Tacna y Arica. Sin embargo su posición como vicepresidente en la gestión de Narciso Campero en el período 1880 – 1884, era que el país no solo no podía recuperar los territorios ocupados por Chile sino que era incapaz de defender el actual así que buscó una alianza con Chile para minimizar eventuales pérdidas. Este punto de vista le trajo muchos detractores y enemigos políticos principalmente del Partido Liberal que no paró de atacarlo y desacreditarlo acusándolo de favorecer los intereses chilenos que además se verían ampliamente beneficiados con la construcción de un ferrocarril en territorio boliviano, facilitando y garantizando así una eventual invasión militar chilena por tren en pos de apoderarse de nuevos territorios. La oposición y los medios escritos de la época prácticamente daban esto como un hecho antes y después de la inauguración del servicio ferroviario, motivo por el cual Arce fue calificado como traidor a la patria.

Por otro lado se desató otra fuerte polémica por lo muy evidente que eran los intereses económicos de los industriales mineros, en especial los del mismo Aniceto Arce cuya empresa como sabemos estaba construyendo el ferrocarril hasta el lugar donde estaban sus minas de plata. La llegada del tren trajo enormes beneficios para las actividades mineras de la región que experimentaron una notable disminución de costos, fletes de transporte y un notable aumento en los volúmenes de mineral transportado después de la llegada de las líneas ferroviarias hasta el poblado de Uyuni en 1890 año en que también llegaron a Pulacayo y Huanchaca. En cierta forma Arce hizo coincidir sus intereses individuales y los de su empresa con los intereses del país pero dejó a un lado aquellas mezquindades e insistió en prolongar las vías más allá de Uyuni hacia el norte.

Sin embargo la carga financiera que implicó para la Compañía Minera “Huanchaca” la construcción del ferrocarril terminó por debilitar enormemente el patrimonio económico del doctor Arce que había emprendido el proyecto con recursos propios y los de la empresa. Es así que después de una serie de conversaciones y negociaciones que ya llevaban buen tiempo, se concreta la prolongación y el traspaso de la obra a manos de la compañía inglesa “Antofagasta & Bolivian Railway Co.” con sede en Londres, empresa que después de superar enormes dificultades, logró finalmente hacer llegar el ferrocarril hasta Oruro el 15 de Mayo de 1892, cuatro años después de haber empezado la aventura.

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Consulte el mapa del Ferrocarril Antofagasta – Oruro

Documentos consultados

 “La entrada del primer ferrocarril en Oruro” Alcides Arguedas, “La Patria” de Oruro (10/02/1982)

“El Ferrocarril de Antofagasta a Oruro” Luis S. Crespo, “El Diario” de La Paz (18/06/2012)

“Historia de los ferrocarriles bolivianos” Rómulo Elío Calvo Orozco

El Origen del Faro de Conchupata

faro00El 9 de marzo de 1849 se registra en Oruro un significativo movimiento político en contra del gobierno constitucional del presidente Manuel Isidoro Belzu para imponer un régimen de facto liderado por el general José Ballivián, movimiento desbaratado por el pueblo orureño en una reacción valiente e inesperada que dio lugar a la lucha del vecindario contra la guarnición militar amotinada en la llamada ‘Fortaleza’. Pese a la importancia de este acontecimiento, los libros de la historia de Bolivia lo presentan de un modo resumido en extremo.

La llamada ‘Fortaleza’ era un baluarte fortificado por un grueso muro de adobes de unos tres metros de ancho con torrecillas y arpilleras a las que se subía por una rampla inferior que facilitaba el transporte de cañones, vituallas y munición. Estaba rodeada por un foso fangoso que recibía las aguas pluviales de algunas calles de la incipiente ciudad y estaba aislada por todos lados con un solo frente único conformado por la plaza Campero hoy en día y mercado en su integridad. Al fondo sobre el foso funcionaba un puente levadizo.

La ‘Fortaleza’ estaba ocupada por un cuerpo de ejército de las tres armas al mando del coronel cruceño Bernardino Rojas que sublevó a la tropa en contra del presidente Belzu conjuntamente los civiles Pablo Ramos jefe del partido opositor a Belzu, Joaquín Gari, José Santos Bellot y el recién llegado a Oruro coronel Mariano Melgarejo. Esta subversión fue apoyada por el general Gonzalo Lanza quien se hizo cargo de la jefatura militar en la plaza principal.

Como jefe desde la misma ‘Fortaleza’, el coronel Rojas propuso se publicasen bandos para que se conozca el cambio de gobierno a favor del general José Ballivián apoyado por la guarnición, varios vecinos y militares que se habían concentrado en esta ciudad del altiplano para dicho efecto. El bando contenía un franco pronunciamiento en contra del gobierno en el que se decía que Oruro unánimemente iba en ayuda y cooperación a los otros departamentos sublevados en torno a Ballivián según la estudiada propaganda revolucionaria.

El prefecto Francisco de Paula Belzu que representaba al presidente Belzu en Oruro, convocó a los principales vecinos afines al gobierno para que ayudasen con lo que fuera posible y conveniente en defensa del orden amenazado. En momentos en que se discutían las varias opiniones vertidas, llegó a la plaza una compañía del cuerpo amotinado en correcta formación, armada con fusiles de chispa e hizo un alto en la esquina sur de la prefectura. Al anunciarse que se daría lectura a un bando, la gente que estaba a la espera de noticias ciertas rodeó al pregonero y un sujeto apellidado Delgado muy popular por su gallardía y atrevimiento se le colocó detrás de tal modo que acabada la lectura pudo observar que el manifiesto revolucionario no llevaba firma alguna y es entonces que comenzó a gritar a voz llena: “Mentira… mentira… ¡No tiene firma…!”

faro02Estas clamorosas palabras se repitieron con energía por un grupo de estudiantes y el pueblo presente que siguió a la compañía hasta la otra esquina de la plaza donde se produjo la escena del bando y su chifladura. Con la irrupción de la gente a la plaza y particularmente de los estudiantes, aumentó el vocerío provocando que jóvenes entonces muy conocidos como Anselmo Nieto, Pablo Albán, Venancio Álvarez, Anacleto Irahola, Marcelino Vásquez y otros incitaran al vecindario en contra de los revolucionarios. Los soldados siguieron marchando por la que hoy es la calle Bolívar perseguidos por los gritos de “Mentira… mentira… “, “¡Viva Belzu!”, “¡Abajo Ballivián!”, voces lanzadas por el pueblo que tan pronto se dio cuenta que era cierta la conspiración ballivianista, se le puso en frente francamente y sin vacilar.

Al griterío siguió la silbatina y un amago de apedreamiento a la tropa. Al recibir las primeras pedradas el capitán mandó hacer alto a su gente, dar media vuelta y calar la bayoneta para amedrentar a sus perseguidores que ya en mayor número y sin avanzar un paso, esperaron armados de piedras sacadas del pavimento. Como la columna no atacaba, le arrojaron más piedras dando vivas a Belzu provocando que un capitán muy sereno y comprensivo ordenara la retirada marchando hacia la ‘Fortaleza’ al trote bajando la calle Bolívar sin que se volviese a leer el bando por haber desaparecido el pregonero apenas llegadas las primeras pedradas. Los revolucionarios del fuerte al ser informados de lo sucedido, resolvieron castigar con violencia la audacia de los estudiantes y de quienes les respaldaban. Una compañía de lanceros con corazas y casquetes debía acometer a todo individuo que se encontraba en las calles en actitud opositora a la subversión pero los partidarios de Belzu advertidos del peligro abandonaron las calles dispersándose. Sin embargo fueron lanceados Benigno Irahola y Sebastián Caballero que murió con los pulmones destrozados poco después de llegar a su casa. Hubo también algunos heridos leves.

El pueblo indignado sin ningún miramiento, encomendó al prefecto y a algunos vecinos notables encabezar su defensa. Se llamó a todos los hombres hábiles y se les armó con fusiles, escopetas, pistolas y otras clases de armas y se les condujo a la colina de Conchupata en donde se levantaba la ‘Fortaleza’. Comenzó el fuego contra el fuerte que respondió con tiros desde sus arpilleras y con cañonazos de sus muchas troneras. Los vecinos esperaban la llegada de las balas rasas tendiéndose en el suelo y cuando un proyectil muy visible en su trayectoria caía lejos de ellos, se paraban alborozados y rechiflaban con espantosa gritería y silbatina a los artilleros quienes no consiguieron sus objetivos. El toque de corneta llamó a los coraceros a su cuartel y al tiempo que se recogían, los vecinos ocupaban las calles hasta una cuadra de la ‘Fortaleza’ a la que pusieron sitio levantando barricadas y defensivos bloqueando después el acceso a la puerta principal del fuerte y tomando algunas arpilleras. Los jefes encerrados en el reducto enviaron a la autoridad constitucional el aviso de que si no se rendía el vecindario y las mismas autoridades en el término de tres horas, sería bombardeada la colina de Conchupata y la población toda. El prefecto de acuerdo con los principales cabecillas de los vecinos, respondió que podían iniciar el bombardeo pero que en el intervalo de cada disparo iba a ser fusilado un partidario de Ballivián de los muchos que ya estaban presos y sentenciados a morir en justa represalia.

Desde ese instante la situación del pueblo de Oruro cambió totalmente, incluso los vecinos que aún no habían tomado las armas por ningún bando resolvieron defender al gobierno y poner sitio riguroso a la ‘Fortaleza’ que era inexpugnable por tradición. Se impidió la entrada a ella de vituallas, suministros y cebada para los caballos. Grupos en las bocacalles próximas tenían la orden de repeler a los coraceros mientras los soldados de la prefectura tomaban posesión de las bocaminas en los cerros próximos en donde hicieron principalmente su cuartel con las provisiones, armamento variado y camas que llevaban y hacían llegar todas las mujeres. Este afán inusitado en calles, plazas y cerros de la ciudad denotaba un ánimo decidido para librar la batalla definitiva contra los cañones del fuerte.

De los puestos de vigilancia y de las barricadas se despedían tiros espaciados hacia las arpilleras donde los artilleros para probar la puntería de los sitiadores ponían una gorra, llamada de pastel que en el acto era acribillada. Hubo heridos de ambas partes y entre otros cayó el estudiante Palazuelos de las filas belicistas. En las noches arreciaban los disparos notándose a medida que pasaba el tiempo que los ballivianistas perdían su entusiasmo por el sitio estrecho de su encierro y enterados además de que todos los pobladores de Oruro estaban en la ofensiva.

Después de tres días de beligerancia en la mañana del 12 de marzo, los atalayeros del Conchupata y otros cerros dieron la noticia de que se notaba en la ‘Fortaleza’ un trajín inusitado quizás de preparación para una batalla. Era precisamente el momento en que el coronel Rojas abandonaba con sus tropas vencidas el fuerte orureño por el tendido puente levadizo aprovechando que se había descuidado la vigilancia debido a la violenta ventisca de la noche anterior. Huían los soldados unos a pie y otros en cabalgadura llevando en la grupa a los heridos al mismo tiempo que otros izaban banderas blancas en lo alto de las murallas. Con las debidas precauciones, los civiles armados y los soldados de la prefectura irrumpieron en la ‘Fortaleza’ casi virtualmente desocupada comprobando que 12 cañones habían sido taqueados, abandonados y que los implementos de la tropa más los cajones de munición habían sido echados al foso.

Los derrotados caminaban como fantasmas en la pampa emblanquecida por una abundante nevada dirigiéndose al pueblo de Sepulturas. Una vez allí el coronel Rojas ordenó a sus soldados que se formasen en la plaza junto al templo y cuando se disponía a arengar a la tropa, cayó de su caballo víctima de un proyectil disparado por un sargento que no estaba dispuesto a librar otra batalla en contra de los orureños. Esta escena desmoralizó a los soldados que después de un breve descanso retornaron a su cuartel en Oruro sin más ganas para pelear y diezmados pues algunos ya habían tomado el camino para regresar a sus pueblos. Los militares de graduación ya habían desaparecido del teatro de operaciones mucho antes.

En Oruro el pueblo se mostró alborozado. El prefecto mandó instruir un sumario sobre los acontecimientos y el gobierno nacional decretó indemnizaciones para las familias de los fallecidos, pensiones para los heridos y ascensos para los militares. Oruro mereció decretos honrosos, entre ellos el Decreto Supremo del 8 de abril de 1849 llamado Unidad Salvadora de las Instituciones Nacionales que dispuso se levante una columna conmemorativa del suceso en la colina de Conchupata desde la que combatieron el pueblo y las fuerzas populares en apoyo del presidente Belzu. La columna de una altura aproximada de 25 pies equivalentes a 7.5 metros empezó a construirse casi de inmediato.

La ley del 5 de noviembre de 1851 reformó definitivamente la bandera nacional cuyos colores fueron inspirados en un hermoso arcoíris que el presidente Belzu vio resplandecer y levantarse sobre Oruro desde la comunidad de Pasto Grande a poco de llegar desde La Paz en un viaje a caballo para analizar y discutir tratados con el Vaticano en un congreso extraordinario. Fue el propio presidente Belzu quien la hizo flamear el día 7 de ese mes por vez primera en la colina de Conchupata.

El Decreto Supremo del 30 de diciembre de 1851 dispuso que desde el 15 de enero de 1852 se use la nueva bandera, misma que el prefecto de Oruro izó en la columna recién concluida el 6 de agosto de 1852. Esta columna fue demolida poco antes de 1890 para ser sustituida por otra que ha sido levantada respetando su arquitectura original aunque modificando sus dimensiones. La columna se ha constituido en un ícono orureño que hoy se levanta cual heráldica atalaya, testigo de la grandeza de Oruro… y también de algunas de sus miserias.

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Bibliografía

“El origen del Faro de Conchupata” de Marcos Beltrán Ávila, publicado en “La Patria” de Oruro (10/02/1988)
“Conchupata” de Alberto Guerra Gutiérrez 1951, publicado en “La Patria” de Oruro (10/02/1981)

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